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El Senado decide investigar las torturas de la CIA

El Comité de Inteligencia estudiará los abusos pero no pedirá medidas contra los culpables

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El Senado estadounidense tiene previsto lanzar una amplia investigación sobre las técnicas de detención y de interrogatorios empleadas por la CIA durante la presidencia de George Bush para sacar a la luz los detalles más controvertidos de una de las etapas más oscuras de la agencia.

Los legisladores tratarán de determinar cómo se interrogó a los detenidos sospechosos de terrorismo, cuántos de ellos fueron sometidos a métodos como el 'ahogamiento simulada' (waterboarding) y si la información que logaron extraer sirvió realmente de algo.

'El Gobierno anterior justificó la tortura, toleró los abusos de Abu Ghraib y destruyó cintas de los interrogatorios más duros', declaró el senador demócrata por Vermont, Patrick Leahy que preside el Comité de Inteligencia. '¿Cómo podemos restaurar nuestro liderazgo moral y garantizar la transparencia del Gobierno si ignoramos lo que pasó?'

Se desconoce si la investigación, que desvelaron este viernes los principales medios estadounidenses y debería anunciarse oficialmente en breve, se hará pública o no. En todo caso se limitará a un 'estudio' y no incluirá medidas o recomendaciones judiciales contra los que cometieron los abusos.

El nuevo director de la agencia, Leon Panetta, aseguró esta semana que si bien estaba dispuesto a colaborar con el Comité de Inteligencia del Senado, para garantizar una 'mayor transparencia' en la labor de la CIA, no respaldaría 'ninguna investigación o acusación' contra sus agentes.

'Hicieron su trabajo y lo hicieron siguiendo las consignas que les dieron, estemos o no de acuerdo con ellas', dijo Panetta, 'Si el Congreso quiere revisar estos temas y sacar lecciones de lo ocurrido, obviamente cooperaremos'.

En su reciente discurso ante el Congreso, Barack Obama volvió a asegurar que Estados Unidos no torturaba. La realidad de los próximos meses o años, en función de los intereses antiterroristas de Estados Unidos, será sin duda algo más ambigua.

El ex director de la agencia, Michael Hayden, dijo en su momento que un centenar de presuntos miembros de Al Qaeda estaban encerrados en prisiones secretas dispersas por el mundo, algo que el Gobierno de Bush reconoció oficialmente en septiembre de 2006. Hayden afirmó que un tercio de los detenidos había sido sometido a técnicas 'coercitivas', tres de ellos al ahogamiento simulado.

Antes de dejar el puesto, Hayden defendió el uso de estos métodos. 'Funcionan', aseguró el ex responsable de la agencia.

Es exactamente lo que pretende averiguar el Senado: si la tortura sirve o, como aseguran expertos interrogadores, sólo proporciona información tergiversada por el dolor.

En el mismo registro antiterrorista, Washington sentó este viernes un precedente que podría indicar la vía que adoptará para resolver el lío judicial de Guantánamo, al trasladar al sistema civil el caso de Ali al Marri, el único 'combatiente enemigo' detenido en suelo estadounidense.

Al Marri fue acusado ante un tribunal federal de Washington de 'prestar apoyo material al terrorismo' y 'conspirar con total conocimiento de causa con otros (...) para entregar apoyo material y recursos (...) a una organización terrorista extranjera llamada Al Qaeda'.

El acusado, que llegó a Estados Unidos el 10 de septiembre de 2001 y fue arrestado tres meses más tarde por estafa de tarjetas de débito, lleva siete años detenido en una prisión militar de Carolina del Sur. El propio Bush lo declaró 'combatiente enemigo' en 2003, el mismo estatus que se adjudica a los 245 prisioneros de Guantánamo.

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