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'Sofía', cardados de algodón de azúcar

El miércoles por la noche, Antena 3 estrenó el primero de los dos episodios que componen su miniserie sobre la reina Sofía

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El miércoles por la noche, Antena 3 estrenó el primero de los dos episodios que componen su miniserie sobre la reina Sofía, que en esta entrega inicial comprendía el periodo que fue desde el inicio de su noviazgo con Juan Carlos hasta su gran boda griega. Quienes esperábamos un biopic chanante a la manera del Felipizia de Telecinco, nos vimos defraudados ante lo que resultó un tedioso espectáculo de almíbar romántico, diálogos propios de una obrita escolar para alumnos de primero de monarquías ejemplares y una pantalla repleta de partículas en suspensión, que aún no tengo muy claro si eran caspa o azúcar glacé. La Sofía de Antena 3, meliflua, cándida y empalagosa, más que como biografía televisiva podría catalogarse como un panfleto rosa (chicle) de propaganda monárquica, como un ejercicio estomagante de romanticismo histórico, más cercano a las hiperglucémicas peliculitas de Sissi, emperatriz de Romy Schneider que a delicias con la contundencia de La reina, de Stephen Frears.

Ver y escuchar a los ficticios Pablo de Grecia, a la reina Federica Emma Suárez, bajo un cardado memorable, a Juan de Borbón Puigcorbé y su papada o a María de las Mercedes hablar de Franco como de un dictador despreciable o un gobernante siniestro, al tiempo que alababan la democracia y la voz del pueblo como bienes supremos, provocaba una sensación que oscilaba entre el sonrojo, la ira y las ganas de apagar el televisor para dejar la pantalla en negro, y ver así en ella el reflejo de nuestra cara, no fuera a ser que en realidad tengamos esa pinta de idiotas que los guionistas parecen creer que somos.

Anteanoche, mientras veía el primer episodio de la miniserie y me vigilaba el nivel de azúcar en sangre, no me fuera a dar un coma diabético, recordaba la de chistes que se hicieron cuando Hugo Chávez propuso aquello de las telenovelas socialistas, cuánto grito se puso en el cielo. Me acordaba de aquello y me preguntaba cuánto tardaríamos en ver una reacción similar a lo que no era más que una clara muestra de panfleto restaurador. Pues nada: aquí hacemos telenovelas retro y nadie se parte la caja (la tonta o la torácica, igual da). Si Felipizia demostró lo divertido que puede ser fumarse el ¡Hola! a color, Sofía deja claro que inhalar prensa del antiguo régimen es perjudicial para la salud. Para la de Pilar Urbano y para la nuestra.

Suerte que sólo obtuvo un 10,6% de cuota de pantalla (2.134.000 espectadores) frente al 26,5% (5.340.000 televidentes) que vio el fútbol en La Sexta, o a los 4.270.000 de Felipizia allá por el octubre pasado.

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