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Soja, de "tabla de salvación" a "reina de todos los males" en Argentina

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La soja fue una especie de tabla de salvación para la arruinada economía argentina tras la crisis de 2001, pero el Gobierno decidió ponerle un límite a la frenética expansión del "oro verde" en el país suramericano, el tercer exportador mundial de la oleaginosa.

El cambio de timón quedó en evidencia este jueves, cuando en el trance más candente de la huelga comercial iniciada hace dos semanas por el sector agropecuario, la presidenta Cristina Fernández habló de los males de la "sojización".

La soja adquirió un peso fenomenal en la economía de Argentina, particularmente desde la salida de la crisis de 2001-2002 y la devaluación de la moneda local que favoreció las exportaciones, alimentadas por la voraz demanda externa de la oleaginosa, particularmente desde China.

Al calor de su creciente precio en los mercados internacionales, el cultivo viene batiendo récords campaña tras campaña en Argentina, que en el ciclo 2006-2007 fue de 47,4 millones de toneladas.

El 95 por ciento de la producción de soja de Argentina se exporta -el consumo interno aún es bajo- y el año pasado el país registró exportaciones del complejo sojero (porotos, aceite y harinas) de unos 13.500 millones de dólares, casi un cuarto del total de las colocaciones argentinas.

Pese a las alertas que se levantaron sobre los riesgos de un monocultivo, las autoridades no pusieron tope en estos últimos años a la expansión de la soja, que llegó este año a las 16,6 millones de hectáreas, a expensas de otros granos como el maíz y el trigo, que son considerados como importantes para el consumo doméstico.

Cuando hace dos semanas el ministro de Economía, Martín Lousteau, anunció el nuevo régimen de impuestos a las exportaciones de granos que desató la ira de los agricultores, argumentó que en el caso del alza del gravamen para la soja (que pasó del 35 al 44 por ciento) se buscaba desalentar su cultivo para alentar otros.

Según el economista Miguel Bein, a los actuales precios internacionales de los granos, el nuevo esquema impositivo le aportaría este año al Fisco unos 7.000 millones de pesos (unos 2.200 millones de dólares), en gran parte por el gravamen a la exportación de soja, algo que los productores tachan de "confiscación" lisa y pura.

Cristina Fernández dijo este jueves que los argentinos necesitan "como decisión estratégica que no se sojice todo su campo", necesitan "más productores de trigo, de maíz, de leche y de carne" para que lo que comen los ciudadanos todos los días "no valga a precio internacional y pueda ser accesible".

Aunque aclaró que no es una política "anti-soja", criticó a los grandes productores y comercializadores de la oleaginosa, cuyo mayor exponente, el empresario Gustavo Grobocopatel, salió este viernes a defender su actividad al señalar que "con una cosecha de soja Argentina le pagó (toda su deuda) al Fondo Monetario Internacional".

Grobocoptatel, bautizado como "el rey de la soja" y promocionado por el Gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) para transferir su experiencia productiva a Venezuela, señaló que "la presidenta critica la sojización, pero no publica lo que se pudo hacer gracias a la gran producción de esta legumbre".

Pero para el senador Miguel Pichetto, del oficialismo, "el negocio de la soja está desvirtuado".