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El sueño del 68

Los estudiantes y los obreros que intentaron cambiar el mundo

JESÚS CENTENO

En los países que habían asimilado el capitalismo, nadie se había vuelto a tomar en serio la expectativa clásica de una revolución social. Sin embargo, el 3 de mayo de 1968, un pequeño grupo de estudiantes parisinos encendió una mecha que "pondría al descubierto la debilidad de regímenes que parecían consolidados", dice Eric Hobsbawm en su Historia del siglo XX.

Las revueltas estudiantiles comenzaron en Nanterre, en marzo, donde ocho alumnos organizaron una protesta donde pedían mayor libertad de expresión después de que seis miembros del Comité Nacional de Vietnam fuesen arrestados. Para colmo, los estudiantes se rebelaron porque no les dejaron ver un partido de fútbol en la residencia femenina. Los cabecillas ocuparon el campus y fueron detenidos. Comenzaron las manifestaciones y, con ellas, las detenciones.

El brote contestatario se trasladó a la Sorbona, donde la solidaridad con los detenidos se transformó en vítores revolucionarios que rechazaban los valores de la clase media, poniendo en tela de juicio los modelos e instituciones del momento. En improvisadas asambleas se habló de Vietnam, antiimperialismo, ecología, jerarquías injustas y hastío general. Las consignas tomaron un tono radical, amenazaron con atacar al sistema desde su raíz y las pancartas eran categóricas: "Imaginación al poder", "Seamos realistas, pidamos lo imposible" y "Prohibido prohibir". Las autoridades, que se cuidaron de no dejar mártires, cerraron la Universidad. Cualquier estudiante era sospechoso, pero aun así llamaron a la sedición con una exigencia: la liberación de los detenidos y la reapertura de las facultades.

Durante el fin de semana, unas 10.000 personas organizaron las barricadas. Mientras, los ocho de Nanterre fueron atacados por la policía a la salida del Comité de Disciplina de la Universidad, donde acudieron cantando La Internacional. La jornada del lunes 6 dejó 422 arrestos y 345 heridos y el Gobierno habló de revuelta. Al día siguiente, Charles De Gaulle declaró el barrio Latino en estado de sitio y la izquierda comenzó a dar muestras de solidaridad.

El 9 de mayo, mientras el general francés planeó reabrir las facultades, los estudiantes debatieron de madrugada. Y eligieron la acción directa. Al día siguiente, la policía tomó la Universidad de Nanterre, provocando una batalla campal que conmovió al país por la brutalidad de la represión, con 500 detenidos y el barrio arrasado. En respuesta, las centrales obreras, que ya se habían unido a la rebelión, llamaron a la huelga el lunes 13, el día en que Francia conoció las mayores manifestaciones desde la liberación de 1945. Los trabajadores, que no eran revolucionarios, descubrieron el poder de negociación que habían acumulado durante años.

En Renault, los obreros secuestraron a los directores y se encerraron por las noches. En una semana, Francia quedó paralizada. Los obreros reivindicaron mejoras salariales y la izquierda pidió "un gobierno del pueblo ante la desaparición del Estado".

El presidente de la República -que aseguró tener el apoyo del Ejército- llegó a acuerdos con los sindicatos y se terminaron las huelgas. De Gaulle llamó a elecciones y, el 23 de junio, los comicios apoyaron su gobierno con el 60% de los votos. La revolución terminó.

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