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Susan Graham dice que interpretar a Ifigenia es como hacer dos meses de psicoterapia

EFE

Susan Graham es, probablemente, la mejor Ifigenia que se puede desear para la ópera de Gluck que estrena el Teatro Real la próxima semana, pero es un papel tan exigente, tiene una profundidad tan enorme, que cantarlo es "como hacer dos meses de psicoterapia", confiesa la mezzosoprano en una entrevista con Efe,

Graham (Nuevo México, 1960) se subirá al escenario del Real para interpretar desde el próximo jueves junto a Plácido Domingo y Paul Groves "Iphigénie en Tauride", una producción que procede de la Lyric Opera de Chicago, San Francisco Opera y la Royal Opera House (Covent Garden), dirigida por Thomas Hengelbrock con montaje de Robert Carsen.

Le encanta trabajar con Plácido Domingo -"canté con él por primera vez haciendo de su hijo, en "Idomeneo", y ahora soy su hermana"- del que dice que es "una fuerza de la naturaleza, una de las maravillas del mundo".

"Es un colega muy generoso y amable, con una energía increíble. Hace tres años estábamos en el Metropolitan, ensayamos por la mañana, cantamos por la tarde 'Iphigénie', esa noche él dirigió 'Romeo y Julieta', a medianoche cogió un avión a Los Ángeles dirigió por la mañana 'La Boheme' y al día siguiente estaba ya en Nueva York. Es como Marco Polo".

Por eso está convencida de que la frase que dice "si te paras te oxidas" es de él: "es mayor que yo, pero tiene cinco veces más energía. El día que vino a Madrid -el pasado lunes- volaba desde Acapulco y ensayó con nosotros tres horas. Nadie hace eso".

Graham "adora" la producción de Carsen porque el canadiense, que ya ha hecho en el Real "Diálogos de Carmelitas" y "Katia Kabanova", entre otras, refleja "muy bien" cosas que sólo suceden en la mente de Ifigenia.

"Es muy abstracta y psicológica, con una fina línea que separa la realidad de lo que ella imagina y sufre", explica la artista, considerada una de las mejores de su generación por su versatilidad, potencia y capacidad dramática.

La historia que inspiró a Christoph Willibald Gluck (1714-1787), basada en los relatos de Eurípides, es "muy complicada, muy trágica", un drama para todos los personajes, "y Carsen ha sido muy creativo con su idea de contar parte de la historia a través de los bailarines", detalla Graham.

"Es como una película en blanco y negro. Carsen ha conseguido con un empleo alucinante de la luz contar el horror de este drama de una familia que se autodestruye y hacerlo sin ser literal. Es, simplemente, brillante".

Un padre que quiere matar a su hija para lograr vientos favorables en la batalla; una madre que mata a un padre; un hijo que mata a una madre y una hermana obligada a matar a su hermano: "es brutal y el público vive lo que se cuenta, su repercusión y la historia que hay detrás".

Ifigenia, precisa Graham, nunca crecerá como mujer, "está bloqueada y atrapada. Todo es muy dramático para ella, se ha tenido que convertir en una máquina, en un robot para resistir su drama a la vez que no puede olvidar su amor por su hermano, al que no para de buscar".

Es, claramente, un papel en el extremo opuesto al Cherubino de "Las bodas de Fígaro" que tanta fama le ha dado, pero que le gusta igualmente interpretar.

"Esto no es una comedia -se ríe-, sino algo muy profundo, con una música increíblemente expresiva. Es como una catarsis porque sueltas en el escenario tu furia, tu frustración, tu tristeza".

Cuando Graham, que tiene contratos hasta 2015, empezó en su carrera las mezzo pertenecían a un club muy restringido, porque -bromea- "todo el mundo quería ser soprano y cantar así", y se arranca con unas notas que llegan al piso de arriba.

"Ahora igualamos en glamour a nuestras hermanas sopranas -y lo dice en español en medio de grandes carcajadas-. Nuestra voz es muy amigable y a la gente le encanta", reivindica la artista, que al día siguiente de concluir en Madrid ya estará en el Metropolitan con "Iphigenie", de nuevo al lado de Plácido Domingo y Paul Groves.

Concha Barrigós.

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