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La tercera generación de los Le Pen, a las puertas de la Asamblea

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Marion Marechal-Le Pen, nieta del fundador del Frente Nacional (FN) y sobrina de su actual presidenta, hija de un exdirigente del partido, encarna la tercera generación de la saga y puede lograr, a sus 22 años, que la formación ultraderechista vuelva a la Asamblea tras un cuarto de siglo de ausencia.

La joven estudiante de Derecho se encuentra en una situación favorable para ganar, el próximo domingo, la circunscripción de Vaucluse, en el sureste del país, donde se lanzó a la carrera electoral y los sondeos le otorgan muchas opciones.

En la primera vuelta del pasado domingo acabó a la cabeza del escrutinio, con un 34,63 % de los votos, por delante del diputado conservador Jean-Michel Ferrand, elegido en el lugar de forma consecutiva desde 1986, y la socialista Catherine Arkilovitch, que no ha obedecido la consigna de su partido de retirarse.

De ganar, la joven candidata ultraderechista se convertiría en la diputada más joven en entrar en la cámara baja francesa, tras los pasos de su abuelo Jean-Marie, que en 1956 también ingresó como el cadete de los diputados, con 28 años.

Todo un símbolo de la renovación del partido iniciada por su tía Marine, hermana mayor de su madre, presidenta del FN y responsable de haber logrado, en las pasadas presidenciales, los mejores resultados de esa formación en toda su historia.

El rostro angelical de Marion conecta perfectamente con la nueva imagen que la presidenta del partido quiere dar al movimiento ultra.

A diferencia de sus progenitores, Marion carece de tabúes, no oculta que antes de ingresar en el FN estudió el ideario comunista y que tiene amigos en ese partido, algo que no hace feliz a su abuelo.

Ni que se sintió atraída en un principio por el discurso de Nicolas Sarkozy.

Su juventud y su ideario también es más digerible para una mayoría de ciudadanos, que ven en la joven diputada una alternativa.

Porque la representante de la tercera generación de los Le Pen en la política no se ha mordido la lengua para criticar algunas de las propuestas del FN, como la de restaurar la pena de muerte.

Aunque sí que comulga con los principales puntos, como la lucha contra la inmigración o el proteccionismo de la identidad francesa.

Criada en un ambiente eminentemente político, Marion comenzó a militar a los 17 años y a los 18 integró las listas del FN para las municipales de Saint-Cloud, cerca de París, sin lograr ser elegida.

Dos años más tarde volvió a la carrera electoral, esta vez con la intención de entrar en el Consejo de la región parisiense, pero tampoco conquistó su escaño.

Fue en esa campaña cuando su nombre saltó a los medios, después de que, durante una entrevista televisiva, rompiera a llorar después de que un periodista le pidiera explicaciones sobre su programa social.

La anécdota, que podía haber acabado con su corta carrera política, contribuyó a cambiar la imagen pública de los Le Pen, a menudo percibidos como implacables y fríos políticos.

Entretanto, Marion prosiguió sus estudios de Derecho en la universidad ASSAS-Pantheon de París, conocida por su ideología derechista.

En las legislativas, el partido le ofreció un regalo, la circunscripción en la que su tía había conseguido el mejor resultado en las pasadas presidenciales, más de un 31 % de los votos.

Marion, que carece de raíces en esa región, mejoró el resultado en la primera vuelta al conquistar el 34,63 % de los sufragios.

Su elección es más que posible si, como auguran los expertos, los votos de sus rivales se dividen entre el conservador Ferrand y la socialista Arkilovitch.

Un triunfo con el que sueñan en el partido para tener una voz en la Asamblea.

De momento, la revista estadounidense "Time" ya la considera "la estrella ascendente del FN" y su cota de popularidad puede todavía progresar si logra el acta el próximo domingo.

Y, de paso, lavar el honor de su abuelo, acusado en 1990 de haber instigado en el departamento de Vaucluse la profanación de unas tumbas judías.