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Tino Soriano, "el turista profesional", ofrece una muestra de "fotos amables"

EFE

Desde que en 1992 realizó su primer trabajo profesional, el catalán Tino Soriano, incansable, ha alternado el fotoperiodismo con la fotografía de viaje; y de ésta última faceta, la que llama "fotos amables", anecdóticas o de carácter humano hasta ahora inéditas, ofrece ahora una muestra.

"Soy un turista profesional", afirma a Efe Soriano, quien apunta que la exposición: "Pasiones de viaje: Viajar, National Geographic y Tino Soriano" -desde hoy al 24 de noviembre en la Escuela de Fotografía Centro de Imagen (Efti)- son "imágenes anecdóticas y documentales con un toque de humanidad. Es la foto amable, una dosis distinta al lenguaje más universal, la imagen dura, ejemplo de la maldad vital".

Tino Soriano, ganador del Word Press Photo (máxima distinción en el mundo de la fotografía) y ligado desde 2001 a la National Geographic, no ha organizado la muestra ni por países o temas. Es un desorden bien estudiado para conducir al espectador por un conglomerado de lugares y gentes de uno al otro lado del planeta.

"He hecho la selección entre un conjunto de viajes que había realizado por encargo", cuenta Soriano, quien puntualiza: "Siempre he necesitado un proyecto que me lleve por el mundo. El azar ha maquinado mi destino".

Entre fotos curiosas, la de las cuatro ancianas que rodean como guardaespaldas un Masserati a la puerta de una Iglesia, ¿dónde? En el sur de Italia, claro. O al lado, el prototipo del 'capo' rodeado de su cohorte y el mosqueo del guardaespaldas que acaba de darse cuenta de que alguien, ¿quién? y ¿por qué? está fotografiando a su patrón.

Desasosegantes como la vista de una calle de México con un perro, un niño pequeño, un anciano y el lugar donde se dirigen los ojos del viejo, una niña que parece no entender qué puede estar pasando o si va a pasar algo.

Contrastes, como la China tradicional y al lado unas piernas femeninas embutidas en zapatos rojos de charol. Mientras en un convento de Europa del Este, en la cocina una monjita toma su cena y ve la tele al lado de una gran escultura de una piedad de Cristo.

Duras, como los rostros de aquellos que viven hoy en esclavitud, recogiendo caña. O la pobreza sin salida en una niña sumergida en el barro en Haití.

Tino Soriano se confiesa "exigente", pero hasta el punto de que, tras un viaje, acaba "sólo con diez imágenes plenamente satisfactorias, las que podría llamar de gran trascendencia", con lo que echando cálculos él mismo da la cifra de "un centenar en 17 años de carrera".

Imparable, Soriano vive saltando de trabajo en trabajo, alternando encargos de fotoperiodismo con otros de viajes. Ha conseguido que ambas facetas se complementen. "Cuando vuelves de un conflicto -cuenta- lo que allí has vivido te deja sin fuerzas y cargado de negatividad. Por eso es bueno salir volando a un lugar totalmente ajeno, donde tomas oxígeno porque tu punto de observación se fija en cosas más humanas".

Tino Soriano, quien también se dedica a la docencia desde hace décadas y ha publicado numerosos libros recuerda cuando recibió el World Press Photo, en 1999: "Pues, estamos en España... así que me pasé un año y medio sin trabajar aquí. Pero National Geographic y otras revistas internacionales evitaron que dejara la fotografía".

Y rescata la anécdota de Juan Ramón Jiménez al recibir la carta de la Academia Sueca: "Su mujer se preocupó al verle tan lívido. Le preguntó si eran malas noticias, y él contestó 'nos ha pasado lo peor en España, me han dado el Nobel'", concluye.

Mercedes Cerviño

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