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El último trago de whisky antes de viajar a Europa

Antes. Cuatro menores magrebíes preparan su paso en los bajos de un camión

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Soy un ladrón. Cada noche duermo donde puedo y no tengo dinero ni para comer'. Hassan es uno de los cuatro menores marroquíes que planean, junto al arroyo seco de Melilla, su salto a la Península. Asegura que se han escapado del centro de menores porque tiene 'normas muy duras' y alguno ha sido agredido. Los responsables de estos centros en España, que suelen estar gestionados por ONG o asociaciones, siempre han negado las acusaciones de malos tratos.

En el país, hay cerca de 6.000 menores extranjeros no acompañados, y la mayoría de ellos vive en estas dependencias tuteladas, donde reciben alojamiento y formación. En toda la UE hay más de 15.000.

Hasta que cumplan los 18 años, España no les podrá expulsar a la fuerza

Cuando el mayor de la pandilla, de 24 años y al que todos llaman Fesi, saca la botella de whisky, faltan aún ocho horas para que Hassan y Azzdine, de 16 años, y otros dos se cuelen en los bajos de un camión en el puerto. Los chupitos les aprietan los labios y los párpados: '¡Aggg!, Está muy fuerte', exclama Azzine, que ha probado el alcohol por primera vez.

A la hora de comer, apenas han conseguido cuatro panes y dos cajetillas de cigarrillos. 'Nos los han dado los inmigrantes del CETI. Nosotros no robamos, como Hassan. Sólo queremos ir a España para trabajar y ganar dinero', puntualiza Azzdine, incómodo con la imagen que da su compatriota. 'En el centro tenemos comida, pero en la calle somos más libres y no tenemos que dar explicaciones', añade.

Marruecos asegura que la inmigración de menores se ha reducido en 2009

Todos nacieron en la provincia de Nador, en el norte de Marruecos. Los empadronados en esta zona, fronteriza con Melilla, tienen libertad para entrar en los 12 kilómetros cuadrados de la ciudad mostrando simplemente su pasaporte. Ceuta y Melilla no pertenecen al espacio Schengen, por lo que entrar en su territorio no da acceso a la Unión Europea.

El plan para colarse en el barco lo urden escondidos entre las cañas de tres metros que separan el río seco y el Centro de Estancia Temporal de Inmigantes (CETI) de Melilla. A menos de 200 metros de distancia, se levantan tres grandes vallas: la del CETI, la del lujoso campo de golf y la que separa Melilla de Marruecos.

La mayoría ya ha intentado colarse como polizones varias veces. 'Estamos tranquilos. Si nos pillan esta noche en el puerto, lo intentaremos otro día', asegura Hassan. Conocen los bajos de los camiones a la perfección y recitan las piezas que lo componen con la misma agilidad que algunas citas del Corán, aunque no se consideran muy religiosos. 'Lo del Corán son frases que aprendía porque me las repetía mi madre', explica Adbelrra, otro chico del grupo.

En la UE hay más de 15.000 menores extranjeros no acompañados

La pandilla muta cada semana: se nutre con chavales que se escapan del centro de menores y los nuevos que cruzan la frontera con Marruecos. La zona de reunión también varía. Con frecuencia, se reúnen en el puerto. 'Yo he cruzado siete veces y las siete me han devuelto', asegura Fesi.

Los padres de Hassan están preocupados por su hijo. Temen que su aventura pueda ser peligrosa, 'pero sé que les ayudaré mucho cuando llegue a España', incide. Los chicos desconocen qué es un permiso de trabajo o de estancia, la nueva Ley de Extranjería que va a aprobar el Congreso o la tasa de paro en España. 'Sea como sea, estaremos mejor que en Marruecos', asegura Azzdine. Las principales referencias que tienen son 'el Real Madrid y el Barça'. Dos chicos tienen hermanos mayores en Alicante y Santa Coloma de Gramenet (Barcelona).

«Una noche se cuela uno, otra tres, otra dos... depende del día», dice Fesi

Marruecos asegura que, entre enero y octubre, se redujo el número de menores que cruzó ilegalmente a España respecto a 2008. Hasta la fecha, la repatriación de niños y adolescentes ha sido un tema no prioritario en las reuniones entre ambos países. El terrorismo islamista, la inmigración adulta y los fondos de cooperación suelen ser los ejes centrales. Las ONG denuncian que la custodia y repatriación de menores se utiliza como palanca de presión para otros acuerdos.

A media tarde, Fesi se vuelve a rajar el brazo derecho a lo ancho con una navaja. Desde el hombro hasta la muñeca, acumula más de 15 profundas cicatrices. 'Hoy se ha pasado y se ha cortado una... ¿como se dice? Vena, ¿no? De las grandes', dice Adbelrra. Los educadores sociales achacan estos comportamientos autolesivos al estrés y la angustia.

A las 21.30, los cuatro pasean en parejas por el aparcamiento del puerto. 'Salen tres barcos de mercancías cada semana', explica Fesi. 'Una noche se cuela uno, otra tres, otra dos... depende del día. Pero ellos van al de pasajeros'. Conocen todos los horarios. En los mercantes, se cuelan entre los contenedores. Para entrar en los de viajeros, trepan por las amarras desde el agua o aprovechan la entrada de vehículos por la parte trasera. En un descuido de los vigilantes, se cuelan entre unos escombros y, agazapados, corretean hasta los camiones que esperan para entrar. Se abrazan a los bajos y, unos minutos más tarde, entran en el estómago del Acciona Melilla-Málaga. No los sueltan hasta llegar a tierra.

Al día siguiente, los que se quedaron en Melilla reciben la llamada de los aventureros. '¡Han llegado!'. No saben a qué ciudad, pero han entrado en la Península. Y eso, hasta los 18 años, les protegerá.

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