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La unidad sindical se rompe ante el muro de Sarkozy

Pocos manifestantes en las protestas contra la política del Gobierno francés

ANDRÉS PÉREZ

Manifestaciones famélicas, escasísimos huelguistas y desunión sindical. Todos los ingredientes quedaron reunidos ayer en Francia, donde varias centrales sindicales transformaron una "jornada mundial por un trabajo decente" en un nuevo asalto contra la política fiscal y económica de Nicolas Sarkozy. Al millón y medio de manifestantes de enero, a los tres millones de marzo pasados, sucedieron esta vez en las calles francesas cortejos solitarios y huelgas aisladas. El frente sindical unitario quizá esté resquebrajándose.

Siete de las ocho grandes confederaciones sindicales francesas habían lanzado la convocatoria de ayer, con la que deseaban impulsar de nuevo la plataforma sindical unitaria. Se trata de un programa alternativo al de Sarkozy, y propone una salida de la crisis mediante la reinstauración de la fiscalidad progresiva, medidas de protección del empleo, aumentos de salarios y relanzamiento de la actividad.

Tras las protestas masivas de enero y marzo, ayer sólo salieron unos miles

Ayer, los pocos miles de manifestantes de París, los 2.000 de Marsella y los 160 de Amiens (norte) contrastaron cruelmente con los 300.000, 150.000 y 4.000 respectivamente de marzo pasado. No es imputable, esa diferencia de movilización, a la ausencia de Fuerza Obrera (FO) entre las organizaciones convocantes. La división y el desánimo son más profundos.

Faltó al sonar la corneta de la movilización la tercera central en importancia, FO. Ese sindicato, que reúne a ciertos sectores trotskistas duros y a líderes corporativistas de centro y de derecha, no quiso unirse esta vez a la protesta. Su secretario general, Jean-Claude Mailly, lo explicó así: "Esto no es más que agitación. No creo que impida que el señor Sarkozy y la señora (Laurence) Parizot (líder de la patronal Medef) duerman a pierna suelta".

Mailly y su sindicato, en sintonía con muchos sindicalistas de base de todos los colores, estiman que la hora de las movilizaciones unitarias masivas ha pasado, puesto que las tres jornadas precedentes, pese a ser unitarias y pese a haber construido mareas humanas impresionantes, no lograron arrancar nada a Sarkozy.

Sin giro social, el presidente se ha limitado a repartir limosnas estatales

El presidente, tras las movilizaciones masivas, se limitó a cambiar de tono, a vestirse de Napoleón keynesiano, y a distribuir pequeñas ayudas sociales por categorías clientelistas de población que a veces se parecen bastante a limosnas de Estado.

De giro social no ha habido nada. Y frente a ese muro, aterciopelado por las ayudas de hasta 500 euros a los jóvenes pobres, de hasta 200 euros para los ancianos modestos, numerosos sindicalistas estiman que ha llegado la hora de la huelga general de 24 horas, paso previo a la indefinida.

Sólo la Confederación General del Trabajo (ex comunista) y la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (centroizquierda) tienen la capacidad para llevar adelante esa huelga general. De momento, no se atreven a hacerlo.