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La vitalidad de Jamal y el feliz regreso de Return to Forever

EFE

El gran pianista Ahmad Jamal ha dado una nueva lección de vitalidad y maestría en la cuarta jornada del Festival de Jazz de San Sebastián, que tuvo en Return to Forever, la banda de Chick Corea, el ritmo hecho vértigo.

Chick Corea, Stanley Clarke, Al Di Meola y Lenny White, que se separaron como grupo hace veinticinco años, celebran con una gira su reencuentro con el público. Han decidido recuperar con ganas aquellos tiempos y esta noche en el Kursaal han hecho una descarga de energía acumulada en toda regla.

Tras la apertura con el "Hymn of the seventh galaxy", llegó "Vulcan worlds", como un augurio del volcán eléctrico que iba a proseguir durante la primera parte del concierto, en el que también tocaron "Sorceress", una composición del batería, Lenny White.

Los larguísimos desarrollos del grupo han permitido lucirse a fondo a cada uno de sus componentes, para delirio de la audiencia, por encima o rayando la cuarentena en su mayoría.

"¿Hay alguien aquí que haya nacido después de 1974?", preguntó bromeando White. Pocos alzaron la mano, mientras el ritmo vertiginoso de Return to Forever navegaba por las canciones extraídas de los álbumes que grabaron hace tres décadas, como "Where I have I known you before", del que interpretaron "Song to the Pharaoh Kings", donde Di Meola se esmeró de verdad.

Cuando las paredes del auditorio estaban a punto de empezar a vibrar y las butacas a temblar, llegó la paz acústica y se oyeron enlazadas "No mystery" y "Romantic warrior", donde Corea realizó su mejor intervención.

"Duel of the jester" sirvió para dos larguísimos solos de White y Clarke. Éste último hizo con el contrabajo verdaderas piruetas, llegó a tratarlo como una guitarra, se dejó los dedos y puso al público en pie.

Esta vuelta al rock-jazz tuvo su fin con "500 miles". Quedaban por delante dos horas y media de concierto que muchísimos habrán disfrutado, y quien no, ha tenido al menos la oportunidad de descargar adrenalina.

La tarde la abrió Ahmad Jamal, unas horas después de recibir el premio Donostiako Jazzaldia, el reconocimiento del Festival a un músico de exquisita calidad, que hace siete años se metió a la audiencia en el bolsillo con dos intensas horas de jazz y fue todo un descubrimiento para el público donostiarra.

Esta vez ha sido una hora y cuarto, pero ha supuesto el refrendo en este Festival de un músico fabuloso y sabio, que ha estado acompañado por James Cammack al bajo y James Johnson a la batería (en 2001 fue Idris Mohammad).

Ayer hablaba Bobby McFerrin del poder espiritual y curativo de la música. A Jamal además parece borrarle la edad.

Los 78 años que este pianista estadounidense cumplió el pasado 2 de julio se han volatilizado en la sala de cámara del Kursaal, desde que comenzó la velada con "Autum rain" hasta que la concluyó con "Spot one".

Jamal ha dado vida y vigor a cada uno de los temas que ha tocado, mientras dominaba las teclas, sonriente con sus gafas oscuras. Incluso en las melodías más reposadas hizo huecos para transfiguraciones enérgicas.

Fue corto el concierto y largos los aplausos a este magnífico músico, que tocó "After fair", título de uno de sus discos, del que interpretó también "Swahililand".

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