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Zuma, carismático y controvertido, toma el mando en Suráfrica

El candidato del Congreso Nacional Africano ha sido propulsado por los errores de su predecesor, Thabo Mbeki

ISABEL COELLO

Jacob Zuma, candidato del Congreso Nacional Africano (CNA) que con toda probabilidad se convertirá en el tercer presidente de la joven democracia surafricana, es un hombre sin educación formal, que ha sido juzgado y absuelto por violación y sobre el que han pesado hasta que la Fiscalía los retiró hace tres semanas acusaciones graves de corrupción. Llega a la jefatura de la democracia más estable del continente africano propulsado por los errores y el contraste de personalidades con su predecesor, Thabo Mbeki.

Durante el juicio contra él por la violación de una amiga seropositiva, Zuma no sólo mostró una ignorancia supina sobre la enfermedad que afecta a 5,5 millones de sus compatriotas, diciendo que se duchó después de la relación sexual "para evitar el contagio del sida", sino que dijo que la mujer le mostró su deseo sexual vistiendo minifalda. En cuanto al matrimonio homosexual, lo considera "una desgracia para la nación y para Dios".

"Zuma nunca ha disfrutado del apoyo masivo de los surafricanos. Por su mala conducta sexual y en temas financieros, no es alguien con el que la media se identifique", explica a Público Hennie van Vuuren, del Instituto de Estudios de Seguridad de Pretoria. "Pero la población vota al candidato que elija el CNA", añade. El analista David Friedman, del Instituto para la Democracia en Suráfrica, coincide en que el CNA disfruta de "lealtades muy fuertes".

Nacido en 1942, Zuma se unió a la lucha antiapartheid a los 17 años, pasó diez en la cárcel de Robben Island, con Mandela, y al salir se convirtió en el jefe de Inteligencia del brazo armado del CNA. Fue vicepresidente de Mbeki pero este lo expulsó en 2005 después de que un asesor suyo fuera condenado a 15 años por corrupción.

El contraste con Thabo Mbeki ha sido muy importante en el ascenso de Zuma. Frente a un Mbeki distante, percibido como ajeno, que hizo un doctorado en el Reino Unido y acostumbra a vestir de traje y citar a Shakespeare en sus discursos, Zuma es afable, carismático, a pie de calle, bruto y presto a enfundarse una piel de leopardo para bailar danzas zulúes.

Es capaz de conectar con las bases y con los votantes ordinarios, la mayoría negra pobre, y ha sabido capitalizar bien el descontento popular que no ve que el crecimiento sostenido del país haya aliviado la pobreza ni expandido los servicios sociales. También se ha mostrado crítico con el dictador Robert Mugabe.

El éxito de Zuma dependerá mucho de la gente de la que se rodee. Desde que se hizo con la dirección del partido, ha hecho dos declaraciones de intenciones: mantener al ministro de Economía, Trevor Manuel, artífice de la disciplina fiscal surafricana, para tranquilizar a los mercados que temen un viraje a la izquierda, como le piden aliados como los sindicatos; y en segundo lugar, poner al frente de la lucha contra el sida a la valorada activista Barbara Hogan, quien debe recuperar el tiempo que se ha perdido en negar la enfermedad y recomendar ajo y remolacha para curarla.

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