Cuándo merece la pena cambiar de compañía de luz
La dejadez y la pereza son las principales aliadas de las eléctricas para cobrarte la luz más cara que a tus vecinos.

Zaragoza-
Hubo un tiempo en que la factura eléctrica solo daba disgustos puntuales en los meses más fríos. Hoy, con veranos de temperaturas récord y hogares cada vez más electrificados, el recibo de la luz se ha consolidado como una de las partidas más importantes del presupuesto doméstico. La liberalización del mercado, además, hace que puedan existir variaciones significativas entre lo que pagan dos vecinos con usos y consumos análogos. Por ello, ahora es más relevante que nunca escanear el mercado y elegir la opción que más se ajuste a tus necesidades.
Porque una cosa hay que tener clara. Aquello de pagar la factura de la luz de manera rutinaria, casi sin comprobar el gasto mensual, es contraproducente si quieres maximizar tu monedero.
Cuándo merece la pena cambiar de compañía eléctrica
La mayoría de compañías eléctricas se aprovechan de la pasividad de sus clientes en su propio beneficio. Cambiar de proveedor puede ser un trámite latoso y que dé pereza, motivo por el cual muchas personas continúan ancladas a su anterior empresa, incluso si las condiciones del contrato han cambiado.
Por norma general, los atractivos descuentos de bienvenida que ofrecen las comercializadoras no son eternos. Es más, al vencer las promociones los precios suelen dispararse, por lo que llega el momento de cambiar de empresa (o renegociar los términos con la presente). Revisar la duración de la oferta promocional o el precio al que se está pagando el kWh es clave para saber cuándo ha llegado el momento de levantar el teléfono.
Cuándo se considera que el precio de la energía es elevado
Para saber si estás pagando de más, la referencia clave en el mercado libre se sitúa en el coste del término de energía (el consumo medido en €/kWh). Como norma general, en tarifas fijas de 24 horas, cualquier precio que supere la horquilla de los 0,14 o 0,16 €/kWh (sin incluir impuestos) se considera caro para los estándares actuales del mercado. Si tu recibo sobrepasa esa barrera, estás asumiendo un sobrecoste que diluye cualquier intento de ahorro doméstico.
No obstante, es bastante habitual conseguir importes sustancialmente inferiores gracias a las promociones puntuales de captación. Con estas ofertas de bienvenida o descuentos por contratación online, no es raro encontrar tarifas competitivas que rondan entre los 0,09 y 0,12 €/kWh, o incluso precios muy ventajosos en horas valle en el caso de las tarifas con discriminación horaria.
Revisa los posibles pagos por servicios adicionales
Uno de los sobrecostes más habituales, y que suele pasar más desapercibido, es la inclusión de servicios extra en el desglose de la factura. Se trata de una práctica muy extendida entre las compañías eléctricas, que con frecuencia empaquetan seguros de protección de pagos, asistencias para urgencias eléctricas o servicios de mantenimiento de electrodomésticos en el momento de la contratación, a veces camuflados como promociones gratuitas durante los primeros meses.
Estas cuotas, que oscilan habitualmente entre los 3 y los 10 euros mensuales, suponen un goteo constante y silencioso que encarece notablemente el recibo a final de año. El principal problema es que, en la inmensa mayoría de los casos, son productos que el usuario nunca llega a utilizar o, peor aún, que redundan en los servicios que presta la póliza del seguro del hogar. Auditar la factura en busca de estos añadidos es algo fundamental, ya sea para exigir su cancelación o como motivo para irse a la competencia.
Si tus horarios han cambiado o si tienes potencia contratada de más
Si tu rutina ha variado, por ejemplo si has pasado a teletrabajar, con el incremento de consumo eléctrico que ello conlleva, mantener la misma modalidad de precio puede hacerte perder dinero. Es importante tener siempre en mente los kWh que gastas para explorar otras alternativas, como por ejemplo una tarifa fija de 24 horas en lugar de una que se base en franjas horarias.
El otro gran foco de sobrecoste es el término fijo, esto es la potencia contratada (kW). Pregúntate una cosa: ¿han saltado alguna vez los plomos en tu casa? Si esto no ha sucedido, ni utilizando varios electrodomésticos potentes al mismo tiempo, es que probablemente tengas más capacidad de la que necesitas. Este ajuste técnico se puede solicitar a la compañía actual, desde luego, pero también puede ser un buen pretexto para sondear el mercado.
Qué personas pueden acogerse al bono social
El bono social eléctrico es una ayuda estatal diseñada para proteger a los consumidores vulnerables mediante una reducción directa en el total de la factura eléctrica (que va desde un 35% hasta un 80% o más en situaciones de exclusión social). Este mecanismo es determinante a la hora de plantearse un cambio de compañía, ya que solo se puede aplicar en el mercado regulado (tarifa PVPC) y a través de una comercializadora de referencia. Por ello, para las personas que tienen derecho a esta ayuda, ninguna promoción del mercado libre les va a poder competir en precio.
Para poder solicitarlo, el titular debe tener contratada una potencia igual o inferior a 10 kW en su vivienda habitual y encajar en los perfiles establecidos: hogares con niveles de renta reducidos en función del IPREM, familias numerosas de cualquier condición económica, perceptores del Ingreso Mínimo Vital o pensionistas con la cuantía mínima del sistema. Asimismo, estos baremos económicos se flexibilizan notablemente en situaciones de vulnerabilidad añadida, como hogares monoparentales, casos de discapacidad igual o superior al 33%, dependencia severa o víctimas de violencia de género y terrorismo.



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