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Las astronautas que no llegaron al espacio

Hace 50 años, se diseñó un programa para que las mujeres se pusieran en órbita. La falta de apoyo oficial y de financiación acabó con el proyecto

 

AINHOA IRIBERRI

El primer astronauta estadounidense, Alan Bartlett Shepard, podría haber sido una mujer. En 1959, dos años antes de que Shepard realizara su primer vuelo orbital a bordo de la cápsula Mercury 3 y 21 días después que el cosmonauta soviético Yuri Gagarin, el general de Brigada del Comando de Investigación y Desarrollo de las Fuerzas Aéreas (ARDC) de EEUU Donald Flickinger y el médico Randolph Lovelace II, sugirieron que, desde el punto de vista de la ingeniería, sería más práctico mandar al espacio a una mujer que a un hombre.

Las razones, meramente pragmáticas, eran tres: una, que el entonces llamado sexo débil presentaba un menor peso corporal, por lo que se requeriría de menos fuel de propulsión para mandar un cohete con una mujer dentro al espacio. La segunda razón es que las mujeres tenían menos ataques cardiacos que los hombres, algo importante ya que se desconocían los efectos en la salud cardiovascular de la microgravedad, y la tercera es que se pensaba que el sistema reproductor femenino era menos susceptible a la radiación que el masculino. Además, datos preliminares sugerían que las mujeres aguantaría periodos de aislamiento más prolongados.

Los estudios aseguraban que las mujeres eran más aptas para el viaje

El proyecto fue presentado a las Fuerzas Aéreas de EEUU y rechazado casi de inmediato. Sin embargo, los dos mecenas de la aviación espacial femenina no cesaron en su empeño y, a mediados de 1959, establecieron, con el apoyo de la ARDC, el programa WISE, para que las mujeres viajaran al espacio antes que los hombres.

La historia de este fracasado programa ha sido recordada ahora por un equipo dirigido por la especialista del Instituto de Investigación Quirúrgica de la Armada Kathy Ryan. Casi medio siglo después del desmantelamiento oficial de la iniciativa, han narrado los pormenores de su desarrollo en la última edición de la revista Advances in Physiology.

Las mismas pruebas

El plan fue desechado casi de manera inmediata por EEUU

La idea de los dos hombres empeñados en impulsar la carrera especial de la mujer era conseguir que un grupo de féminas se sometiera a los mismos test físicos y psicológicos que habían pasado los candidatos masculinos del programa Mercury. Los siete aspirantes que habían superado las pruebas, los primeros astronautas estadounidenses, habían sido presentados en público en abril de 1959 y Flickinger planeó extender esos mismos test a pilotos femeninas a través del programa WISE.

Aunque no hay duda del papel fundamental de este general y del médico Lovelace, hubo una mujer imprescindibles en la historia del programa Wise. Se trataba de la pionera de la aviación estadounidense Jerrie Cobb.

Nacida en 1931, Cobb empezó a volar a los 12 años. A los 21 años, pilotaba para las fuerzas aéreas y estableció numerosos récords en aviación tanto en velocidad como en distancia y altitud. Fue la primera mujer en recibir el trofeo Alas Doradas de la Federación Aeronáutica Internacional de París y una de las nueve únicas mujeres en la lista de las 100 personas más importantes de la revista Life.

Con este currículum, no es de extrañar que Cobb aceptara entusiasta ser la primera candidata al programa WISE y que, además, ayudara a Flickinger a identificar a otras potenciales participantes que quisieran someterse a las duras pruebas. Pero el entusiasmo de los protagonistas se topó con acontecimientos externos muy perjudiciales para el desarrollo del programa.

La revista Look, con pleno apoyo de la NASA, hizo pasar a una famosa aviadora, Betty Skelton, por tests similares a los de los astronautas. Sin validez oficial, se trataba de una mera maniobra publicitaria. Al mismo tiempo, la aviadora Ruth Nichols también estaba pasando pruebas para viajar al espacio, información que se filtró al público antes de tiempo. Ninguna de estas dos acciones tenía relación con el programa WISE, pero tuvieron como consecuencia que la sociedad estadounidense percibiera que el Gobierno tenía interés en promover a una mujer astronauta. Intención que, por cierto, ya habían anunciado los soviéticos en una reunión de científicos espaciales en Moscú a la que habían asistido Lovelace y Flickinger.

Sin embargo, mandar a una mujer al espacio no estaba en la agenda inmediata de las Fuerzas Aéreas de EEUU, por lo que, como se cuenta en el estudio, "sus oficiales se pusieron extremadamente nerviosos". A mediados de noviembre de 1959, el proyecto WISE fue oficialmente cancelado.

La puntuación de Cobb estaba en el 2% superior de todos los candidatos

A pesar de esta falta de apoyo oficial, ni Flickinger ni Lovelace abandonaron la diea y simplemente sustituyeron la iniciativa pública por la privada. Y, con el cambio de titularidad, vino también el cambio de nombre y del proyecto WISE se pasó al Programa Mujeres en el Espacio. La piloto Cobb se sometió en febrero de 1960 a una batería de test durante una semana. Su puntuación la situó en el 2% superior de todos los candidatos, hombres y mujeres. En agosto de ese mismo año, Lovelace declaró en el Congreso de Medicina Espacial y Naval de Estocolmo: "Estamos en posición de decir que ciertas cualidades de las pilotos espaciales femeninas son preferibles a las de sus colegas masculinos".

La agencia de noticias Associated Press se hizo eco de la noticia y la popularidad de Cobb subió como la espuma, lo que supuso un impulso para el programa. La aviadora localizó a 25 candidatas, a las que invitó a unirse al programa y participar en las pruebas, dejando claro, eso sí, que no se trataba de un proyecto oficial de la NASA. Las aspirantes no reunían las mismas condiciones que sus homólogos varones por una sencilla razón: la sociedad de la época no lo permitía. Así, a los hombres se les pedía ser pilotos de jet graduados de una escuela de aviación militar, instituciones que entonces no permitían matricularse a las mujeres. Por lo demás (datos académicos, horas de vuelo), las candidatas no sólo se equiparaban a los varones sino que, en muchos casos, los superaban.

Las pruebas se realizaron entre la primavera y el verano de 1961 en 19 mujeres, de las que 13 superaron los test. A pesar del éxito aparente, la falta de fondos mermó el proyecto. En ello tuvo mucho que ver Jackie Cochram, una aviadora que, gracias a su matrimonio con uno de los hombres más ricos de EEUU y a su intención de figurar en la historia de la aviación especial femenina, consiguió financiación para el programa de Lovelace. Sin embargo, el protagonismo de Cobb enfadó a Cochram, que retiró su apoyo económico. Esto, junto a la falta de respaldo oficial, fue la puntilla final del programa, que se cerró definitivamente en agosto de 1961.

Tendrían que pasar más de 20 años para que, en 1983, una estadounidense viajara al espacio. Desde entonces, la presencia femenina en estas misiones se ha normalizado y una mujer ha llegado a comandante de la Estación Espacial Internacional.

Los inicios

En 1959, el general Flickinger estableció el Programa WISE para que las mujeres viajaran antes al espacio, y se pidió a Jerrie Cobb ser la primera en hacer las pruebas. 

El fracaso

A mediados de noviembre de 1959, el programa se canceló oficialmente, aunque continuó con la financiación privada de uno de los impulsores, el médico Randy Lovelace.   

Las pruebas

En 1962, 19 mujeres se sometieron a extensas pruebas físicas y psicológicas para ser astronautas. Pasó el 68%, frente al 56% de los 32 candidatos masculinos. 

La URSS

En 1963, la Unión Soviética se adelantó a EEUU y  Valentina Tereshkova se convirtió en la primera mujer en viajar al espacio. Su imagen se convirtió en un icono de la época. 

La impulsora

Jackie Cochran fue una  gran impulsora del proyecto de las mujeres en el espacio, pero su afán de protagonismo la hizo retirar el dinero y ayudar a su fracaso.

Las pioneras

Hasta 1978 no se eligieron mujeres candidatas a astronautas. En esa fecha, fueron escogidas seis, incluida Judith Resnik, que voló en varias misiones antes de morir en el ‘Challenger’.

La primera

La estadounidense Sally Ride se convirtió en 1983 en la primera mujer astronauta. Se estrenó en la segunda misión de un ‘shuttle’. Después trabajó en la NASA y escribió varios libros. 

El adelanto

La URSS volvió a tomar la delantera en la carrera espacial femenina . La primera mujer en pasear en el espacio fue la cosmonauta Svetlana Savitskaya. 

El paseo

En octubre de 1984, tres meses después de su colega soviética, Kathryn Sullivan fue la primera astronauta de EEUU en pasear en el espacio.  Estuvo 532 horas.

La tragedia

La primera profesora en subir a una nave espacial, Christa McAuliffe, fue uno de los siete astronautas que murieron al explotar el ‘Challenger’, en 1986.

Razas

En 1992, Mae Jemison fue la primera negra en el espacio y, en 1993, la primera hispana, Ellen Ochoa. Un año después, Chiaki Mukai se convirtió en la primera japonesa en el espacio. 

La reunión

Más de 30 años después de las primeras pruebas, 11 de las 13 mujeres que pasaron los test para ser astronautas se reunieron por primera vez para ver un despegue. 

Pilotando

En 1995, la astronauta Eillen Collins se convirtió en la primera mujer en pilotar un ‘shuttle’, hito que completó en 1999 al convertirse en la primera comandante de una misión. 

Mayoría

La mayoría, casi dos tercios, de la tripulación del vuelo de control STS-95 era femenina, incluyendo varios altos cargos. La presencia de mujeres se había normalizado. 

Tras la cancelación del programa, las candidatas quedaron consternadas. Algunas de ellas habían perdido sus puestos de trabajo, porque sus empleadores no les habían dado permiso para ausentarse para las pruebas. El médico Lovelace no continuó con el proyecto por su cuenta, como había hecho tras la primera cancelación oficial. La razón: su posición de liderazgo en este asunto, le había puesto en una posición delicada con la NASA.

La pionera Jerrie Cobb asumió el liderazgo de facto e intentó hacer un lobby a favor de las mujeres astronautas, politizando la cancelación del programa. A raíz de esto, la NASA dejó de contar con sus servicios como consultora, aunque no se desvinculó del todo de Cobb. En febrero de 1962, la invitó como conferenciante a un evento, que fue muy publicitado, en el que se habló sobre la mujer en el espacio .

Cobb no fue la única de las aspirantes que siguió intentando impulsar el programa. Una de ellas, Janey Hart, casada con un senador estadounidense, logró gracias a su marido fijar una reunión entre el vicepresidente Lyndon Johnson, Cobb y ella misma. Sus presiones consiguieron que se estableciera un subcomité del Congreso para tratar el asunto.

La antigua promotora del programa Mujeres en el Espacio Jackie Cochram testificó en contra y dijo que era necesario un programa nuevo. Los astronautas John Glenn y Scott Carpenter dijeron que las mujeres no tenían interés en ir al espacio, que había además pocas cualificadas para ello y que el orden social no aceptaba a la mujer en el papel de astronauta. En 1995, 11 de las 13 candidatas se reunieron para ser testigos del despegue de la primera piloto mujer.