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Las costas de la Península Ibérica hacen vibrar la Tierra

El planeta registra un zumbido débil y constante por el choque del oleaje profundo al oeste de América y de Europa

NUÑO DOMÍNGUEZ

Un grupo de investigadores ha localizado el origen del zumbido de la Tierra, un misterioso ruido de fondo imperceptible para los humanos que lleva desconcertando a los científicos desde que se detectó por primera vez en 1998. Según los cálculos de los investigadores del Instituto Scripps de California (EEUU), el zumbido, 20.000 veces inferior al límite auditivo humano, viene, entre otros lugares, de las costas de la Península Ibérica. El estudio respondería una pregunta que muchos han intentado responder: ¿de dónde viene ese ruido?

'Desde hace años nos dimos cuenta de que la Tierra vibra cuando hay un terremoto, pero también cuando no lo hay', explica a Público el geofísico del Instituto Woods Hole (EEUU), Ralph Stephen. Hace años se descartó que el temblor se debiera a turbulencias atmosféricas o terremotos, que originan ondas muchísimo más potentes que el zumbido en cuestión. Y es que la vibración es constante, pero alcanza apenas 10 milihercios.

El zumbido es 20.000 veces inferior al límite del oído humano

Después se demostró que son las olas las que agitan imperceptiblemente a la Tierra al chocar con el fondo marino. Desde entonces, algunos estudios han argumentado que la vibración se origina mar adentro. Otros señalan que la vibración sucede cerca de las placas continentales, mucho más cerca de la orilla.

El nuevo estudio confirma lo segundo. Mantiene que el zumbido se debe al batir de olas pequeñas en el fondo marino, pero cerca de la costa. La zona donde el zumbido es mayor estaría en la costa del Pacífico de América del norte y central. La otra área principal sería la costa oeste de Europa y el norte de África, con la Península Ibérica en el centro.

'El estudio aporta una prueba bastante consistente de que el zumbido sucede en zonas cercanas a las costa', explica a Público Donald Forsyth, un experto en sismología marina de la Universidad Brown (EEUU) que no ha participado en el nuevo estudio.

Este ruido de fondo deja una señal detectable en los sismógrafos

Forsyth explica que, cuando se producen tormentas mar adentro, se generan fuertes olas que después viajan cientos de kilómetros. El impacto de las olas se produciría cuando chocan con otras que vienen en dirección contraria desde la orilla. Al chocar, la fuerza de ambas se redirige al fondo marino y lo golpea. Este fenómeno, repetido muchas veces a lo largo y ancho de las costas, generaría ese rumor constante que detectan los sismógrafos.

Los investigadores usaron datos reales de intensidad y altura del oleaje, así como un simulador de la Agencia Oceánica y Atmosférica de EEUU. Esos datos se cruzaron con los del USarray Earthscope, un sistema con 400 estaciones de medición sísmica capaz de detectar tanto terremotos como ligerísimos zumbidos. Los investigadores usaron datos recogidos de noviembre de 2006 a junio de 2007.

El equipo detectó picos de vibración a lo largo de las costas de América y Europa, pero ninguno procedente de mar abierto. La zona en la que más impactos detectaron se extiende por la costa oeste americana. En esta área, las olas generadas por las tormentas en el norte van llegando a la costa y dejan una estela de pequeños pero constantes impactos en su camino hacia el sur.

En Europa, las olas se generarían en el Atlántico norte para después batir las costas de Reino Unido, Francia, España, Portugal y el norte de África. En este caso, los investigadores registraron un periodo en el que el zumbido se intensificó durante una tormenta en el Atlántico norte en febrero de 2007. Los expertos compararon el tamaño de las olas y las mediciones sísmicas. La intensidad del zumbido no cambió a pesar de las enormes olas que causó la tormenta en aguas profundas. En cambio, el zumbido aumentaba considerablemente a medida que las olas se acercaban a las zonas menos profundas de las costas.

A pesar de estos hallazgos, los autores advierten de que las zonas costeras tal vez no sean las únicas que contribuyan al zumbido, sino que también lo hagan las zonas de mar abierto. El problema es que, por ahora, no ha habido manera de medir su impacto. También señalan que su estudio abarcó un periodo invernal con frecuentes tormentas, por lo que, en otras épocas del año, tal vez sean otras costas las que hagan zumbar a la Tierra.

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