Este artículo se publicó hace 15 años.
Los ecologistas reclaman que se acote la plantación de eucaliptos
La superficie ocupada por este árbol invasor se ha incrementado en los últimos años
Después de muchos años de conflictos sociales, los ecologistas aceptan que el eucalipto formará parte del paisaje español por mucho que no sea de su agrado. Por eso, en lugar de exigir su desaparición, reclaman que las administraciones fijen fronteras para su expansión en los climas húmedos del litoral atlántico que le son propicios. "Es tan sencillo como limitar dónde y cuántos eucaliptos se pueden plantar y sacarlos de los espacios naturales protegidos para que no los perjudiquen", asegura el responsable de Bosques de Greenpeace España, Miguel Ángel Soto.
Su organización presentó ayer un informe en el que repasa la conflictividad provocada por los eucaliptales en la Península Ibérica desde que hace algo más de un siglo se plantaran los primeros ejemplares en Lugo. Y aporta como conclusión que se marquen por ley fronteras físicas para este árbol tan invasivo, que vampiriza los recursos de la zona en la que echa raíces. Hace dos semanas, más de 20 organizaciones de conservación de la naturaleza y colectivos ecologistas hicieron público un manifiesto conjunto en el que demandaban la búsqueda de soluciones: "El movimiento ecologista quiere huir de posiciones irreductibles a favor o en contra del eucalipto", decían.
"El eucalipto ha venido para quedarse. Es algo que ya hemos asumido; la pasta de papel que da la madera forma ya parte del sistema productivo", razona Soto, coautor del informe presentado. Desde su perspectiva, y para no prolongar el conflicto, ahora es necesario que se sienten el sector público, el sector privado y los ecologistas para acordar una normativa que equilibre los intereses de las papeleras con las necesidades del medio ambiente.
Como la provincia de CádizEl Ministerio de Medio Ambiente reconoce que la superficie de cultivo de eucalipto se ha incrementado en los últimos años, hasta llegar a la superficie actual de 760.000 hectáreas (un poco mayor que la provincia de Cádiz), aunque defiende que la competencia en gestión forestal corresponde a las autonomías. En este sentido, tanto Medio Ambiente como Greenpeace señalan como ejemplo a Asturias, donde sí se ha limitado su expansión.
Las principales plantaciones peninsulares de este árbol se realizaron a partir de los años sesenta para sacar rendimiento económico de su rápido desarrollo. Desde entonces la cifra de las hectáreas ocupadas en España y Portugal ha crecido de forma sostenida. El último dato portugués, de 2006, mostraba una pequeña caída debida a los incendios de 2004.
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