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La fiebre del uranio ha comenzado

Los nuevos reactores nucleares buscan su futuro combustible. Sarkozy viaja a Níger para garantizar a Areva una mina en pleno desierto

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En el desierto del norte del Níger falta agua y sobra uranio. Uranio, que el gigante nuclear francés quiere explotar para facilitar una nueva edad de oro atómica. Pero, para extraer ese mineral en pleno desierto, hace falta agua, mucha agua, implicada en la fabricación del yellow cake, el uranio mineral concentrado. ¿Cómo darle agua en pleno desierto, cuando Occidente nunca movió un dedo para proporcionársela a la población local? Ese problema industrial, estratégico y de opinión pública es el que intentó ayer resolver en la capital nigerina el presidente francés, Nicolas Sarkozy.

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El jefe de Estado galo visitó Niamey acompañado por la presidenta de la firma Areva, Anne Lauvergeon, para intentar dar, en reuniones con el presidente nigerino Mamadou Tandja, el impulso definitivo, al proyecto de la mina de uranio de Imouraren, en el norte de Niger.

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Un día antes, Areva y el Gobierno de la República Democrática del Congo habían firmado, con ocasión de la visita del propio Sarkozy a Kinshasa, un acuerdo que otorga al grupo francés Areva el derecho a efectuar prospecciones en busca de uranio en todo el inmenso territorio del país, en guerra civil larvada. Según los expertos, Congo tiene “un potencial uranífero significativo”.

Y es que esta nueva era de resurreción nuclear, con países como Italia o Suecia que ya han anunciado la construcción de nuevas centrales, necesita combustible. Y Francia, la mayor potencia nuclear del mundo, quiere ser quien controle ese oro negro atómico. Las reservas conocidas de uranio aumentaron un 15% entre 2005 y 2007 gracias al incremento de la actividad minera. Australia tiene gran parte de las reservas de uranio fácilmente extraíble (23%). Níger tiene el 5%.

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El yacimiento nigerino, de hecho, contiene una de las principales reservas conocidas del mundo. Por él, Areva está dispuesta a invertir 1.200 millones de euros. A partir de 2012, según planea la empresa, el lugar se convertirá en la segunda mina de uranio a cielo abierto del mundo, colocará a Niger como segundo exportador mundial, y garantizará a la firma francesa, actualmente en apuros, su consolidación definitiva como número uno del ciclo del combustible nuclear.

Según lo planeado por Areva, sí. Pero no forzosamente es la realidad futura, porque los tuaregs del norte del Níger, confederados con los de todos los otros países de la región, no son gente que se deje hacer fácilmente. Enterados de la auténtica fiebre del uranio que recorre el planeta y de la subida de los precios mundiales, los tuareg empezaron a exigir no sólo su tajada, sino el respeto de sus tierras, reconocido por la declaración de la ONU sobre los pueblos autóctonos.

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El Movimiento de los Nigerinos por la Justicia (MNJ) retomó hace dos años una rebelión armada y le puso las cosas muy difíciles al gigante francés, a las firmas competidoras chinas y al Gobierno de Niamey. Un incidente puso los pelos de punta a Areva: el secuestro en junio pasado de cuatro ejecutivos franceses, que luego fueron liberados.
En octubre, Thierry d’Arbonneau, director de seguridad de Areva y ex almirante de la fuerza nuclear militar del Ejército francés, perdió los nervios y dijo en público en París lo que un militar sabe que sólo debe decirse en el secreto de una negociación con amenazas: “Hay que dar al Ejército nigerino los medios de aplastar la rebelión de los tuareg, esos hombres azules” que “no son más que una ilusión”, “arrebatan el corazón de las mujeres” y “quieren impedirnos que excavemos la tierra”.

En esas palabras, pronunciadas durante un coloquio de la patronal francesa, la asociación tuareg Alhak en Akal y la alemana Menschenrechte vieron un presunto delito de “incitación al odio racial”, sancionado con penas de cárcel en Francia. D’Arbonneau, número cuatro virtual de Areva tras Lauvergeon y la española Ana Palacio, fue objeto de una primera vista en el tribunal correccional de París por “incitación al odio racial” anteayer. Los parlamentarios franceses del grupo Verde, del PCF y del Partido de Izquierda (PG), por su parte, han solicitado una comisión de investigación.

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La seguridad de la explotación es la obsesión de las autoridades francesas. “Se trata de un país que ya tiene problemas de desertificación, y Areva va a tener que captar yacimientos de agua fósil. El átomo francés condenará toda la región a la devastación para siempre, con las consiguientes tensiones”, explicó en una rueda de prensa la europarlamentaria ecologista Hélène Flautre.

El agua es el talón de Aquiles del proyecto. Lavar en al menos dos operacions diferentes los bloques de mineral de uranio extraído es condición indispensable para poder acondicionar el mineral materia prima. Oficialmente, Areva afirma que no va a ocurrir nada. “En los 40 años de explotación de la mina, las necesidades industriales exigirán unos 500 millones de metros cúbicos de agua, en su mayoría agua fósil”, situada a unos 170 metros de profundidad, explicó a Público la dirección de la firma. “Eso representa sólo entre 6% y 7% del agua que hay allí”, añadió la misma fuente.

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Otros directivos manejan en público cifras ligeramente diferentes, pero la consecuencia es la misma. Areva, durante 40 años de beneficios en Níger, nunca ha construido una red de agua potable para todos los habitantes de este país, uno de los más pobres del mundo. Por el contrario, ahora, para el uranio, sí se dispone a bombear agua de una capa fósil en una zona desértica.

Un segundo problema amenaza el Eldorado uránico de Areva: la región es geopolíticamente inestable, y sacar el mineral de un punto cercano a la frontera libia no es una broma. Lo fácil sería llevar el preciado uranio hacia Francia pasando por Argelia, pero entonces ¿cómo seguir repitiendo el lema preferido de Nicolas Sarkozy, a saber, que la energía nuclear garantiza la independencia energética?

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La solución barajada por Areva y más segura actualmente es basarse en las rutas ya empleadas para otras minas menores de la región del norte de Níger. Eso significa llevar el mineral para un auténtico Africa Radiactive Tour por carretera y tren hacia los puertos del sur.

El camino que seguirá ese yellow cake es un auténtico periplo mundial en camión, tren y buque mercante, con las consiguientes emanaciones masivas de CO2. Eso sí: nadie efectuará ese balance. Así, Nicolas Sarkozy podrá seguir repitiendo su afirmación fetiche de que el átomo es “carbononeutro”.

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