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La guerra de Flores

El debate entre quienes creen que el ‘Homo floresiensis’ es una nueva especie y los que mantienen que es un humano enfermo sigue activo cuatro años después de su descubrimiento 

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“La discusión en torno al hombre de Flores recuerda a la que hubo en su momento sobre los neandertales”, dice el paleobiólogo del CSIC Antonio Rosas. En 1856, en una cueva cerca de Düsseldorf (Alemania), se encontraron restos de lo que acabaría siendo una nueva especie de Homo, pero antes de aceptar la existencia del neanderthalensis se plantearon otras hipótesis. Tras el descubrimiento se especuló con que los pedazos de cráneo hallados hubiesen pertenecido a un jinete cosaco, y el insigne científico alemán Rudolf Virchow llegó a diagnosticar raquitismo al propietario de los huesos.

Poco después de que en 2004 los antropólogos Peter Brown y Michael Morwood anunciasen el descubrimiento de lo que ellos consideraban una nueva especie de Homo en la isla indonesia de Flores, el investigador Teuku Jacob inició la polémica. En su opinión, los huesos no pertenecían a una nueva especie, sino a un humano moderno afectado por microcefalia. Hace dos semanas científicos de la Universidad RMIT en Melbourne (Australia) sugerían en un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B que los pequeños individuos de Flores eran humanos enfermos de cretinismo, una dolencia que podría justificar el reducido tamaño de su cuerpo y su cerebro. Con una acritud que no ha faltado en esta polémica, Brown calificó el trabajo de “completo sinsentido” y Colin Groves, de la Universidad Nacional de Australia, afirmó sentir pena al ver a “científicos reputados implicados en una parodia así”.

Enanos de Palau
Como se ve, cuatro años después del descubrimiento, el debate mantiene intensidad. La semana pasada, investigadores surafricanos anunciaron el descubrimiento de restos de 25 Homo sapiens de tamaño reducido en la isla micronesia de Palau. En opinión de los científicos, el hallazgo muestra que es posible que humanos modernos experimenten un proceso de adaptación a una isla, reduciendo su tamaño para superar mejor la escasez de alimentos. Según ellos, los sapiens de Palau sugieren que los homínidos de Flores no son una especie distinta y que este tipo de adaptaciones son más comunes de lo que se creía.

El paleoantropólogo de la ICREA Jordi Agustí explica que precisamente el enanismo insular del floresiensis es lo que justifica el enorme interés despertado por los fósiles indonesios. “Es un experimento evolutivo que hasta Flores se creía que sólo se daba en especies no primates”, apunta. Pero él, como otros investigadores, cree que los restos de Palau no tienen nada que ver con los de Flores. “Ninguno de estos pequeños humanos es tan pequeño como los Homo floresiensis o tiene proporciones entre extremidades, capacidad craneal o los huesos de las muñecas parecidos”, dice William Jungers, paleoantropólogo de la Universidad de Nueva York en Stony Brook y colaborador de Brown y Morwood.

El estudio de las proporciones ha sido precisamente el último espaldarazo a la teoría de la especie separada. En un artículo publicado en PNAS esta semana, investigadores de la Universidad George Washington (EEUU) han comparado datos craneales del individuo de Flores, humanos modernos y varias especies de homínidos antiguos. En sus conclusiones, afirman que el cráneo indonesio no muestra similitudes con el de humanos modernos y sí con Homo erectus y, en menor medida, Homo habilis.

El debate, a la espera de que se encuentren más restos que confirmen o desmientan la hipótesis de la especie separada, no parece cercano a su fin, algo que a los investigadores no parece molestarles. “Si se confirma finalmente que los restos de Flores pertenecen a otra especie, estaríamos ante uno de los hallazgos más interesantes desde los neandertales”, afirma Antonio Rosas. “En cualquier caso, la discusión es beneficiosa, porque los argumentos se afilan y cuando concluya sabremos mucho más sobre evolución humana”, concluye.

Tras la publicación del estudio que anunciaba el hallazgo del ‘Homo floresiensis’ en ‘Nature’, el paleoantropólogo indonesio Teuku Jacob (que no era miembro del equipo australiano-indonesio descubridor de los fósiles) se llevó los restos del nuevo homínido desde el Centro para la Arqueología en Yakarta hasta su laboratorio en Yogyakarta, Java, a 450 kilómetros de distancia. La parte australiana del equipo se mostró indignada porque los fósiles se trasladasen sin su permiso y ya no estuviesen disponibles para la investigación. Tras complejas negociaciones, Jacob, conocido como el ‘rey de la paleoantropología’ en Indonesia, devolvió los fósiles, pero el equipo australiano denunció que varias piezas habían resultado dañadas en su periplo. A causa de este enfrentamiento, el gobierno indonesio bloqueó el acceso a la cueva donde se habían encontrado los restos del nuevo homínido entre 2005 y enero de 2007.