Adiós a Claus Knapp, el pediatra que descubrió que la talidomida provocaba deformaciones en bebés
La investigación del radiólogo infantil, fallecido a los 97 años, destapó uno de los mayores escándalos sanitarios del siglo XX y evitó miles de nuevos casos en todo el mundo.

Madrid--Actualizado a
"Sólo los grandes hombres se preguntan el porqué de las cosas", reza una placa que luce en la estancia de una casa de Chamberí. Uno de ellos fue Claus Knapp, un radiólogo infantil que no dejó de investigar hasta que descubrió la causa que provocaba que algunos bebés naciesen con malformaciones. Su tesón evitó que otros muchos llegasen a este mundo sin piernas ni brazos.
Pese a que su nombre y apellidos engañan, el pediatra que relacionó las anomalías de los recién nacidos con la talidomida —un medicamento recetado como sedante y para contener las náuseas durante el embarazo— había nacido en Madrid en 1928, aunque cuando estalló la Guerra Civil sus padres regresaron a Alemania hasta 1939. Con los años, para reafirmar su españolidad, empezó a usar Claus en vez de Klaus, como había sido bautizado.
El doctor Knapp murió el pasado sábado a los 97 años, los últimos dedicados a la causa de la Asociación de Víctimas de la Talidomida de España (Avite), que le regaló aquella placa cuando cumplió 85. "Médico desde el alma, se desvivió siempre por sus pacientes y amigos. Y fue, sobre todo, un ejemplo de libertad e independencia que nos enseñó a reconocer y seguir siempre nuestro camino", anunció su hijo tras su fallecimiento.
El estudio que destapó el escándalo de la talidomida
Estudió Medicina en Madrid y comenzó a trabajar en la Clínica Universitaria de Pediatría de Hamburgo, donde conoció a Widukind Lenz, un pediatra especialista en dismorfología y genética. Ambos fueron testigos de los extraños casos que llegaban al hospital, por lo que comenzaron a visitar a las madres para encontrar una explicación al mal que sufrían sus hijos. Un esfuerzo en vano, hasta que dieron con un psicólogo que los puso sobre la pista.
Para evitar los vómitos, su mujer había tomado talidomida entre la quinta y la séptima semana de embarazo. Como ninguna otra había reconocido usarlo, Claus Knapp decidió volver a iniciar las pesquisas y ambos pediatras concluyeron que, efectivamente, las madres habían ingerido el medicamento, comercializado como Contergan en Alemania y bajo otras marcas en países como España.
"Al principio pensamos que era una epidemia, aunque había algo que no nos gustaba. Por eso nos pusimos a trabajar a un ritmo frenético y, cuando descubrimos la causa de las anomalías en las extremidades, difundimos nuestra investigación", explicaba Claus Knapp a Público en 2014. Su estudio sobre la embriopatía por talidomida revelaba que la sufrían el 0,17% de los nacidos en Hamburgo en 1961.
Publicada en el Deutsche Medizinische Wochenschrift el 15 de julio del año siguiente, la investigación revelaba que "en la mitad de los casos sólo han quedado afectados los brazos, en una cuarta parte los brazos y las piernas, mientras que la sexta parte no tienen orejas". Solo en Alemania hubo unas 10.000 víctimas, según sus cálculos, pero seis de cada diez murieron al poco.
La farmacéutica rechazó sus conclusiones, contrató a detectives y ejerció presiones a través de la prensa, aunque tres semanas después retiraron el medicamento del mercado. Claus lamentó que durante ese tiempo nacieron algunos niños con malformaciones. Sin embargo, Avite siempre ha agradecido que su perseverancia evitase que hubiese miles de casos más. De hecho, en España fue retirado dos años después.
La larga lucha de las víctimas contra la farmacéutica
Las víctimas, en cambio, sospechan que pudo seguir vendiéndose al menos hasta 1969. Rafael Basterrechea es la prueba de que continuaba despachándose en nuestro país pese a la prohibición, pues él nació en 1965. "Claus Knapp lo ha significado todo para la medicina y su labor queda para la humanidad", asegura el vicepresidente de Avite, quien recuerda que "solo en Alemania se vendían cuatro millones de pastillas diarias, por lo que salvó a miles de personas al descubrir los efectos del medicamento".
Él lo conoció cuando ya era un octogenario y, pese a su edad, "cogió la bandera de las víctimas de la talidomida e hizo casi 700 informes periciales sin cobrar ni un duro". El doctor Knapp era, según él, "una fuente de sabiduría inagotable", aunque "había recibido tan poco reconocimiento a nivel institucional que siempre dimos por hecho que era alemán". También destaca su etapa como jefe del servicio de radiología del hospital La Paz de Madrid.
"En Alemania, Grünenthal evitó el juicio, pagó a los afectados y nunca reconoció la culpa", comentaba en el salón de su casa Claus, quien consideraba muy importante que un juez español le atribuyese la responsabilidad de las muertes y las malformaciones de los bebés. Pese a que el fabricante fue condenado a indemnizar a las víctimas en 2013, la Audiencia Provincial de Madrid, el Supremo y el Tribunal de Estrasburgo absolvieron a la farmacéutica porque consideraron que los daños causados habían prescrito.
"Además de maltratar a Claus, Grünenthal fue cicatera, perversa y cruel", añade Rafael Basterrechea, cuya asociación sigue batallando contra el Gobierno español por el reconocimiento de las víctimas. "Más allá de su labor médica, el doctor Knapp fue un aliado incansable y un apoyo humano fundamental para todos los afectados. Su compromiso con nuestra causa dejó una huella imborrable que siempre honraremos", según Avite.
El pediatra se quejaba en su día de que el juicio tuviese lugar más de cincuenta años después de los hechos: "La empresa espera que la gente se muera para no tener que pagar". Pese a que Avite calcula que en España nacieron unos 3.000 niños con malformaciones, de los cuales seguirían vivos en 2013 entre un sexto y un tercio, solo 24 personas tenían derecho a una indemnización que nunca recibieron.
Claus Knapp, nacido en José Abascal con Zurbano, presumía de español aunque su abuelo fuese un ingeniero turingio que había llegado a Madrid con el propósito de surtir a la capital de ascensores, de ahí su segundo apellido, Boetticher, empresa de elevadores absorbida por Thyssen en 1985. Tras ejercer como pediatra en Alemania, regresó para que sus hijos se educasen aquí, pues su mujer también adoraba España. Además de ejercer como radiólogo, publicó el libro El dolor de espalda: prevención y tratamiento.
"Carece de mérito, yo sólo lo vi. Soy un testigo, no una eminencia", se quitaba importancia durante una entrevista con Público. "Nadie tiene por qué agradecerme nada. Los niños con malformaciones siguieron igual y los que después nacieron sanos nunca supieron que podrían haber sufrido ese problema", añadía Claus Knapp. Doce años después, la cinta de una corona de rosas blancas enviada por Avite reconoce en cambio su gratitud eterna".

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