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Italia entierra de momento sus proyectos atómicos

El Gobierno presenta una enmienda en el Senado para eliminar el decreto ley sobre las nucleares que había elaborado anteriormente

DANIEL DEL PINO

El Gobierno italiano echó el freno de mano ayer, de manera repentina, al decreto ley Omnibus sobre desarrollo nuclear presentando una moción en el Senado para la anulación de toda la normativa que preveía la construcción de las primeras centrales en Italia.

La Cámara está debatiendo el cambio desde esta mañana, que a peticion del Ejecutivo, retrasará los planes al menos hasta que "se adquieran mayores evidencias científicas en materia de seguridad nuclear, teniendo en cuenta el desarrollo tecnológico en dicho sector y las decisiones adoptadas por la UE". Un hecho que podría considerarse como una medida razonable después de la catástrofe de Fukushima, si no se tratara de un país donde las elecciones políticas se suelen tomar, por sistema, para evitar males mayores.

Y dada la inestabilidad del Ejecutivo de Silvio Berlusconi, la cercanía de las elecciones municipales (mediados de mayo) y que en junio se iba a celebrar un referéndum sobre la energía nuclear promovido por la oposición, es difícil interpretar la situación de otra manera. Básicamente porque la apuesta por las nucleares fue uno de los primeros proyectos de Il Cavaliere tras ganar las elecciones en abril de 2008. De hecho, sólo dos meses después de su vuelta al poder, el entonces ministro de Desarrollo Económico, Claudio Scajola, anunciaba que para 2013 Italia estaría preparando ya la construcción de su primera central.

Incluso el propio Berlusconi, en febrero de 2009, pactó con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, un acuerdo conjunto para levantar cuatro plantas en Italia. Todo ello, pasando por alto el detalle de que los italianos habían votado no a la energía nuclear justo después de la catástrofe de Chernóbil.

Ayer, desde Bruselas, el ministro de Economía, Giulio Tremonti, dijo que los sucesos de Japón "no se pueden considerar un error técnico banal" y animó a Europa a la elaboración de un "plan para el desarrollo de energías alternativas". Para Antonio di Pietro, precursor del referéndum, la decisión es un "engaño" motivado porque los sondeos eran favorables una vez más al no.