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Juicio contra el LHC para salvar el mundo

Dos demandantes afirman que hay posibilidades “serias” de que cree un agujero negro que se trague la Tierra

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El fin del mundo está cerca y surgirá de una máquina financiada por fondos públicos. Para evitarlo, un investigador estadounidense y un misterioso filósofo de la ciencia han presentado una demanda en un juzgado de Hawai (EEUU) para retrasar la puesta en marcha del LHC, el mayor colisionador de partículas del mundo. Los demandantes, Walter L. Wagner y Luis Sancho (residente en España, según Wagner), afirman que los científicos del CERN (Centro Europeo de Investigaciones Nucleares) de Ginebra, donde está el acelerador, han tratado de minimizar las posibilidades de que el LHC —cuando se ponga en marcha a finales de año— produzca monstruosidades físicas letales de necesidad. Entre las propuestas reflejadas en la demanda se encuentra un miniagujero negro que acabaría por devorar la Tierra o la aparición de strangelets, una forma de materia extraña que convertiría también en strangelets toda la materia a su alrededor y acabaría con el mundo tal y como lo conocemos.

La posibilidad de que estos proyectos se vayan de las manos ha estado presente desde que comenzaron los experimentos de altas energías. Sin embargo, los estudios realizados para comprobar el fundamento de estas preocupaciones han tenido resultados tranquilizadores. Además de un informe oficial presentado por el CERN en 2003 y otros estudios externos, el año pasado se puso en marcha un grupo anónimo para valorar la seguridad del proyecto. En declaraciones a The New York Times, dos de los miembros de este grupo afirmaron que creen que los agujeros negros no serán una amenaza, aunque prefirieron no hablar sobre sus hallazgos hasta que se hayan publicado en alguna revista científica.

Peculiares demandantes
Aunque como los propios responsables han reconocido, los peligros de proyectos tan ambiciosos como el LHC no se deben menospreciar, un vistazo al curriculum de los denunciantes es tranquilizador. Wagner ya interpuso una demanda similar para detener un colisionador en el Laboratorio Nacional de Brookhaven que fue desestimada. Además, uno de los físicos citados por Wagner para justificar sus miedos, William Unruh, ya ha afirmado que no ha entendido sus planteamientos.
Por su parte, Sancho tiene una credibilidad aún más incierta. En su web (www.unificationtheory.com) afirma haber desarrollado una Teoría de Unificación que, según él, no prosperará porque “la ciencia aún se basa en el paradigma cartesiano”.

“Está un poco apartado de la principal corriente científica. De hecho, muy lejos de la corriente. Es más, no creo que ni siquiera puedas ver la corriente desde donde él está”, dice sobre Sancho Phil Plait, astrónomo y autor del blog Bad Astronomy .

En 1999, el ahora premio Nobel de Física Frank Wilczek creó un enorme revuelo al mencionar en ‘Scientific American’ la posibilidad de que el acelerador de partículas ‘Relativistic Heavy Ion Collider’ en Brookhaven (EEUU) produjese ‘strangelets’, un tipo de materia extraña que destruiría el mundo conocido. Él mismo afirmaba en su artículo que la sugerencia no era plausible, pero el daño estaba hecho. La repercusión mediática de sus afirmaciones obligó a los responsables del colisionador a encargar a un comité el estudio de los posibles desastres que se pudiesen desencadenar.

El malentendido tiene su raíz en la propia naturaleza de la mecánica cuántica, poco proclive a descartar hipótesis. En mecánica cuántica existe la posibilidad de que si se deja caer un bolígrafo sobre una mesa, se comporte como una onda, la atraviese y caiga al suelo. El fenómeno se conoce como ‘efecto túnel’. La probabilidad de que esto pase no es idéntica a cero, aunque nunca nadie haya visto suceder algo parecido.
Nima Arkani-Hamed, físico teórico del Instituto para Estudios Avanzados de Princeton (EEUU) afirmaba en ‘The New York Times’ que la física cuántica facilita este tipo de afirmaciones aparentemente descabelladas. “Existe una minúscula posibilidad de que el LHC cree dragones que nos devoren”, señaló, con ironía.