Público
Público

La Luna es una fábrica de agua con energía solar

Un estudio confirma que los protones del Sol y el oxígeno lunar se unen para dar H2O

PÚBLICO

En la Luna hay agua. Hasta hace poco era una hipótesis controvertida, pero se convirtió en ciencia oficial el mes pasado, cuando Science publicó los resultados obtenidos por un equipo internacional de científicos a partir de datos recogidos por tres sondas: Cassini y Deep Impact, de la NASA, y Chandrayaan-1, la joya del programa espacial indio. Las conclusiones no ofrecían duda sobre la presencia de compuestos de hidrógeno y oxígeno en la superficie del satélite. Y no es precisamente un bien escaso: de cada tonelada de suelo lunar, 250 kilos corresponden a agua.

El siguiente paso para los científicos era determinar el origen de la reserva hídrica lunar. Dos hipótesis tratan de explicarlo. Por una parte, el agua podría llevar allí miles de millones de años, transportada por asteroides o cometas y congelada en cráteres en eterna oscuridad. Pero los propios autores de los anteriores estudios apuntaban a la necesidad de un suministro actual y continuo para cuadrar todas las observaciones.

Ahora, nuevos datos de la sonda india han confirmado que la Luna fabrica su propia agua con ayuda del Sol. Los análisis del Sub-keV Atom Reflecting Analyser (SARA), un instrumento de Chandrayaan-1 en el que participa la Agencia Espacial Europea (ESA), indican que los protones átomos de hidrógeno desprovistos de su único electrón lanzados en el viento solar colisionan con el oxígeno pegado al regolito, el suelo de polvo y roca de la Luna. Según un comunicado de la ESA, "la Luna es una gran esponja que absorbe partículas con carga eléctrica emitidas por el Sol. Estas partículas interactúan con el oxígeno en los granos de la superficie lunar, produciendo agua".

El rendimiento de esta fábrica lunar de agua es, calculan los científicos, de un 80%. Según publicarán próximamente los autores del estudio en la revista Planetary and Space Science, uno de cada cinco protones rebota de nuevo al espacio, captando un electrón y convirtiéndose en un átomo de hidrógeno.