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El oso ibérico podría no ser tan distinto a sus parientes europeos

Esta teoría planteaba que, durante las glaciaciones, los osos quedaron aislados en las tres penínsulas del sur de Europa

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Durante mucho tiempo se ha creído que los osos pardos de la península son una población única que ha evolucionado aislada durante un largo periodo. La teoría que sostenía esta particularidad hispánica planteaba que, durante las glaciaciones, los osos quedaron aislados en las tres penínsulas del sur de Europa (Ibérica, Itálica y Balcánica), donde fueron a refugiarse de los hielos septentrionales. Esta hipótesis se apoyaba también en el hecho de que, en la actualidad, los osos pardos españoles se encuentran aislados genéticamente.

Ahora, nuevos datos pueden acabar con el hecho diferencial del oso ibérico y es posible que ayuden a salvarlo. Un estudio realizado por investigadores del Centro UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento indica que el aislamiento genético de estos animales es algo reciente en términos evolutivos. En un artículo publicado en PNAS se explica cómo se comparó el ADN de restos fósiles de oso pardo procedentes de distintos yacimientos con el de las dos poblaciones que en la actualidad viven en la Cordillera Cantábrica y el de otras poblaciones europeas.

Linaje “impuro”

Con el análisis de estas muestras, que cubren los 80.000 últimos años, los investigadores esperaban encontrar un linaje genéticamente puro que llegase desde el pasado hasta el presente. Pero no fue así. En su estudio encontraron osos ibéricos con marcas genéticas que sitúan su origen en otras regiones de Europa. Es el caso de un espécimen procedente del yacimiento vasco de Arlanpe, que presenta una señal genética igual que la de los osos que viven hoy en Rusia y Europa Oriental.

“Si llevasen mucho tiempo aislados, podría considerarse una población distinta (no una especie distinta) y desde el punto de vista de la conservación, esa pureza genética debería preservarse”, explica la autora principal del estudio, Cristina Valdiosera. “Pero no tiene sentido conservar una pureza que nunca ha existido”, asevera.

Francia ya ha importado osos eslovenos para ayudar a la supervivencia de estos plantígrados en su vertiente de los Pirineos. Sin embargo, algunos expertos consideran que medidas así contaminan las poblaciones locales.
La endogamia y el empobrecimiento genético de los osos ibéricos, fruto de una población pequeña y aislada, son una amenaza para su supervivencia, que depende del grado de diversidad. Por eso, la autora del estudio cree que sería positivo el cruce de otras poblaciones de osos con la ibérica. “En conservación puedes hacer dos cosas, o conservar la pureza de la especie o favorecer la diversidad genética, que será finalmente la que mantenga viva a una especie. En términos de conservación, si se mezclaran osos de otros sitios de Europa con los de la Cordillera Cantábrica, volverían a ser lo que, en términos evolutivos, fueron hace muy poco tiempo”, asegura Valdiosera.

Por su parte, el presidente de la Fundación Oso Pardo, Guillermo Palomero, cree que el estudio es interesante y “de consolidarse la teoría, quitaría argumentos a quienes se oponen a los reforzamientos cuando es necesario, como ha ocurrido en el Pirineo”. Sin embargo, no considera que en la región cantábrica la introducción de ejemplares de otros países sea necesaria por ahora. “Nuestros osos no están evolucionando mal a nivel demográfico y sería precipitado realizar sueltas”, afirma Palomero. “La prioridad para mejorar la variabilidad sería unir las dos poblaciones cantábricas. En su día, si esta teoría se consolida, veremos si conviene mezclarlas con otras para mejorar la recuperación”, concluye.