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Pesticidas y píldoras envenenaron a los soldados del Golfo

Ambos elementos fueron empleados por las fuerzas aliadas que participaron en 1991 en la operación contra la invasión de Kuwait por Sadam Hussein

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Un estudio elaborado por una doctora estadounidense experta en el llamado síndrome de la guerra del Golfo concluye que la causa más probable de esta enfermedad, que aqueja a veteranos de aquella contienda, es el envenenamiento por sustancias presentes en píldoras contra las armas químicas y en pesticidas. Ambos elementos fueron empleados por las fuerzas aliadas que participaron en 1991 en la operación contra la invasión de Kuwait por el dictador iraquí Sadam Hussein. Las conclusiones del estudio podrían aplicarse también, dice su autora, a la población civil expuesta a pesticidas de uso común.

El síndrome del Golfo reúne un conjunto difuso de síntomas que sufre entre un 26% y un 32% de los veteranos. En EEUU, los estudios epidemiológicos revelan que afecta a entre 175.000 y 210.000 de los 700.000 efectivos que se desplegaron en la zona. La misma existencia de esta enfermedad, caracterizada por fatiga y alteraciones musculares, neuropsicológicas y dermatológicas, ha sido objeto de polémica. Numerosas investigaciones han indagado en sus causas, ligándolas tanto a la exposición a agentes químicos como a factores psicológicos.

En 1999, la doctora Beatrice Golomb, de la Universidad de California en San Diego (EEUU) y miembro del Comité Consultivo de Investigación sobre Enfermedades de la Guerra del Golfo, plasmó en un informe para la fundación de estudios RAND que el síndrome estaba asociado a la exposición a neurotoxinas conocidas como anticolinesterásicos o inhibidores de acetilcolinesterasa (enzima presente en los glóbulos rojos y en el sistema nervioso). Ejemplos de estas sustancias son los venenos de ciertas serpientes o el gas nervioso sarín.

En el caso de las tropas que tomaron parte en la Guerra del Golfo, su exposición a estos agentes fue provocada por las propias operaciones de los aliados. Para evitar la diseminación de enfermedades provocadas por insectos, se emplearon grandes cantidades de pesticidas organofosforados y carbamatos, dos tipos de anticolinesterásicos. Además, un cuarto de millón de soldados recibieron píldoras de bromuro de piridostigmina (PB), un carbamato que se emplea para prevenir los daños de las armas químicas.

Continuando sus investigaciones en este terreno, la nueva aportación de Golomb, que aparece hoy en la revista PNAS, analiza variables como la dosis de PB recibida y la capacidad detoxificadora del organismo de cada paciente. Basándose en estos datos, la autora afirma que las conclusiones avalan la relación de causalidad.