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Rusia Los científicos rusos intentan enderezar su ciencia, pero la política no ayuda

Se han retirado este año 850 artículos de los primeros 2.500 considerados inaceptables por la comisión contra la falsificación.

Sede central de la Academia de Ciencias de Rusia, edificio de la era soviética en Moscú. PLOS

MALEN RUIZ DE ELVIRA

Entre los esfuerzos de Rusia para ser una potencia en el ámbito internacional tras la desaparición de la Unión Soviética está, al menos oficialmente, el de desarrollarse científicamente para aplicar el conocimiento en todos los ámbitos económicamente interesantes. Sin embargo, la realidad es descorazonadora, si se atiende a los hallazgos de una comisión, creada por la Academia de Ciencias de Rusia para investigar la falsificación en la investigación científica, sobre el nivel de las publicaciones científicas rusas, así como a la constante intromisión política de corte autoritario en el ámbito científico y a los datos que indican que la mayoría de los estudiantes de ciencias querría hacer el doctorado en el extranjero.

La endogamia, la falta de rigor y los plagios forman parte del panorama que pinta el informe preliminar de la academia, que está suponiendo un terremoto en el ambiente científico de Rusia. Hasta la fecha, se han retirado 850 artículos publicados en 263 revistas académicas rusas de los 2.500 artículos señalados por la comisión como inaceptables por malas prácticas, ha informado hace unos días la academia, que engloba a 650 instituciones con 55.000 investigadores.

La comisión también pidió que se expulsara por la falta de control a cinco revistas de la base de datos de publicaciones, que superan las 6.000, en su inmensa mayoría en ruso. Si se permite que continúe la actividad de la comisión de la academia de ciencias rusa, puede considerarse como un pequeño primer paso, porque parece ser la punta de un gran iceberg. Pero quizás lo más preocupante sea la falta de homologación internacional de la ciencia rusa, ya que los científicos se mueven en un mundillo grande pero endogámico, que hace que las malas prácticas sean consentidas por casi todos como forma de desarrollar la carrera y obtener fondos.

La corrupción incluye el plagio, el autoplagio y los autores fantasmas, que aparecen en una versión de un artículo pero no en otra. Está muy extendida la práctica de dejar que los colegas firmen artículos sobre investigaciones en las que no han participado a cambio de poder hacer lo mismo en otras. De hecho, esta actividad se ha profesionalizado y hay una web que se dedica a vender la posibilidad de firmar artículos que ya están aceptados para su publicación. “Este informe supone un bombazo”, afirma Gerson Sher, experto en la cooperación científica entre Rusia y Estados Unidos, en la revista Science. “Refuerza las sospechas y temores de muchos, que su país no está en el camino correcto en ciencia y que está dañando su reputación”. Hay que subrayar que la comisión no ha entrado todavía en el meollo de la cuestión, que es la fiabilidad de los resultados que se presentan en las publicaciones.

Los científicos rusos publican mucho en sus propias revistas pero el nivel suele ser bajo, lo que quiere decir que están alejados de la verdadera ciencia, que es internacional. De hecho, en los doce meses anteriores a octubre de este año, los investigadores rusos publicaron (a menudo en cooperación con los de otros países) solo 1.389 artículos sobre investigaciones científicas en 82 revistas de alto impacto internacional, mientras que los españoles, a pesar de la grave crisis actual, publicaron 2.670 artículos, según datos de Nature Index. En el mismo periodo, Estados Unidos publicó más de 28.000 trabajos.

El acceso a nuevos programas de ordenador para detectar plagios llega ahora a la ciencia rusa, lo mismo que ya ha servido para poner de relieve escándalos en el resto del mundo. La red Dissernet, formada por científicos, encontró 4.000 casos de plagio y autoría dudosa en 150.000 artículos de 1.500 publicaciones rusas y está en el origen de la actual comisión. Una empresa que se dedica a detectar plagios, llamada Antiplagiat, publicó hace poco que 70.000 artículos de 4,3 millones revisados se habían publicado al menos dos veces y unos pocos hasta 14 veces en revistas distintas.

La situación política en Rusia no ayuda a fomentar la cooperación internacional, indispensable para que aumente su nivel científico, a pesar de las llamadas públicas del presidente Putin a participar en la construcción de una economía moderna, de la que Rusia está todavía lejos. Tras la desbandada que hubo cuando desapareció la Unión Soviética, el riesgo de aislamiento se ha hecho realidad y no han ayudado casos como el de dos ingenieros que participaron hace varios años en un proyecto europeo sobre el avión hipersónico y que ahora están en la cárcel acusados de traición por las connotaciones militares del proyecto, según el Gobierno ruso.

Hace dos meses, fuerzas especiales de seguridad, con armas, registraron el prestigioso instituto Lebedev de Física en Moscú. Buscaban pruebas de la exportación ilícita de material con posible uso militar. El objetivo, al parecer, era una pequeña empresa que importaba un vidrio especial de China y le añadía un recubrimiento antireflectante para vendérselo, con todos los permisos según su propietaria, a una empresa alemana. El registro provocó un duro comunicado del comité científico del instituto, que recordó que el Gobierno ruso anunció el año pasado un programa especial para hacer más atractiva la carrera científica y evitar la emigración del talento. La esquizofrenia entre lo que dice el Gobierno y lo que hace puede considerarse una de las razones por la que los científicos rusos se encuentran en una situación tan poco envidiable y la ciencia rusa no solo no avanza sino que se repliega a su entorno doméstico, al contrario de lo que está logrando, con todos sus defectos, la ciencia en China.