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Google apuesta por las búsquedas con voz

La compañía cree que en la web del futuro interactuarán el texto y el vídeo

DANIEL BASTEIRO

"Barack Obama", le susurra a su teléfono Alfred Spector, vicepresidente de Google encargado de Investigación e Iniciativas Especiales. Tras unos segundos, su móvil responde con una pantalla que muestra la misma lista de resultados que ofrece el buscador en la pantalla del ordenador. Disponible desde este año (sólo en inglés, y sólo en algunos teléfonos), el servicio de búsquedas de voz es ya una prioridad para la compañía y se convertirá en "una importante tecnología del futuro, en la que estamos trabajando duro para obtener grandes progresos en los próximos cinco o diez años", asegura.

Así, la comunidad de programadores superará una asignatura pendiente durante medio siglo. "Con el reconocimiento de voz, pensamos que sustituiríamos a las máquinas de escribir. No lo hemos conseguido porque, aunque no seamos profesionales, somos muy buenos en mecanografía", explica. Sin embargo, las necesidades de los móviles, "con teclados cada vez más pequeños", relanzarán una tecnología que cambiará la manera de buscar de los usuarios.

Spector es el responsable de la investigación en el área de traducción, que abarca desde la conversión de textos de un idioma a otro hasta la transposición de información de un formato a otro. El objetivo es volcar y clasificar toda la información que todavía no ha dado el salto a la Web y hacerla accesible. "Es un proceso de abajo arriba, para el que no necesitas un presupuesto ni un plan gubernamental de cinco años", dice en referencia a los servicios que tradicionalmente ofrecían las administraciones públicas y ahora absorben empresas privadas a cambio de su explotación. Un ejemplo es Google Books, al que podría aplicarse muy pronto el sistema de traducción de texto que ya abarca 51 lenguas.

La Web del futuro será "más rica, con aportaciones de más bases de datos, accesible en cualquier idioma y donde interactuarán el texto, la voz o el vídeo", explica a Público en un encuentro reciente en Bruselas.

En breve, podremos comprobar a diario "qué está pasando en China o India" sin saber el idioma local y descubrir, entre otras cosas, "si un político dice lo mismo a sus propios ciudadanos que a la comunidad internacional en Bruselas, por ejemplo".

Más allá de los sistemas de traducción automática, todavía quedan escollos que no se solucionarán a medio plazo. Un ejemplo es la traducción de todo aquello que implique una gran carga semántica, una traba clásica para la inteligencia artificial. “Ya podemos buscar imágenes similares unas a otras”, recuerda Spector, que toma como ejemplo la torre Eiffel de París. “Cuando vemos ante ella a una pareja abrazada y un atardecer, nosotros [los humanos] interpretamos amor”, mientras que el buscador lo asimila a cualquier otra imagen en la que aparezca el monumento. Conseguir que la tecnología interprete estos mensajes será una de las etapas del que Spector llama “proceso de transparencia total”.