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El tsunami que volverá al Mediterráneo

Un equipo británico analiza el maremoto que arrasó Alejandría en el año 365

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El 21 de julio del año 365 un tsunami devastó la ciudad egipcia de Alejandría, cuyos habitantes quedaron marcados por la catástrofe durante siglos. A finales del siglo VI se recordaba aún como el día del horror la fecha en que los cadáveres flotaban en las calles y los barcos atracaban en los tejados. Un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) afirma ahora haber descubierto el lugar desde el que partió aquella ola gigante y sugiere además que un fenómeno similar podría volver a suceder, incluso antes de lo previsto.

Para identificar el origen de aquel tsunami, el equipo dirigido por el científico Beth Shaw dató con Carbono 14 un grupo de corales de la costa este de Creta que emergió durante la sacudida, según explica New Scientist. La distribución de los corales y su edad idéntica indica que todo el arrecife fue elevado por un solo terremoto. Los investigadores creen que el único fenómeno con la potencia necesaria para dar un empujón de esa magnitud sería un terremoto originado en una falla de la fosa Helénica.
Los científicos desarrollaron un modelo informático para recrear los efectos provocados por aquel desplazamiento tectónico. Calcularon que habría desencadenado una ola -similar a la que arrasó el sureste asiático en 2004- que llegó hasta la costa africana, asolando Alejandría y el delta del Nilo.

Uno cada ocho siglos

Un deslizamiento de las placas similar al que causó el tsunami en el año 365 sólo debería producirse, en principio, cada 5.000 años. Sin embargo, según explica Shaw, es posible que otros segmentos de la falla se desplacen de un modo similar. En ese caso, un terremoto con la misma capacidad destructiva podría reproducirse cada ocho siglos. “La incógnita está en si la falla que se desplazó es única o es una de muchas que podrían deslizarse en el futuro”, opina el investigador de la Universidad de Colorado en Boulder (EEUU) Roger Bilham.

Los autores del estudio continuarán investigando la zona, para hacer más previsibles este tipo de fenómenos. En esta dirección apunta también la creación de una red europea de alerta de tsunamis. Este año se comenzarán a colocar boyas de detección, que hoy faltan en algunas zonas, para vigilar las áreas sensibles de origen de los tsunamis. Cuando el sistema esté plenamente operativo, se podrá disponer de información sobre maremotos en el Mediterráneo europeo en menos de 10 minutos.
En 2003, un terremoto de 7 puntos en la escala de Richter con epicentro en Argelia provocó un tsunami que alcanzó las Baleares y destrozó un número importante de embarcaciones. Un ejemplo que muestra el riesgo real de padecer un tsunami.

Es posible que el historiador griego Tucídices fuese el primero en relacionar una ola gigante con un terremoto. Lo hizo cuando conoció el tsunami que golpeó el golfo de Maliakos, en Grecia, el año 426 a.d.C. . Su compatriota Herodoto, considerado el padre de la historia, había explicado otro tsunami, el de Potidea (Grecia) en 497 a.d.C., como una consecuencia de la ira del dios Poseidón.

Este tipo de interpretaciones sobrenaturales no había desaparecido siglos después, cuando en 365 d.C otro seísmo provocó la ola gigante que anegó la ciudad egipcia de Alejandría. Algunos cronistas de la época interpretaron el desastre natural como una muestra de la contrariedad divina por la muerte, dos años antes, del emperador romano Juliano, que había intentado restaurar la religión pagana ante el dominio cristiano.