La amenaza invisible del ruido: cómo proteger nuestra audición en la vida cotidiana

"Oigo, pero no entiendo". Esta es, probablemente, la frase más repetida por quienes comienzan a notar una pérdida auditiva. En mi consulta, cada vez son más frecuentes los pacientes jóvenes que manifiestan este tipo de síntomas, especialmente en lugares con ruido ambiente. En muchos casos, se trata de una pérdida neurosensorial precoz, algo que hasta hace no mucho asociábamos sobre todo a personas mayores de 50 años.
A este respecto hay que dejar una advertencia clara: la exposición prolongada a sonidos por encima de los 90 decibelios, sin protección, puede causar daños irreversibles en nuestro sistema auditivo. Y este riesgo se multiplica cuando existe predisposición genética.
Entornos de riesgo
Tradicionalmente, el ámbito laboral —en especial sectores como la construcción— ha sido el principal entorno de riesgo. Herramientas como martillos neumáticos, taladros o sierras eléctricas generan sonidos pulsátiles e intensos que, con el paso del tiempo, deterioran la cóclea, la estructura del oído interno encargada de procesar el sonido según su frecuencia.
Pero hoy los focos de riesgo se han ampliado. Las discotecas, los festivales, los conciertos o incluso determinadas fiestas populares presentan niveles de ruido que pueden alcanzar o superar los 140 decibelios. Dependiendo de la intensidad del sonido, unos pocos minutos de exposición sin protección constituyen un serio peligro para nuestros oídos. A mayor intensidad sonora, menos tiempo es necesario para causar daño.
En algunos casos, tras una exposición a ruido intenso, los pacientes nos cuentan que escuchan pitidos (acúfenos) o notan sensación de taponamiento o molestias óticas durante horas o días. Es una señal de alarma clara: nuestro nervio auditivo se está "quejando".
Otro hábito cotidiano que merece especial atención es el uso de auriculares. Nos hemos acostumbrado a llevarlos puestos para ir al trabajo, hacer la compra o simplemente pasear, y muchas personas los usan durante más de dos horas al día. Según el volumen, esto puede equivaler a estar trabajando con maquinaria pesada sin protección auditiva.
Daños sin marcha atrás
En consulta, el daño más común que vemos en una audiometría es una caída de audición en torno a los 4.000 hercios. Lo llamamos escotoma auditivo, y es característico del traumatismo acústico. Lo preocupante es que este daño, una vez producido, no es reversible.
Por eso, mi principal recomendación es clara: prevención. Si sabes que vas a exponerte a un entorno ruidoso, usa tapones o cascos que amortigüen el sonido. Hoy incluso contamos con relojes inteligentes que nos avisan cuando el nivel de decibelios supera el umbral de riesgo. Protege tus oídos antes de que sea tarde.
Y si ya has empezado a notar que oyes pero no entiendes, no lo dejes pasar. Acude al otorrinolaringólogo para poder filiar tu hipoacusia y así poder aconsejarte. La protección auditiva puede marcar la diferencia, no esperes a perder audición para darle a este sentido la importancia que tiene.
