Tel Aviv agita el fantasma del Gran Israel para arrasar el sur del Líbano
Israel se dispone a ocupar el 10% del territorio libanés y para ello aplica la misma estrategia que en la Franja de Gaza: bombardear a civiles, destruir infraestructuras básicas para su supervivencia.

Madrid--Actualizado a
La cercanía del municipio libanés de Kafr Kila con la frontera israelí ha sido su sino. Los recurrentes enfrentamientos entre Líbano y el país vecino han llevado a esta y a otras localidades del sur a experimentar una progresiva sangría poblacional. El anuncio de invasión inminente por parte del Gobierno israelí el pasado 24 de marzo ha puesto en alerta a los pocos habitantes que quedan en las poblaciones libanesas cercanas a la frontera. En las últimas semanas, el bombardeo masivo de Israel contra infraestructuras civiles ha provocado desplazamientos masivos hacia el norte del país y fuera de sus fronteras.
Ahora, Israel se dispone a ocupar militarmente las tierras que separan la frontera sur de Líbano con el río Litani y que suponen, aproximadamente, el 10% del país. Este avance militar se acerca peligrosamente a los objetivos territoriales del Gran Israel. Según este proyecto, las fronteras del país deben expandirse e integrar parte de los estados vecinos, en consonancia con lo prometido "al pueblo elegido de Dios" en la Biblia.
Parece inverosímil que el objetivo final de Israel sea este "excéntrico y mesiánico plan", como lo describe Haizam Amirah Fernández, director y fundador del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC). Sin embargo, las declaraciones de algunos dirigentes israelíes "dejan poco margen a la interpretación". En palabras de Amirah Fernandez, resulta obvio que el plan del actual Gobierno israelí es "trasladar la frontera de Israel hasta el interior de Líbano".
"No sería la primera vez que ocurre", recuerda Nour Shawaf, responsable de políticas humanitarias de Intermón Oxfam en Líbano. "Tengo 35 años y esta es, como mínimo, la quinta guerra que presencio", lamenta la antropóloga libanesa. En varias de ellas, las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF por sus siglas en inglés) invadieron el sur del Líbano de forma puntual o prolongada.
En total, desde el nacimiento del Estado israelí en 1948, Tel Aviv ha invadido oficialmente este territorio hasta en tres ocasiones: en 1979, 1982 y 2006. Incluso, mantuvo su presencia entre el año 1985 y el 2000. Durante estas incursiones, Israel estableció vínculos con algunas milicias cristianas de Líbano, algunas de las cuales cometieron matanzas como la de Sabra y Shatila, en la que 3.500 civiles de todas las edades fueron asesinados.
Gabriel Garroum Plà, profesor de relaciones internacionales en la Universidad Pompeu Fabra y analista del CEARC, cree que, con la nueva invasión del sur de Líbano, es posible que la coalición de extrema derecha que gobierna Israel busque nuevos aliados dentro del país en un intento de hacer "implosionar social y políticamente" el país, que aún arrastra el trauma de una larga guerra civil (1975-1990).
Si durante los noventa el objetivo común de Israel y sus milicias aliadas era abatir a la Organización por la Liberación de Palestina -movimiento político- militar laico y nacionalista palestina liderada por Yasser Arafat-, ahora lo sería acabar con Hezbolá. El grupo armado chií libanés se encuentra debilitado desde que Israel matara a su líder, Hassan Nasrallah y otros altos cargos en septiembre de 2024.
Tras dos meses de enfrentamientos en Líbano, Israel y Hezbolá firmaron un alto el fuego en noviembre de 2024. La tregua nunca fue del todo efectiva. Durante el primer año del cese de las hostilidades, la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL) registró alrededor de 11.400 violaciones del alto el fuego. "Prácticamente todas provenían del lado israelí", afirma el propio informe de la UNIFIL.
La agresión de las fuerzas combinadas de EEUU e Israel contra Irán -estado aliado de Hezbolá- el pasado 28 de febrero, fue la chispa que terminó por enterrar el cese de las hostilidades. A pocos días de que se cumpla un mes de esta nueva guerra, Israel ha dado un paso más en su estrategia en Líbano. "Esto es más grave que lo ocurrido en 1982 y 2006", afirma Garroum Plà. "Es un Israel más desatado y las consecuencias pueden ser peores", augura.
Situación humanitaria
Hezbolá atacó el norte de Israel el 1 de marzo en respuesta a la agresión de Washington y Tel Aviv a Teherán. En respuesta, Israel ha bombardeado numerosos puntos de la geografía libanesa, acabando con la vida de 1.100 personas según los datos del Ministerio de Salud Pública de Líbano. En cambio, solo se ha reportado la muerte de un civil israelí a manos de Hezbolá. A diferencia de lo ocurrido en otras ocasiones, el blanco de los ataques de Israel no han sido únicamente los barrios y localidades de mayoría chií en los que hay presencia de Hezbolá. Israel ha atacado también barrios y municipios de mayoría cristiana, como la aldea de Aitou, al norte del país.
Todo ello ha provocado un éxodo de proporciones descomunales: alrededor de un millón de personas se han visto forzadas a desplazarse para ponerse a salvo, según ACNUR. De ellos, 340.000 son niños y niñas. En este punto es necesario recordar que Líbano tiene poco más de 10.400 kilómetros cuadrados, similar al tamaño de las provincias españolas de Navarra o de Asturias. La diferencia es que mientras en estos territorios tienen menos de un millón de habitantes, en Líbano conviven 5,3 millones de personas.
En consecuencia, la situación en albergues y refugios temporales está llegando al límite. "Si caminas por las calles de Beirut hoy, encontrarás a gente durmiendo en sus coches y en las calles", evidencia Nour Shawaf, de Intermón Oxfam. La crisis humanitaria viene amplificada por la difícil situación económica que atraviesa el país desde hace años, abunda la experta. Mientras explica esto a Público, el sonido de un dron interrumpe su relato. No esconde su preocupación: "Todo el mundo está muy asustado, la ferocidad que hemos visto en Gaza se está reproduciendo aquí".
Gaza como modelo
Bajo el argumento de la "defensa propia", el 22 de marzo Israel comenzó a volar por los aires los 15 puentes y pasos que conectan las dos orillas del río Litani. Este afluente nace en el noreste de Líbano y, antes de desembocar en el Mediterráneo, atraviesa horizontalmente la mitad sur del país. Es, por tanto, una frontera natural que separa la región sur del resto del territorio libanés.
Ya el 4 de marzo, el portavoz árabe de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), Avichay Adraee, pidió a quienes vivían al sur del río debían abandonar sus hogares. "Cualquier movimiento" que el ejército israelí detectara por debajo de la frontera fluvial, aseguró Adraee, "pondría en peligro vuestras vidas". A esta sugerencia de desplazamiento le han seguido otras, siempre bajo el argumento de la necesidad de Israel de acabar con "las actividades terroristas" de Hezbolá.
Sin embargo, las evidencias muestran que el ejército de Israel no está atacando únicamente los lugares habitados y controlados por los miembros de la milicia chií. "Cuando bombardeas infraestructuras hídricas, esenciales para la supervivencia [de la población], hospitales y escuelas, no estás bombardeando a Hezbolá, sino a civiles", incide Shawaf.
A esta lista de agresiones, el presidente libanés, Joseph Aoun, ha sumado la contaminación de las tierras agrícolas del sur del país a manos de Israel. En total, Israel ya ha arrasado una decena de municipios del sur de Líbano, entre ellos Kfar Kila, Houla, Kfar Shouba, Yaroun, o Khiam.
"Vaciar un territorio de sus habitantes tiene un nombre, que es limpieza étnica", expone Haizam Amirah Fernández. El experto evidencia que esta es la misma receta que aplicó Israel en la Franja de Gaza con el pretexto de acabar con Hamás. "El proyecto sionista es anterior a la existencia de Hamás y Hezbolá", evidencia Amirah Fernández. "Parte de los dirigentes sionistas buscaban que Israel fuera una fuerza hegemoníca en Oriente Medio, mediante la eliminación de los competidores regionales y el aumento del territorio de Israel con el menor número posible de nativos árabes".
Este proyecto se inició con éxito en 1948, cuando los dirigentes sionistas fundaron el Estado de Israel. A base de desafiar de forma continua y impune el derecho humanitario internacional y las resoluciones de la ONU -que establecen de forma muy clara cuáles son las tierras palestinas-, el proyecto sionista no ha parado de cosechar triunfos. Actualmente, Israel controla más de la mitad del territorio de la Franja de Gaza, incumpliendo las condiciones del alto el fuego impuestas por EEUU, mientras que en Cisjordania la anexión de tierras palestinas se ha acelerado.
Los tres expertos consultados por Público coinciden en que ha sido la falta de consecuencias del genocidio en Gaza lo que ha envalentonado a Tel Aviv a aventurarse en el actual proyecto militar en Líbano.


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