Aprende la regla del ‘ABCDE’ si quieres evitar el cáncer de piel

Tal y como alerta la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), una de cada 6 personas padecerá algún cáncer de piel a lo largo de su vida. En concreto, los principales factores de riesgo para su desarrollo son la exposición solar, y sobre todo la excesiva exposición al sol en las primeras etapas de la vida. No hay que olvidar que la piel tiene memoria.
En concreto, el cáncer de piel más frecuente es el carcinoma basocelular, seguido del carcinoma espinocelular; siendo el menos frecuente aún, pero el más preocupante, el melanoma maligno. A este respecto, cabe señalar que anualmente se diagnostican más de 6.000 nuevos casos de melanoma en España, y unos 78.000 de cáncer de piel cutáneo no melanoma.
Pero, además, no todas las personas son igual de susceptibles a la hora de desarrollar esta patología, siendo las que tienen la piel más clara la que más posibilidades acumulan, así como quienes presenten antecedentes familiares de melanoma, o bien quienes cuenten con lunares en su piel, o estén inmunodeprimidos.
Asimismo, hay estudios científicos que han evidenciado que los niños menores de cuatro años que toman el sol de forma intensa, y sin protección, tienen un riesgo mucho mayor de aparición de melanoma en la edad adulta; no hay que olvidar que la piel tiene memoria.
Prevenir el cáncer de piel
No obstante, la buena noticia es que el cáncer de piel se cura si sabemos detectarlo a tiempo, y para ello hay que chequearse la piel con frecuencia y revisar aquellos lunares que nos inquieten. Aquí es donde entra en juego la regla del ‘ABCDE’. Otra forma de prevenirlo es evitando la exposición solar al máximo, así como emplear la fotoprotección solar siempre que salgamos de casa, más si vamos a estar a la intemperie.
Precisamente, la regla del ‘ABCDE’ consiste en un sencillo método de autoexploración que nos puede alertar sobre la existencia de un cáncer de piel. Tan sólo basta con recordar cinco palabras, cuyas letras iniciales coinciden con las cinco primeras del abecedario, a la hora de observar y de analizar los lunares de nuestro cuerpo, que son uno de los principales indicadores del melanoma:
• A de asimetría, la mitad de un lunar se ve diferente de la otra, no son simétricas.
• B de bordes irregulares, los bordes irregulares, mal definidos o borrosos pueden ser un signo de melanoma.
• C de color irregular, los lunares particularmente oscuros o multicolores pueden conllevar riesgos; los negros aumentan la sospecha.
• D de diámetro por encima de los 6 milímetros.
• E de evolución, por si varían en el tiempo; de manera que un lunar que modifica su tamaño, forma o color y pica, se inflama o sangra debe ser controlado por un especialista.
Así, si detectamos que no todo el lunar se observa igual, de forma asimétrica, presenta cambios en los bordes, se torna de un color más ennegrecido, aumenta su diámetro a más de medio centímetro, o que simplemente evoluciona en cuanto a su tamaño o forma, debemos acudir enseguida a un especialista.
La rapidez en el diagnóstico, clave para un tratamiento eficaz
Aunque la aparición de alguno de estos cambios en los lunares no siempre está relacionada con lesiones malignas, sí que conviene estar atentos para detectar aquellos casos donde pueda ser peligroso, dado que la rapidez en el diagnóstico es fundamental de cara a un posible tratamiento.
Es más, siempre la visita al dermatólogo es vital en el caso de notar cualquier alteración en los lunares o en la piel. Se trata además de una revisión que debe incluirse en el chequeo médico anual.
Para el diagnóstico del cáncer de piel los dermatólogos hoy en día hacen uso de la dermatoscopia digital, una técnica que no sólo revela el estado de los lunares, sino que permite igualmente detectar a tiempo la existencia de nuevas lesiones.
A su vez, hoy en día se han dado pasos de gigante en la extirpación de lesiones malignas en un procedimiento que se conoce como ‘Cirugía de Mohs’, una técnica quirúrgica empleada en dermatología que también facilita el analizar de forma inmediata el alcance de la lesión, evitando la destrucción del tejido sano, y promoviendo un alto porcentaje de curación de estas neoplasias.
