El ayuno intermitente, una opción ancestral para adelgazar

Doctor José Manuel García Almeida y Lara Dalla Rovere
Jefe de Endocrinología y Nutrición y nutricionista del Hospital Quirónsalud Málaga respectivamente
A lo largo de la historia de la humanidad, filósofos, pensadores, médicos y religiosos, de diferentes civilizaciones, han practicado el ayuno como forma de llegar a la iluminación espiritual, por autodisciplina o por cualquier otro motivo, ya que creían que ayunar tenía un poder terapéutico tanto para el cuerpo como para la mente o el espíritu. Los griegos elogiaban los beneficios del ayuno y, cuentan, que Pitágoras exigía a sus alumnos ayunar antes de entrar a sus clases. Realmente todo el mundo ayuna, ya que durante el sueño, no se ingiere ningún alimento desde la cena hasta el desayuno. Hoy en día el ayuno intermitente se ha convertido en una técnica para perder peso y mejorar la salud. Consiste en alargar el tiempo que pasamos sin consumir alimentos.
El objetivo de esta pauta nutricional es conseguir efectos positivos para el organismo, al no consumir alimentos durante un número determinado de horas, se logra perder peso y controlar el apetito. En el caso del ayuno intermitente, se propone ampliar el rango de horas de no ingesta, siendo una de las fórmulas más utilizadas la de ocho horas de ventana de comida y dieciséis de ventana de ayuno. Sin embargo, hay que tener muy claro que el ayuno intermitente no es una dieta, y siempre hay que realizarlo bajo el control de un especialista, es una estrategia dietética que alterna breves periodos de ayuno y periodos de alimentación sin restricciones.
Dado el gran interés que ha provocado entre la población el ayuno intermitente, la comunidad médica ha realizado diferentes estudios acerca de sus beneficios y se ha demostrado que hasta ahora no se había considerado el rol de las horas de alimentación como método para controlar el metabolismo, pero ya se empieza a ver que produce efectos beneficiosos para el cuerpo. Entre los beneficios que aporta el ayuno intermitente en el organismo están, además del control de peso y del apetito, una mejoría de la hipertensión, un aumento de la sensibilidad a la insulina y de consecuencia un mejor control de los niveles de glucemia. Esto es importante ya que la insulina es la hormona que segrega el páncreas cuando comemos; es la encargada de regular el nivel de azúcar en el torrente sanguíneo. Por lo tanto, si aumenta la sensibilidad a la insulina, será necesario producir menos cantidad para nivelar los valores de glucosa en sangre. Todo esto es fundamental para el control de peso y el apetito.
Cuando una persona deja de consumir alimentos sólidos de forma voluntaria durante un periodo de tiempo determinado, el nivel de insulina desciende y el organismo recibe una señal para empezar a quemar la energía almacenada, es decir el cuerpo utiliza la que tiene en el “almacén” para usarla como energía. En otras palabras, el metabolismo del organismo consume sus propias reservas. Es importante recordar que esta perdida de grasa es posible si realmente el total de las calorías ingeridas en las horas de ventana de comidas son menores de las que se gastan, ósea si se crea un déficit calórico. Claramente, esto es muy probable si se reducen las horas de ingesta. Sin embargo, comparado con una dieta normal hipocalórica, no hay evidencia de que se obtenga una mayor perdida de peso.
Existen diferentes tipos de ayuno intermitente, según la frecuencia y la duración del tiempo sin tomar alimentos: los ayunos cortos, de menos de 24 horas y los ayunos largos, de 24 horas o más. Entre los primeros, las fórmulas más frecuentes son la de 12:12 (12 horas de ayuno que pueden ser durante la noche) y la 16:8 (se realizan todas las comidas durante un periodo de 8 horas y se ayuna las 16 restantes). Esta fórmula, normalmente, se puede hacer a diario y un ejemplo para seguirla sería hacer todas las comidas entre las 11.00 y las 19.00 horas, o saltarse el desayuno y comenzar a comer a las 14.00 y cenar a las 22.00; o bien desayunar a las 09.00 y realizar una merienda-cena a las 18.00 horas. Esto implica hacer dos o tres comidas en el intervalo de 8 horas. Cada persona elegirá el horario que mejor le vaya a su ritmo de vida y actividades.
Entre los ayunos largos se utiliza la versión 5:2 que consiste en comer de manera normal durante 5 días y restringir durante dos días las calorías que se van a ingerir. También se pueden realizar ayunos de 24 horas, se ayuna de cena a cena o bien de comida a comida. Por ejemplo: se cena el primer día, al día siguiente hay que saltarse el desayuno y la comida y, se vuelve a cenar ese segundo día. Este tipo de ayuno intermitente, se suele hacer una o dos veces por semana. Durante las horas de ayuno se pueden, o mejor, se deben tomar líquidos como agua, café solo (sin azúcar y sin leche), té e infusiones sin endulzar, o caldo de huesos o de verdura filtrado.
Se debe tener en cuenta que una dieta saludable debe ser rica en alimentos que aportan fibra, vitaminas y minerales, como fruta y verdura, pero no puede faltar el aporte proteico de la dieta por reducir las horas de ingesta. Por lo tanto, si se va a iniciar un ayuno intermitente, es aconsejable consultar con un médico o nutricionista para que pueda adaptar la estrategia nutricional a cada caso particular y para que evitar carencias nutricionales. Los especialistas en nutrición sugieren romper el ayuno con una primera comida rica en proteínas, como huevos, carne, pescado o lácteos, u otras opciones vegetarianas. Y, lo más importante, cualquier método que se quiera seguir para perder peso debe estar controlado y supervisado por un médico especialista ya que mal planteado puede ocasionar trastornos alimentarios y poner en peligro la salud.
