Con el chupete, dos años basta: consejos frente a este aliado de los padres

Laura Sánchez Soria
Especialista en enfermería pediátrica del Hospital Quirónsalud San José de Madrid
El chupete puede ser un buen aliado en la primera etapa de la vida, pero un uso excesivo lo convierte en un enemigo que deja huella en el desarrollo de nuestros niños. Y es que no lo olvidemos: el límite máximo de uso fijado por las principales sociedades científicas son los dos años. Después de esa edad, el chupete debe desaparecer.
El problema es que en nuestro día a día en la consulta nos encontramos en muchas ocasiones con una escena bastante habitual: niños que, aun teniendo ya varios años, siguen utilizando el chupete de manera cotidiana.
Como decimos, el chupete puede ser un gran amigo de los padres, ayudando a calmar al bebé, favoreciendo el sueño y reduciendo la ansiedad del menor. De hecho, son diversos los estudios científicos que han mostrado que su uso disminuye el riesgo de muerte súbita, y proporciona consuelo y calma incluso en procedimientos médicos o en momentos de dolor.
Ahora bien, el problema surge cuando, por comodidad o miedo al llanto, los padres mantienen el chupete durante más tiempo del necesario, tal y como insistimos en muchas consultas a los progenitores y es aquí donde esa ayuda se convierte en un problema.
Posibles consecuencias del empleo del chupete
Cuando su uso se prolonga más allá del tiempo recomendado, este objeto se puede convertir en un enemigo silencioso para la salud infantil, y puede traer consigo consecuencias tan importantes como:
Problemas dentales: malformaciones en la boca, desplazamiento de los dientes hacia adelante y alteraciones en la mordida.
Dificultades en el habla: retrasos en la adquisición del lenguaje y problemas de pronunciación.
Infecciones: un chupete mal higienizado puede ser vehículo de bacterias y favorecer infecciones de boca y de oído.
Dependencia emocional: dificultad para dormir o calmarse sin él, generando más ansiedad, en lugar de menos.
Acotar el máximo posible el empleo del chupete
Así, algunas de las recomendaciones que siempre comentamos en la consulta serían:
Limitar su uso a momentos puntuales de sueño y de descanso o situaciones concretas de consuelo.
Retirarlo de forma progresiva a partir del año de vida, con la idea de eliminarlo completamente antes de los 2 años, implicando siempre a toda la familia para evitar mensajes contradictorios.
Ofrecer alternativas de consuelo como el contacto físico, cuentos o canciones.
Refuerzo positivo cuando el niño logra estar sin chupete.
Como profesionales de la salud, nuestra labor también es acompañar a las familias en la transición hacia una retirada adecuada y progresiva del chupete. No olvidéis que, ante cualquier duda, estamos aquí para orientaros y ayudaros.
