Evita sequedad, grietas y pérdida de luminosidad con estos cuidados de la piel en invierno

Dra. María José Espiñeira
dermatóloga especialista de la Unidad de Medicina Estética y del servicio de Cirugía Plástica y Reparadora del Hospital Quirónsalud Córdoba y del Centro Médico Quirónsalud Jaén.
El frío pasa factura a nuestra piel si no la cuidamos. Con las bajas temperaturas corremos el riesgo de que ésta se seque, aparezcan las dolorosas grietas, y se pierda luminosidad. Nunca es tarde para protegerla y para ello son esenciales una serie de recomendaciones.
En primer lugar, y para conseguir mantener la piel protegida del frío, es necesario seguir hidratar adecuadamente todo el cuerpo, especialmente la cara y las manos, ya que son las partes más expuestas a las bajas temperaturas.
Precisamente, una crema emoliente adecuada con lanolina y urea ayudará a mantener la piel sana durante el invierno. Asimismo, no debemos abusar de duchas y de baños de agua caliente. En este sentido, lo ideal y mejor para nuestra dermis es el agua tibia, y no ducharse más de una vez al día, ya que esto aumentaría la deshidratación de la piel.
El cuidado de la piel debe extremarse con el frío
Y es que el cuidado de la piel en invierno no debe olvidarse, sino que todo lo contrario, debe extremarse, puesto que existen factores asociados a esta época del año que afectan de forma negativa a la dermis, como las bajas temperaturas, la escasa humedad ambiental, el calor seco de las calefacciones, y los cambios bruscos de temperatura.
Precisamente, con el descenso de las temperaturas, la piel se vuelve más pálida debido a que los capilares se contraen, al mismo tiempo que también disminuye la producción de grasa y hay una mayor deshidratación cutánea, lo que hace que la piel se vuelva más seca, descamada y fisurada y, en consecuencia, más sensible e irritada.
No hay que olvidar en esta época del año las actividades en montaña, donde existe un mayor peligro de quemaduras solares. De hecho, con la altitud disminuye el espesor de la atmósfera capaz de absorber y de dispersar la radiación ultravioleta, y a esto se suma el efecto reflejo de la radicación que produce el hielo, sobreexponiendo de esta manera la piel.
Además, hay que tener especial cuidado con los cambios de temperatura al entrar y al salir de los locales con calefacción, pues el paso rápido del frío al calor, y viceversa, es negativo para la piel, sobre todo para las más sensibles. Por tanto, no hay que olvidar nunca la fotoprotección, especialmente cuando se hacen actividades de montaña, y en la nieve.
Tratamientos médicos más indicados
En este sentido, el invierno es la mejor época del año para realizar tratamientos despigmentantes intensivos, como la luz pulsada intensa, también conocida por sus siglas en inglés IPL (intense pulse light). Para realizar un tratamiento con IPL, la piel no debe estar bronceada, por lo que las fechas más adecuadas para estos tratamientos son los meses de otoño e invierno.
Consiste en una fuente de luz policromática emitida en forma de pulsos, cuyo efecto se basa en la fototermólisis selectiva, que establece que la energía suministrada a un tejido tiene una acción selectiva sobre una molécula diana, denominada ‘cromóforo’ (tales como la melanina, el agua, y la hemoglobina), sin afectar a las estructuras adyacentes, o haciéndolo mínimamente.
A la IPL se le aplican filtros que permiten acotar el rango de longitudes de onda emitidas, con el objeto de realizar tratamientos más precisos de distintas patologías, lo que le permite una gran versatilidad de tratamientos, desde lesiones pigmentadas o vasculares, hasta fotodepilación o fotorejuvenecimiento. Esta técnica, a su vez, reduce los signos del envejecimiento, elimina las marcas del estrés en el rostro, y las manchas provocadas por el sol, entre otras ventajas.
Con todo ello, hay que recordar que no es cierto que la piel no necesite de tantos cuidados en las épocas de frío porque haya menos radiación solar, ya que el frío afecta a todo nuestro organismo y también a la piel, que se encuentra expuesta a las inclemencias climatológicas, siendo las mejillas, los labios, el cuello, el escote, y las manos, las zonas más sensibles a las bajas temperaturas, al estar más expuestas.

