Si quieres empezar una dieta antiinflamatoria, esto es lo que tienes que hacer

Oihane Fuertes Vega
Especialista en Nutrición del Hospital Quirónsalud Vitoria
La dieta con potencial antiinflamatorio puede favorecer el descanso, la sensación general de bienestar, y la vitalidad. Es una forma de alimentación que proporciona nutrientes de alta calidad, y que ayuda al funcionamiento total del organismo. Y es que lo que comemos no sólo nos aporta energía, sino que también puede influir en los procesos inflamatorios del organismo. De hecho, en los últimos años ha ganado protagonismo este tipo de patrón alimentario, una pauta nutricional que busca reducir la inflamación crónica de bajo grado.
En concreto, la inflamación es una reacción natural del organismo frente a las infecciones, lesiones, o agentes externos. El problema aparece cuando esa respuesta se mantiene en el tiempo, y se convierte en una inflamación crónica de bajo grado. De hecho, este tipo de inflamación puede actuar como factor de riesgo para el desarrollo de la obesidad, de la diabetes tipo 2, o de ciertas patologías cardiovasculares.
Por eso, en muchas ocasiones, decantarse por una dieta antiinflamatoria es un primer paso y un pilar fundamental en ese camino por reducir esa inflamación crónica de bajo grado que, por desgracia, impera actualmente en nuestra sociedad.
En general sí es apta para todo el mundo, aunque los expertos defienden que, siempre conviene individualizar la pauta, y consultar con un especialista en Endocrinología y Nutrición, especialmente si existen enfermedades o intolerancias. Hay que recordar que no hay dietas universales, por lo que es necesario conocer cada caso.
Cómo empezar una dieta antiinflamatoria
¿Cómo podemos iniciarnos en la dieta antiinflamatoria? Lo primero que hay que tener claro es que no hay que eliminar determinados alimentos desde el principio. El enfoque no es prohibitivo, sino que deben priorizarse los alimentos frescos y de calidad, y reducir aquellos menos recomendables.
De hecho, lo más efectivo es empezar poco a poco. Un primer paso muy fácil es incluir cada día dos o tres alimentos que pueden proteger frente a la inflamación. También es útil llevar un registro de lo que se come, ya que aumenta la conciencia alimentaria, y ayuda a ir dejando de consumir otros productos menos aconsejables.
Por ello, el objetivo no es la restricción total, sino hacer cambios de manera progresiva y sostenible en el tiempo. Esto permite tener una mejor relación con la comida e influye de manera positiva en la salud a largo plazo.
Qué comer y qué no en la dieta antiinflamatoria
En concreto, este tipo de alimentación se centra en añadir alimentos que ayudan a combatir la inflamación, pero también en reducir aquellos que pueden favorecerla. Se trata de un enfoque global que prioriza la incorporación de alimentos frescos y poco procesados, más que la eliminación radical de grupos alimentarios como hemos comentado.
Así, hay que dar prioridad al consumo de alimentos frescos y naturales; siendo los más destacados:
• Frutas como frutos rojos.
• Verduras de hoja verde.
• Tubérculos como la patata o la remolacha.
• Proteínas magras, que aportan el pescado azul o las aves.
• Grasas saludables, que contienen el aceite de oliva, el aguacate, o los frutos secos.
• Cereales integrales.
• Alimentos fermentados como el yogur natural, o el kéfir.
• Especias como la cúrcuma o el jengibre, ricas en compuestos bioactivos.
En cambio, hay ciertos productos que pueden contribuir a un estado inflamatorio que, aunque no hay que prohibirlos de forma absoluta, sí es aconsejable reducir su presencia en la dieta habitual, entre los que se encontrarían:
• Aceites vegetales refinados ricos en omega 6.
• Algunos cereales con gluten.
• Lácteos de vaca.
• Alimentos ultraprocesados.

