Qué sabemos hasta ahora de las razones por las que el cáncer colorrectal es cada vez más frecuente en jóvenes

Dra. Vilma Pacheco Barcia
Jefa de Servicio de Oncología Médica, Hospital Universitario La Luz (Madrid), y experta de la Unidad de Tumores Digestivos, One Oncology Madrid Quirónsalud
En las últimas dos décadas hemos observado un cambio muy llamativo: mientras la incidencia global del cáncer colorrectal en mayores de 50 años tiende a estabilizarse, o incluso a disminuir gracias a los programas de cribado, en los menores de 50 años está aumentando de forma sostenida. En Europa, un análisis de 20 países mostró que entre 1990 y 2016 la incidencia prácticamente se duplicó o triplicó en los grupos de 20 a 39 años, con incrementos anuales especialmente marcados en los más jóvenes.
Uno de los hallazgos más importantes es el llamado ‘efecto cohorte de nacimiento’, y por el que las personas nacidas a partir de 1960 presentan más riesgo que las generaciones previas de desarrollar este cáncer, y ese riesgo se mantiene a medida que envejecen. De hecho, se estima que, si la tendencia continúa, en 2030 hasta el 11% de los cánceres de colon, y el 23% de los cánceres de recto, podrían diagnosticarse en menores de 50 años.
Este fenómeno no es exclusivo de Occidente: también se ha descrito en países asiáticos como Japón, Corea del Sur, o Taiwán; lo que sugiere que estamos ante un cambio global, probablemente relacionado con los factores ambientales, y con el estilo de vida compartidos por generaciones.
Respecto a la mortalidad, los datos muestran una mayor variabilidad según el país. En Estados Unidos ha habido un ligero aumento de mortalidad por cáncer de recto en jóvenes; mientras que, en varios países europeos, la mortalidad se ha mantenido estable o incluso ha disminuido.
Una enfermedad asociada al envejecimiento
Tradicionalmente, el cáncer colorrectal se ha considerado una enfermedad asociada al envejecimiento, con la mayor incidencia a partir de los 60–65 años. Sin embargo, en los últimos años hablamos cada vez más de cáncer colorrectal de inicio precoz (early-onset colorectal cancer), que se define como aquel diagnosticado antes de los 50 años.
Se emplea el término ‘precoz’ porque, históricamente, los programas de cribado poblacional comenzaban a los 50-60 años (aunque en algunos países, como Estados Unidos ya se ha adelantado a los 45). Por tanto, un diagnóstico antes de esa edad ocurre fuera del rango clásico de sospecha y del cribado sistemático que se realiza a partir de los 50.
Aquí, es importante recordar que el cáncer de colon y el cáncer de recto suelen agruparse bajo el término de ‘cáncer colorrectal’, aunque tienen diferencias biológicas y clínicas relevantes. Cuando afecta a personas jóvenes, el diagnóstico suele conllevar un impacto emocional y social especialmente importante, al irrumpir en una etapa de la vida caracterizada por la plena actividad laboral y familiar.
Principales hipótesis que se manejan
A día de hoy, sabemos que el cáncer colorrectal de inicio precoz no puede explicarse por una sola causa. Más bien se trata de un fenómeno multifactorial en el que confluyen factores genéticos, ambientales, metabólicos e incluso relacionados con la microbiota.
El estilo de vida parece desempeñar un papel relevante en el aumento del cáncer colorrectal en menores de 50 años y probablemente constituye uno de los factores más importantes a nivel poblacional. Diversas investigaciones apuntan en esta dirección. En el Nurses’ Health Study II, por ejemplo, las mujeres con obesidad (IMC ≥30 kg/m²) presentaban casi el doble de riesgo de desarrollar cáncer colorrectal de inicio precoz. Estos datos refuerzan la hipótesis de que factores metabólicos como la inflamación crónica, la resistencia a la insulina o determinadas alteraciones hormonales podrían acelerar la carcinogénesis en personas jóvenes.
A ello se suman otros factores dietéticos bien conocidos: el consumo elevado de carne procesada y de alcohol se ha relacionado con un mayor riesgo, mientras que una dieta rica en frutas, verduras, fibra y micronutrientes antioxidantes parece ejercer un efecto protector.
El sedentarismo prolongado es otro factor implicado, especialmente en el cáncer de recto, según datos publicados en el Journal of the National Cancer Institute. Pasar muchas horas sentado parece tener un efecto independiente del ejercicio que se realice después. Además, el consumo elevado de carne procesada y de alcohol se ha vinculado con un mayor riesgo; mientras que una dieta rica en frutas, verduras, fibra y micronutrientes antioxidantes parece ejercer un efecto protector.
A este contexto ambiental se suma la predisposición genética. Entre un 14% y un 25% de los pacientes con cáncer colorrectal de inicio precoz presentan una variante germinal patogénica asociada al riesgo de cáncer. Las más conocidas son el síndrome de Lynch y los síndromes de poliposis, como la poliposis adenomatosa familiar. Sin embargo, gracias a los paneles multigénicos actuales sabemos que también pueden detectarse mutaciones en genes que no se asocian clásicamente al cáncer de colon, como BRCA1/2, CHEK2, ATM o PALB2. Aun así, hay un dato importante: no existe evidencia de que estas mutaciones hereditarias estén aumentando en la población general. Es decir, explican una proporción relevante de casos en pacientes jóvenes, pero no parecen justificar por sí solas el incremento global de incidencia.
Más allá de estos síndromes hereditarios, también se ha descrito un riesgo poligénico, resultado de la combinación de múltiples variantes genéticas comunes que, sumadas, aumentan la probabilidad de desarrollar cáncer. Curiosamente, este riesgo acumulado parece tener un impacto mayor en los menores de 50 años que en los pacientes de mayor edad, incluso en personas sin antecedentes familiares claros. Esto sugiere que algunos individuos podrían presentar una vulnerabilidad biológica mayor frente a determinados estímulos ambientales.
De hecho, hasta un 30% de los pacientes jóvenes refieren algún antecedente familiar de cáncer colorrectal. Incluso excluyendo los síndromes hereditarios conocidos, alrededor del 14–16% tienen un familiar de primer grado afectado. Este dato apunta a la posible existencia de susceptibilidades genéticas aún no completamente identificadas o, en algunos casos, a exposiciones ambientales compartidas dentro del entorno familiar.
Signos de alarma particulares de los jóvenes
El cáncer colorrectal que afecta a personas menores de 50 años se distingue por sus particularidades biológicas y clínicas, diferentes de las que observamos en pacientes de mayor edad. Estas diferencias constituyen un foco de interés central en la investigación actual.
En cuanto a los síntomas, el más frecuente en personas jóvenes con cáncer colorrectal de inicio precoz es el sangrado rectal, aunque también pueden aparecer: cambios persistentes en el ritmo intestinal (diarrea o estreñimiento que no ceden), dolor abdominal mantenido, sensación de evacuación incompleta, pérdida de peso inexplicada, anemia ferropénica (detectada en una analítica, a veces sin síntomas digestivos claros). Muchos de estos síntomas son frecuentes y, en la mayoría de los casos, benignos, por lo que a menudo pasan desapercibidos.
Por eso, su retraso diagnóstico suele ser multifactorial. No obstante, para evitar estos retrasos, las sociedades científicas recomiendan que cualquier persona menor de 50 años con sangrado inexplicado, o con anemia ferropénica sin causa clara, sea evaluada por un especialista, para valorar si requiere la realización de una colonoscopia.
Pronóstico y tratamiento
En última instancia, sobre el pronóstico y la supervivencia, paradójicamente, aunque estos pacientes suelen diagnosticarse en estadios más avanzados y con rasgos histológicos menos favorables, la supervivencia global y específica por cáncer es comparable, e incluso en algún análisis ligeramente superior a la de pacientes de mayor edad. Probablemente, influyen varios factores como el mejor estado funcional y menor carga de comorbilidades, mayor capacidad para tolerar tratamientos intensivos, así como una mayor probabilidad de recibir quimioterapia o esquemas combinados.
Además, en el tratamiento del cáncer de colon en pacientes jóvenes, la clasificación molecular y la caracterización genómica están adquiriendo un papel central. En tumores con inestabilidad de microsatélites, especialmente en el contexto del síndrome de Lynch, la inmunoterapia ha demostrado resultados muy relevantes. Sin embargo, aún se necesitan estudios específicos centrados en población joven para comprender mejor su verdadera sensibilidad a las distintas estrategias terapéuticas.

