Síndrome del intestino irritable: una enfermedad frecuente que afecta a la calidad de vida

Dr. Fermín Mearin Manrique
Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Médico Teknon (Barcelona).
El SII es una alteración crónica del funcionamiento del intestino que padece el 5% de la población, y que se caracteriza por dolor abdominal, hinchazón, y por cambios en el ritmo intestinal, como diarrea, estreñimiento, o la alternancia de ambos; unos síntomas que pueden alterar profundamente la calidad de vida de quienes los padecen.
Es una dolencia real y compleja, por tanto, y que requiere un enfoque integral. Por eso, el objetivo del tratamiento en esta afección digestiva no es sólo aliviar los síntomas, sino también el mejorar la calidad de vida del paciente.
En muchos casos, el SII aparece tras un episodio de estrés intenso, o una infección intestinal aguda. Por eso, su abordaje requiere igualmente una visión biopsicosocial, que tenga en cuenta tanto los factores físicos, como los emocionales.
No hay lesiones orgánicas, un hándicap para los pacientes
Pero, además, se trata de una enfermedad en la que no se observan lesiones orgánicas, pero sí una hipersensibilidad intestinal y alteraciones en la comunicación entre el cerebro y el intestino. Esta relación, conocida como ‘eje cerebro-intestino’, juega un papel clave en el origen de los síntomas.
Es por ello por lo que es frecuente que muchos pacientes reciban el mensaje de que ‘no tienen nada’, lo que genera frustración y una sensación de incomprensión. Por ello, el diagnóstico debe ser claro y acompañado de una buena comunicación médico-paciente.
Principales causas
Así, el síndrome del intestino irritable puede tener múltiples causas y desencadenantes, entre los que destacan:
-Alteraciones del microbioma intestinal.
-Trastornos de la motilidad intestinal (movimientos anormales del tubo digestivo).
-Hipersensibilidad visceral, con una mayor respuesta al dolor o frente a la distensión abdominal.
-Factores emocionales o de estrés.
-Infecciones digestivas previas (gastroenteritis).
-Factores genéticos y hormonales, con mayor prevalencia en mujeres.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico del SII se basa en los síntomas clínicos, ya que no existen pruebas específicas que lo confirmen. Se realiza tras descartar otras enfermedades digestivas, y mediante una evaluación exhaustiva del historial clínico del paciente.
Aunque no existe una cura definitiva, los tratamientos actuales permiten controlar los síntomas en la mayoría de los casos. La evolución, además, es oscilante, y puede haber casos en los que el tratamiento tenga que ser constante y, otros, en los que la medicación se use cuando tiene más episodios de dolor o de diarrea, por ejemplo. En cualquier caso, siempre, el enfoque terapéutico debe ser personalizado, y adaptado al tipo y gravedad de los síntomas.
Un estilo de vida saludable es fundamental
En estos casos, un estilo de vida saludable es fundamental. Se debe mantener una dieta equilibrada y adaptada a la tolerancia individual; al mismo tiempo que en estas situaciones es idóneo evitar comidas copiosas, grasas, o irritantes; pero también practicar actividad física regular; o bien dormir adecuadamente, además de gestionar el estrés.
Precisamente, el SII está estrechamente relacionado con el estrés y con la forma en la que el cerebro percibe las sensaciones intestinales. Por eso, las terapias psicológicas conductuales, como la terapia cognitivo-conductual, o la hipnoterapia dirigida al intestino, pueden ayudar a reducir los síntomas. Estas terapias buscan modificar los patrones de pensamiento y de respuesta al estrés, mejorando la comunicación cerebro-intestino, y el bienestar general.
No existe cura pero sí se pueden controlar los síntomas
Con todo ello, y aunque no existe una cura definitiva, los tratamientos actuales permiten controlar los síntomas en la mayoría de los casos. La evolución, además, es oscilante, y puede haber casos en los que el tratamiento tenga que ser constante, y otros en los que la medicación se use cuando tiene más episodios de dolor o de diarrea, por ejemplo. El enfoque terapéutico debe ser personalizado y adaptado al tipo y gravedad de los síntomas.
Entre las posibilidades de tratamiento para el SII hoy en día se encontrarían:
-Fármacos antiespasmódicos, para aliviar el dolor abdominal.
-Laxantes suaves o no irritantes, en casos de estreñimiento.
-Tratamientos para la diarrea, como la colestiramina.
-Antidepresivos en dosis bajas, utilizados no por depresión, sino por su efecto modulador del dolor visceral.
