El suelo pélvico es igual de importante en el hombre que en la mujer

Dr. Miguel Ángel Jiménez
Jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitari Sagrat Cor de Barcelona.
Cuidar el suelo pélvico es una inversión en bienestar a largo plazo, tanto en las mujeres como en los hombres, aunque esta idea no esté tan extendida. Y es que la prevención y la atención temprana permiten evitar que las pequeñas alteraciones que puedan darse en el suelo pélvico acaben condicionando la vida diaria tanto de los hombres, como de las mujeres.
Precisamente, se estima que entre el 3 % y el 6 % de las mujeres desarrollará algún tipo de alteración del suelo pélvico a lo largo de su vida. Como comentamos, y a pesar de que tradicionalmente se ha puesto el foco en su importancia para la salud femenina, casi dos de cada 10 hombres presenta disfunciones relacionadas con esta musculatura, especialmente asociadas a cirugías urológicas, envejecimiento, o determinados hábitos físicos.
Y es que, cuando el suelo pélvico pierde su capacidad de adaptarse a los esfuerzos cotidianos —toser, levantar peso, moverse— es cuando pueden aparecen las disfunciones. De hecho, en muchos casos no se deben únicamente a una falta de fuerza, sino a alteraciones en la coordinación muscular, o a otras causas subyacentes; por lo que es importante valorar los síntomas desde el inicio.
El correcto funcionamiento del suelo pélvico
En concreto, el suelo pélvico está formado por un conjunto de músculos y de tejidos que sostiene los órganos pélvicos y abdominales, permitiendo que los órganos situados en esta zona (vejiga, uretra, útero, vagina, próstata, vesículas seminales, recto, conducto anal, y aparato esfinteriano) realicen sus funciones.
Su correcto funcionamiento depende no sólo de la fuerza muscular, sino también de la elasticidad y de la capacidad de activarse y de relajarse en el momento adecuado. Por eso, un suelo pélvico sano no es necesariamente el más fuerte, sino el que funciona de forma coordinada.
Principales síntomas que atender
Las alteraciones del suelo pélvico no siempre aparecen de forma brusca ni con un único síntoma. En muchos casos, las molestias son progresivas y se interpretan como cambios aislados, lo que retrasa la consulta.
La debilidad, lesión, o la alteración de los elementos que conforman el suelo pélvico puede manifestarse de diferentes formas, aunque las más habituales son:
Incontinencia urinaria: pérdidas involuntarias de orina o de gases, al reír, al toser, o al hacer ejercicio.
Incontinencia fecal: dificultad para controlar los movimientos intestinales, lo que puede provocar fugas de heces o gases.
Prolapso de órganos pélvicos: ocurre cuando los órganos pélvicos se deslizan hacia abajo y ejercen presión en la vagina, como consecuencia de ese debilitamiento de la musculatura pélvica.
Dolor pélvico crónico: malestar o sensación de peso o de presión en la zona pélvica, que puede empeorar con la actividad física, o durante las relaciones sexuales.
Determinados cambios en la estabilidad lumbar.
Ante la aparición de estos síntomas —especialmente tras el parto, durante la menopausia, después de cirugías pélvicas, o cuando se practica deporte de impacto de forma regular— resulta recomendable realizar una valoración especializada.
Pautas para cuidar el suelo pélvico
No existe una única técnica, ni ejercicios genéricos aplicables a todas las personas. La clave para cuidar el suelo pélvico pasa por un enfoque progresivo y personalizado que combine ejercicio terapéutico, reeducación funcional y, en determinados casos, tratamientos específicos guiados por profesionales especializados.
Los ejercicios de Kegel, orientados a la contracción y a la relajación voluntaria de la musculatura del suelo pélvico, son una herramienta ampliamente utilizada. Sin embargo, su eficacia depende de que se realicen correctamente y de que estén indicados para el tipo de disfunción existente.
Disciplinas como el pilates terapéutico, o el yoga adaptado, pueden resultar beneficiosas cuando se enfocan en el control postural, en la respiración, y en la integración del suelo pélvico en el movimiento global. Estos métodos ayudan a mejorar la conciencia corporal y la coordinación muscular.
Cuando existen síntomas o alteraciones funcionales, el abordaje suele completarse con fisioterapia especializada. Ésta puede incluir terapia manual, mediante técnicas de movilización y de liberación miofascial, orientadas a mejorar la movilidad de los tejidos y a reducir tensiones que interfieren en la función muscular.
En determinados casos, se recurre a técnicas de biofeedback, que permiten al paciente visualizar la actividad de su musculatura pélvica mediante sensores, facilitando el aprendizaje de una contracción y relajación adecuadas, y mejorando el control y la coordinación muscular.
Otra opción terapéutica es la electroestimulación, indicada cuando existe una dificultad importante para activar la musculatura de forma voluntaria. Dispositivos como EMSELLA utilizan campos electromagnéticos de alta intensidad para provocar contracciones musculares profundas de manera no invasiva, como complemento a otros tratamientos, y siempre bajo indicación médica.
En la actualidad el papel del suelo pélvico en la salud funcional está cada vez más reconocido. Cuando se altera, los síntomas pueden ser muy diversos y no siempre se relacionan de forma inmediata con su origen. Desde la Unidad de Suelo Pélvico del Hospital Universitari Sagrat Cor orientamos y acompañamos a cada paciente a partir de una valoración individualizada.
Nuestra prioridad no es sólo la de identificar la raíz del problema, sino también la de acompañar a cada persona con un plan de actuación integral, adaptado a su situación, y coordinado con otras especialidades como la fisioterapia, la urología, o el digestivo.

