Las técnicas frente al diagnóstico y tratamiento de la apnea obstructiva del sueño

Dra. Miriam Navarro Cunchillos
Jefa de la Unidad de Otorrinolaringología del Hospital Ruber Internacional (Madrid)
Ante un diagnóstico de apnea obstructiva del sueño (AOS), si el especialista está recomendando un tratamiento, la decisión más sensata que puede tomar el paciente es llevarlo a cabo sin demora; sabiendo, además, que los procedimientos son ahora más precisos, efectivos, y seguros que nunca.
Actualmente, entre el 25% y el 30% de la población convive a diario con trastornos respiratorios del sueño, un trastorno aún infradiagnosticado, y se caracteriza por producir episodios repetidos de obstrucción parcial o total de las vías respiratorias superiores durante el sueño, lo que impide un descanso reparador y puede tener serias repercusiones en la salud general.
Hay casos muy leves, otros más severos, pero todos deben tratarse.
Hay que entender que cuando una persona nota algún signo de alarma, debe consultar a los especialistas sin perder tiempo.
Precisamente, una apnea del sueño puede ser origen de una hipertensión arterial, de una diabetes tipo 2, de arritmias cardiacas, o bien de infartos de miocardio, ictus o incluso de una muerte súbita. Realmente es un problema de salud que hay que tomarse muy en serio.
Principales síntomas sobre los que consultar
La mayor parte de las veces los pacientes acuden a la consulta motivados por el ronquido, con mucha frecuencia de la mano de la pareja, pero esto es sólo la punta del iceberg. Esas pausas respiratorias que se producen durante el sueño llevan a una fragmentación del sueño y a un mal descanso nocturno que conduce a síntomas durante el día como excesiva somnolencia, a dolores de cabeza, a irritabilidad, a apatía, a sensación como de depresión, a dificultades para concentrarse, o a la pérdida de memoria.
Estos síntomas afectan de forma muy importante también a la calidad de vida de los pacientes, aunque el problema puede ser más grave por las consecuencias que aparecen en la salud del paciente a medio o largo plazo.
En este sentido, las interrupciones respiratorias frecuentes durante el sueño provocan que el oxígeno no llegue bien a los tejidos y a los diferentes órganos del cuerpo cuando estamos dormidos. Y esa mala oxigenación de los distintos tejidos del organismo afecta al sistema nervioso y al corazón. Esto, a largo plazo, va a dar lugar a mucha patología, a lo que llamamos los médicos ‘morbilidad asociada’, que puede ser muy importante y peligrosa.
Un diagnóstico a tiempo
Por eso, un diagnóstico a tiempo es siempre necesario. Aquí, lo idóneo es que el manejo o abordaje de la apnea obstructiva del sueño sea siempre multidisciplinar. Aunque hay varias pruebas, el gold standard (test de referencia de máxima fiabilidad) es la polisomnografía, que realizan e interpretan los neurólogos especialistas en trastornos del sueño.
Para esta prueba, el paciente duerme en el hospital conectado a unos cables que monitorizan la respiración, la actividad cerebral, la tensión arterial, y los movimientos que se producen en distintas partes del cuerpo, como el tórax y las extremidades.
Si existe apnea del sueño, este registro nos cuantificará el número de pausas respiratorias que el paciente tiene por hora, determinando si la apnea es leve, moderada o severa. De hecho, la polisomnografía ayuda a diferenciar la apnea de otros problemas del sueño, como el insomnio, o el síndrome de piernas inquietas.
Las técnicas más avanzadas para el tratamiento
Actualmente, disponemos de buenas herramientas para tratar la apnea del sueño. Si identificamos y tratamos adecuadamente a tiempo un caso de AOS, toda esa enfermedad que lleva asociada ese paciente no la va a desarrollar.
En el ámbito quirúrgico, para la apnea obstructiva del sueño, en el campo específico de los otorrinolaringólogos, destaca la introducción de técnicas avanzadas como la denominada DISE (evaluación endoscópica del sueño inducido por fármacos), con la que cuentan los pacientes del Hospital Ruber Internacional. Esta técnica permite identificar con precisión la localización y el tipo de obstrucción que se está produciendo en las vías respiratorias.
Se realiza en el quirófano. El anestesista le administra al paciente unos medicamentos que producen un sueño muy parecido al sueño natural. Se introduce el fibroscopio en la vía respiratoria estando el paciente dormido y monitorizado, y cuando se ve que tiene una pausa respiratoria, se observa qué es lo que está ocurriendo en la vía respiratoria superior de ese paciente: si tiene un colapso, qué tipo de colapso es, dónde y cómo se produce este colapso; esto nos va a ayudar a elegir el tratamiento quirúrgico más efectivo para ese paciente.
Por ejemplo, si la obstrucción está en las amígdalas o en el paladar blando, se opta por una cirugía específica para esa zona. En otros casos, como una obstrucción a nivel de la base de la lengua, la intervención se dirige en concreto a esa área. Con este procedimiento individualizamos el tratamiento quirúrgico, aumentando considerablemente las tasas de éxito.
Sin embargo, no todos los pacientes son candidatos a la cirugía, especialmente aquellos con obesidad mórbida, o quienes presentan riesgos quirúrgicos elevados; en cuyo caso se prioriza el tratamiento específico de la obesidad con cirugía bariátrica o el uso del CPAP. Para los casos más leves, dependiendo de las características de la apnea, hay alternativas como las terapias posturales, o los dispositivos de avance mandibular.
Precisamente, y además de sentirse muchísimo mejor, hay personas que se manifiestan ‘muy felices’ cuando le ponemos el CPAP, presión positiva continua en vía aérea, porque se encuentran de maravilla al levantarse, una sensación que no comprobaban desde hacía años tras el descanso nocturno.

