'Anatomía de un instante' se lanza al abismo para desmitificar la Transición
La nueva serie de Movistar Plus+ resulta un sorprendente soplo de aire fresco en un panorama audiovisual que rara vez ahonda en las contradicciones de los protagonistas de la Transición.

Madrid--Actualizado a
La muerte del dictador Francisco Franco, la consecuente Transición y el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 -donde la Democracia vivió un momento crítico-, se han contado ya de mil maneras. Se han escrito libros y ensayos; se han compuesto poemas y canciones; y también en la industria audiovisual se ha encargado de producir series y documentales que revivían los convulsos años que daban carpetazo a la dictadura. No obstante, tras casi cinco décadas de Democracia, no hemos tenido muchas películas o series que ahonden en la vida de sus figuras políticas más reseñables.
O al menos, así ha sido hasta ahora. De la mano de Movistar Plus+, el director Alberto Rodríguez adapta Anatomía de un instante, una novela del escritor Javier Cercas, convertida en una excelente serie de cuatro episodios que se estrena este 20 de noviembre. Una rara avis en un panorama audiovisual español que acostumbra a revisitar con frecuencia la Guerra Civil y el franquismo, pero que se ha mantenido relativamente tibio a la hora de enfrentarse a las incógnitas que rodeaban la Transición o el posible papel del emérito Juan Carlos I en el golpe del 23F. Es por eso que esta serie resulta un soplo de aire fresco, pues Anatomía de un instante introduce la cámara allí donde rara vez tiene presencia, en la política de pasillos, notas en papel y susurros, en el "yo te doy, tú me das", para presentar un relato que desenmarañe todos los misterios alrededor de los primeros instantes de vida de nuestra Democracia.
Es común encontrarse, en el audiovisual angloparlante, películas y series dedicadas a retratar a sus políticos y gobernantes, así como aquellos momentos que consideran fundacionales para sus democracias. Es una manera de compartir consigo mismos un relato histórico común, que sirva para explicar qué son sus democracias, de dónde vienen, por qué están dónde están. Es un proceso de autoconocimiento que, a veces, se pierde en la magnitud de sus protagonistas y los rodea de un misticismo tal que llega al punto de convertirlos en figuras casi mitológicas. El propio Cercas señala al comienzo de su libro que, en 2008, "una cuarta parte de los británicos pensaba que Winston Churchill era un personaje de ficción". Algo de lo que, sin duda, tendrá buena culpa las decenas de adaptaciones fílmicas de su vida, y de que la mayoría de los británicos relacione al ex primer ministro con un extenso capítulo de sus libros de Historia.
Anatomía de un instante se enfrentaba al problema de caer en la mistificación de sus protagonistas -algo de lo que Cercas ya advierte en su libro-, pues la serie reconstruye la historia a través de tres de sus personajes fundamentales: el por entonces presidente del Gobierno en funciones, Adolfo Suárez (Álvaro Morte); su vicepresidente, el general Manuel Gutiérrez Mellado (Manolo Solo); y el secretario general del Partido Comunista, Santiago Carrillo (Eduard Fernández).
En la serie, cada uno de ellos representa un estamento de la España de su tiempo y protagonizan por turnos cada uno de los capítulos. Por un lado, Suárez es un símbolo del poder político y civil, un funcionario de provincias que supo escalar dentro de la maquinaria del régimen franquista y que encontró la manera de aprovecharse de él. Carrillo, por otro, representa al movimiento outsider de aquellos que fueron expulsados de su país a punta de fusil y que durante cuarenta años no pudieron volver. A pesar de sus diferencias ideológicas, la serie los presenta como personajes casi idénticos: hombres ambiciosos y dispuestos a romper las promesas que les hicieron a otros con tal de lograr sus objetivos. De ser portada de revista. En definitiva, de ser recordados.
El caso de Gutiérrez Mellado es algo diferente. La suya es una posición contradictoria, en tanto que el vicepresidente representa a un antiguo golpista que acepta que las armas no pueden seguir decidiendo el futuro de España. Esta posición lo enfrenta directamente con el último protagonista de la serie, el de los rezagados coletazos de un franquismo renqueante, representado por los autores del golpe: el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero; el general Milans del Bosch, y el militar y tutor del rey, Alfonso Armada.
Anatomía de un instante destaca por su capacidad para contar mucho en poco tiempo y por hacerlo con una sorprendente libertad, ahondando en la profundidad de sus personajes sin martirizarlos ni caricaturizarlos. El acierto reside en no detenerse más de lo necesario en ese momento en que Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado se mantienen erguidos en sus escaños del Congreso de los Diputados mientras los disparos provocan que el resto de sus señorías se oculte tras las bancadas. Ellos no lo hacen por heroísmo, sino porque realmente creen que van a morir y, como el señor Meursault de El Extranjero de Albert Camus, han decidido que no les importa.
El nivel visual, artístico y técnico de la serie es impecable, con un casting plagado de actores de grandísimo nivel que cumplen a las mil maravillas su papel -un cast en el que, dicho sea de paso, se echa en falta algo más de presencia femenina-.


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