Genoveva Tusell: "El 'Guernica' pertenece a la humanidad"
La profesora de historia del arte considera que "el altísimo riesgo no compensa el potencial beneficio" del traslado del cuadro de Picasso a Bilbao.

Madrid-
Genoveva Tusell conoce las idas y venidas del cuadro más emblemático de Picasso. Es la autora de El Guernica recobrado (Cátedra) y la hija de Javier Tusell, uno de los artífices del traslado del lienzo desde Nueva York hasta Madrid cuando ejercía como director general de Bellas Artes con Adolfo Suárez. En esta entrevista, la profesora de historia del arte en la UNED reflexiona sobre su significado y valora la petición para que el Guernica sea exhibido en el Museo Guggenheim de Bilbao, lo que supondría a juicio del lehendakari una "reparación simbólica" hacia el pueblo vasco.
¿Le salió caro el Guernica a la República?
Al contrario. La República pagó 150.000 francos, aunque Picasso no lo pintó por dinero. Si pensamos en el tamaño de la obra y en que tuvo que alquilar otro estudio porque el lienzo no cabía en el suyo, podríamos decir que le salió barato, teniendo en cuenta el valor incalculable de la obra en la actualidad.
¿Qué significa el Guernica?
El Guernica es la obra clave del arte español del siglo XX. Además, nos recuerda la historia reciente de nuestro país: el bombardeo de Gernika, la guerra civil y, al permanecer el cuadro en el exilio durante décadas, también el largo periodo de la dictadura franquista y la posterior transición a la democracia, condición que Picasso exigió para el traslado del cuadro.
En ese sentido, ¿entiende el Guernica como un artefacto político en movimiento cuyo significado ha evolucionado (de la propaganda republicana al símbolo pacifista, del icono antifranquista a la reconciliación democrática)?
Sí, aunque ahora tiene un contenido mucho más universal. O sea, cualquiera reconoce en el Guernica un símbolo contra la guerra y a favor de la paz. Cada vez que se desata un conflicto bélico, vuelve a la actualidad y está presente en las manifestaciones.
Por eso usted sostiene que trasciende el hecho histórico.
Claro. El cuadro lo único que tiene de Gernika es el título, porque no hay nada que permita identificar la propia ciudad. Precisamente esa es la maestría de Picasso: elegir una serie de imágenes que son fácilmente identificables por cualquier espectador, como la madre con el cadáver de su hijo muerto en brazos o la mujer huyendo de la casa en llamas… Son claramente reconocibles y eso es lo que ha hecho que el significado haya ido mutando y convirtiéndose en más universal.
El franquismo quiso ganarse a Picasso a través de figuras como el torero Luis Miguel Dominguín y, en los años sesenta, intentó traer el cuadro a España para blanquear la dictadura.
El encargo del Guernica se enmarca en un compromiso de Picasso con la República, que en 1936 lo nombró director del Museo del Prado. Él hizo todo lo que pudo, se manifestó públicamente en contra del franquismo y ayudó a los artistas españoles que se veían obligados a exiliarse en Francia. En 1944 se afilia al Partido Comunista Francés, lo que termina por enojar al régimen franquista, que sin embargo lo reconoce como el artista español más destacado en aquel momento y lo somete a un seguimiento a través de diplomáticos. La relación era realmente muy complicada, por lo que sorprende que Francisco Franco diera su visto bueno en 1968 al primer intento de recuperación de la obra. Lógicamente fue infructuoso, porque Picasso había dicho que no quería que el Guernica volviera a España mientras hubiera una dictadura.
En 1981, el Ministerio de Cultura organizó el traslado del cuadro grande de Nueva York a Madrid con gran discreción. ¿Cuál fue el principal escollo al que se enfrentó su padre para lograr la devolución?
Picasso había puesto como condición que se restableciera la República y, luego, solo que se restablecieran las libertades públicas. El grueso de las negociaciones tuvo lugar entre 1979 y 1981. Había que demostrarle al Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) que la obra era de propiedad española y esperar a que la familia resolviese la cuestión sucesoria y testamentaria. Maya Ruiz-Picasso fue la más beligerante, porque decía: "Si en España hay una democracia, debería haber una ley del divorcio". Entonces mi padre le mandaba por carta el proyecto de ley del divorcio que tenía previsto aprobar el Gobierno. Con ella tuvo un intercambio de cartas muy fluido para convencerla de que realmente en España había una democracia sólida. Luego, durante el 23F, mi padre pensó que se quedarían sin cuadro después de tantos años negociando. Sin embargo, el golpe de Estado fortaleció la negociación y terminó de inclinar la balanza, porque el abogado de Picasso, Roland Dumas, se sorprendió mucho de cómo se sofocó el golpe y le dio la sensación de que en España había interés por tener un régimen democrático. La recuperación peligró en muchos momentos, pero al fin pudo regresar el último exiliado.
¿Por qué el Guernica sigue provocando conflicto noventa años después?
Y lo va a seguir provocando. Es la obra de arte del siglo XX sobre la que más se ha escrito y todavía hay cosas nuevas que decir. Siempre envuelta en polémica porque está constantemente de actualidad y cualquier cosa que tenga que ver con ella es objeto de atención mediática. Espero que este intento [de traslado a Bilbao] quede en nada por el peligro que conlleva. Sin embargo, no me extrañaría que dentro de diez años, cuando se cumpla el centenario de la obra, se vuelva a pedir [el préstamo] y se reavive la polémica.
Si el Guernica ha cambiado de significado en función del contexto histórico, como usted sostiene, ¿la cesión ahora "sería un gesto de memoria histórica y reparación simbólica hacia el pueblo vasco", como ha dicho el lehendakari, Imanol Pradales?
Las pretensiones del Gobierno Vasco son legítimas. Pero si nos ponemos a pensar en esa legitimidad, también sería legítima la de Málaga, como ciudad natal del artista; la de Barcelona, que quiso exponerlo en su día en el Museo Picasso; o la del Estado español, como propietario de la obra. El Guernica es una obra que tiene un significado muy importante para los españoles, por lo que también es legítimo que el Gobierno lo proteja y lo mantenga en Madrid, como quería Picasso. No olvidemos que fue un encargo de la República, no del gobierno vasco.
El Guernica ha abierto un debate más amplio: ¿a quién pertenece un cuadro?
De hecho, hay que mirarlo desde una perspectiva más amplia, porque el Guernica pertenece a la humanidad. España tiene el deber de salvaguardarlo para las generaciones futuras y por eso es importante que la obra no sufra ningún deterioro extra. Podemos establecer un paralelismo con Las Meninas, que no se mueven del Museo del Prado, o con La Gioconda, que tampoco se mueve del Louvre. Si las condiciones de conservación fueran diferentes, se podría explorar, aunque con las actuales no hay ninguna posibilidad de sacarlo del Museo Reina Sofía.
¿Por qué no puede ser trasladado y expuesto en Euskadi?
Es una de las obras que más ha viajado en la historia del arte. Se calcula que se ha enrollado y desenrollado unas ochenta veces, retirándole el bastidor, con los daños que eso conlleva. Todos esos viajes, realizados en su momento con un fin propagandístico y con el visto bueno de Picasso, han deteriorado significativamente la obra. El Reina Sofía considera que no se puede mover, pero el error ha sido plantear el traslado desde el punto de vista político. La última palabra debería tenerla el museo, que ya se ha pronunciado con un informe de conservación que desaconseja totalmente el traslado.
¿No hay sistemas de traslado seguros?
Sí, hoy en día las obras viajan con una seguridad extrema. Sin embargo, el Guernica no se podría enrollar y, con sus dimensiones, el viaje sería mucho más complicado. Ya lo fue cuando se trasladó del Casón del Buen Retiro al Reina Sofía, y eso que el recorrido era corto. Imagina un trayecto de más de 400 kilómetros entre Madrid y Bilbao.
Entonces usted cree que el traslado no sería seguro.
Yo creo que no. Y el altísimo riesgo no compensa el potencial beneficio.
Un cuadro que debería unir está generando divisiones, alimentadas por Isabel Díaz Ayuso, quien ha calificado como "catetada" la propuesta de traslado a Bilbao.
Eso es lo que pasa cuando los políticos se ponen a hablar de cultura y de arte. Es como si yo hablara de anatomía patológica. Cada uno debería hablar de lo que entiende.

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