Entrevista a Rogelio López Cuenca, artista visual"Picasso pasó de ser un icono de la izquierda a convertirse en una marca global que sirve para todo"
El artista analiza en PI©A$$O™ el papel del pintor en la turistificación de Málaga y su explotación en el mercado.

Madrid-
En una esquina de la Plaza de la Merced —en el centro neurálgico de Málaga—, Picasso observa la ciudad que lo vio nacer. A escasos metros de su casa, una estatua lo sitúa en edad avanzada sentado en un banco junto a su cuaderno. Fotografiarse con él es una parada obligatoria en cualquier visita turística. Solo hay un fallo en la narrativa: esa imagen idílica jamás ocurrió.
Tras marcharse de Málaga, Picasso visitó su ciudad con 20 años y no regresó jamás. Para Rogelio López Cuenca (Nerja, 1959), esta escultura traiciona a Picasso de la manera más radical. Es una "venganza" del naturalismo, antagonista absoluto de la obra del artista.
López Cuenca lleva años analizando la figura de Pablo Ruiz Picasso y todo lo que representa. Tras estudiar Filología, descubrió que sus propuestas eran mejor recibidas en las artes visuales, un trabajo que en 2022 le valió el Premio Nacional de Artes Plásticas. Tras haber recorrido numerosos museos estatales, su obra PI©A$$O™ se expone en la galería Àngels Barcelona hasta el mes de noviembre.
¿Cómo comenzó su interés por estudiar la figura de Picasso?
Cuando mi generación empieza a ver el mundo, Picasso ya estaba ahí como un icono absolutamente incuestionable. Hemos ido viviendo los cambios de valoración de Picasso en tanto a signo. Picasso va cambiando de ser un icono de la izquierda a convertirse en una especie de marca global que sirve para todo.
Desde los años 60, la dictadura franquista entra en el mercado internacional y apuesta por el turismo. Aquí empieza a competir por cualquier capital simbólico que la ayude a atraer la atención. Uno de ellos es Picasso. Desde la Guerra Civil y la inmediata posguerra, a Picasso se le tiene como un enemigo del régimen, pero de repente se empieza a subrayar su carácter español. Se intenta buscar toda una línea continua que explicaría a Picasso como un genio español, más que su relación con las vanguardias o con la contemporaneidad.
¿Cómo surge PI©A$$O™?
El trabajo específico de esta exposición comienza a principios de siglo. En 2003, la apertura en Málaga de un museo dedicado a Picasso empieza a provocar todo un proceso de picassización de la ciudad. Buscar por todas partes raíces malagueñas a la obra, la figura y el signo de Picasso.
Al mismo tiempo, comienza el proceso inverso, una malagueñización a ultranza de la obra de Picasso. El hecho de que naciera en Málaga va a servir como una especie de palanca para posibilitar la reconversión de la economía de la ciudad. De ser postindustrial pasa a una economía de servicios construida en torno al turismo cultural.
¿Cuál es la relación de Picasso con Málaga?
Picasso se fue de Málaga con unos diez años, hizo alguna visita veraniega y la definitiva ocurre cuando tiene 20 años. Él vive en París, ya es un bohemio. Se encuentra con una ciudad burguesa, súper conservadora y rancia. Después de pasar unos cuantos días con un amigo en un prostíbulo, de los que era un grandísimo usuario, se va y ya no vuelve más. Maldice la ciudad.
Pero hay una malagueñización forzadísima de Picasso. Se empieza a publicar que los retratos de Dora Maar de mujeres llorando están influenciados por las vírgenes dolorosas que Picasso tuvo que ver durante la Semana Santa en Málaga. Que los toros que pinta son los que vio en la plaza de toros de Málaga o que el Guernica en realidad está hablando de la caída de Málaga en la Guerra Civil. Que todo lo que pasaba por su cabeza tenía que ver con el hecho de haber nacido en la ciudad.
¿Cree que el papel de Picasso ha sido esencial para la turistificación de Málaga?
Lo ha hecho a partir de su figura. Ha habido una hipertrofia de la oferta turística que ha hecho inhabitable el centro de la ciudad desde hace mucho. Ha ocurrido una disneyficación. ¿Quién va a Disneyland? Quien trabaja, que se pone el traje de Mickey Mouse y saluda a los visitantes, o los turistas.
Pero nadie vive allí, no se puede vivir ahí, no hay una vida cotidiana posible. Málaga ha macdonalizado su oferta cultural hasta convertirla en un paquete homogéneo muy superficial.
Al final, el turista no busca autenticidad, le bastan impresiones. No quiere ver lo verdadero, le da lo mismo que sea una reproducción, se trata de crear una sensación.
¿Solo Málaga busca reivindicar a Picasso?
Claro que no. Picasso como individuo nace en Málaga, pero A Coruña se reclama como la ciudad donde nació como pintor. Un pueblo de Catalunya, Horta de Sant Joan, se reivindica como el lugar donde nace como genio, a Barcelona se le atribuye la frase "Todo empezó aquí"...
Todo el mundo quiere tener vínculo con la marca Picasso
Hay todo tipo de lecturas muy forzadas para atraer el turismo. Picasso es de Málaga en las postales que se venden en Málaga, otros pueblos lo venden como Picasso de A Coruña, de Horta de Sant Joan… Todo el mundo quiere tener vínculo con esa marca que multiplica el valor del producto en el mercado.
Con el paso del tiempo, ¿ha cambiado la forma de explotar a Picasso?
Lo que ha habido ha sido una mecanización. Los herederos del artista crean la Picasso Administration, que negocia el uso de la marca Picasso aplicada a cualquier producto. El primero y más paradigmático fue el Citroën Picasso. Se establece un baremo: ¿Cuánto dinero vale utilizar la marca Picasso?
Ahora mismo hay todo tipo de productos que se llaman Picasso. Vale lo mismo para multiplicar el prestigio de un coche, un perfume o una pizzería. Lo que ha cambiado es que Picasso es ya una marca absolutamente simbólica, no hace falta ver un cuadro suyo.
¿Cuáles son las consecuencias de esta mercantilización?
El caso de Picasso tiene consecuencias nefastas en la cultura. Asienta el paradigma de que el valor del arte lo da su valor comercial, que es el único baremo que tenemos. Además, establece la referencia del artista genial. Picasso es el modelo ideal de una historia del arte basada en obras maestras. Esto borra de una manera terrible el hecho de que la cultura y el arte son procesos colectivos. En absoluto está el artista solo en su estudio y el éxito le espera fuera.
Picasso se estudia en las escuelas de marketing porque nunca se equivoca, siempre da un paso en el momento que hay que darlo. Un ejemplo sería el de Las señoritas de Avignon, un cuadro que él publica nueve años después de pintarlo. Picasso espera a que los demás artistas que le rodean vayan lanzando obras para las cuales no hay público todavía preparado y van fracasando. Cuando se ha creado un contexto propicio, él aparece y siempre tiene éxito.
Desde el punto de vista del marketing, esto se alaba. Desde el de las relaciones humanas, es algo verdaderamente execrable. Estás sacrificando las amistades y explotando los trabajos de los demás para siempre triunfar tú por encima de todo.
Todo eso representa a Picasso simbólicamente. En Málaga, la Facultad de Bellas Artes se abre el mismo año que se inaugura el Museo Picasso. Ya se han educado varias generaciones con ese tótem por delante.
¿Cómo puede contarse todo esto en una exposición?
Yo trabajo con la convicción de que hacer arte es también una forma de investigación. Creamos un discurso que obliga a quien lo vea a sentirse partícipe de la formación de los significados. Somos nosotros los que construimos lo que Picasso significa con nuestra credulidad, si nos lo creemos.
Tal y como hemos escrito PI©A$$O™, con la © de copyright, con la $ del dólar… Tú no puedes pronunciar eso sino como Picasso. No se puede leer de otra manera. Es una alusión a que nosotros no podemos acercarnos a Picasso si no es a través de toda esa amalgama de explotación económica y lucha por el control de las reproducciones. Lo pronunciamos como si en Picasso no estuviera todo eso presente.
No podemos acercarnos a Picasso si no es a través de toda esa amalgama de explotación económica
Al mismo tiempo, el ™ si lo leemos en francés suena a Picasso te ama (t’aime). Es también otra alusión a cómo funciona el capitalismo contemporáneo a través de la explotación de los afectos y de la identificación.
¿Hay espacio para un relato de Picasso que no sea mercantilizado?
Pues no lo sé. Picasso es un fenómeno absolutamente poliédrico, tiene miles de caras. Para los militantes de izquierda tradicional todavía es un militante antifranquista y para otros es una marca. Para otra lectura más contemporánea es un maltratador.
Quizá el peso más tremendo es que para el público general configura el paradigma del artista tópico. Un millonario caprichoso, extravagante, excéntrico, que vive en un castillo y que va en calzoncillos. Esto hace muchísimo daño al trabajo de la gran mayoría de los artistas. Solamente está la opción del éxito comercial absoluto o el fracaso. No está el derecho a ganarse la vida con tu trabajo como cualquier otro.
Es un fenómeno donde todas esas lecturas conviven. Pero ¿cómo podemos saber quién era Picasso? Picasso es una excrecencia tan abrumadoramente hipertrofiada que, ¿realmente deja sitio para otra cosa? No paran de producirse añadidos. La maquinaria cada vez es más compleja y tiene más capas. Pero a mí tampoco me preocupa especialmente esta autenticidad o la esencialidad.



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