La polémica de Rosalía y Picasso revive una deuda pendiente con las artistas a las que maltrató y eclipsó
La cantante vuelve a poner al pintor en el centro del debate, mientras que mujeres como Dora Maar o Françoise Gilot siguen reclamando el lugar que merecen en la historia del arte.

Madrid--Actualizado a
Rosalía ha rectificado sus palabras sobre Pablo Picasso: "No tenía conciencia de que había casos reales de maltrato". Lo ha hecho después de comentar que "nunca me ha molestado diferenciar al artista de la obra" y que, quizás, si lo hubiera conocido, "quién sabe" si "a lo mejor" le "hubiera caído bien". La cantante ha reabierto el debate sobre el pintor malagueño. Sin embargo, quizás la cuestión no sea si debe ser cancelado, sino que una vez más vuelve a ocupar el centro y monopolizar la conversación, aunque sea para criticarlo.
Mientras, seguimos sin ver a las artistas que eclipsó o maltrató durante su vida, algunas casi desconocidas a día de hoy. No deja de ser una paradoja: reforzar el mito incluso cuando se trata de desmontarlo y seguir sin mirar a las mujeres invisibilizadas. Algunas son más populares, pero históricamente han figurado como amantes, musas o víctimas, obviando sus facetas profesionales y sus méritos como artistas. Apenas un recuerdo vago de cómo eran antes de conocer al genio, que las opacó desde entonces.
"Existen nombres de grandes mujeres artistas imposibles de desvincular de quien las maltrató. Es el caso de Dora Maar o Françoise Gilot, por poner dos ejemplos claros. Esta situación oscurece la puesta en valor de sus obras, por lo que el maltrato físico y psicológico ha derivado en otra nueva consecuencia: que su condición de artista permanezca como una anécdota dentro de su propia historia", explica Concha Mayordomo.
La artista madrileña recuerda que "Picasso solía decir que las mujeres eran máquinas de sufrir o diosas o felpudos, y su proceso creativo a menudo implicaba absorber la identidad de sus parejas y anularlas a medida que su energía bajaba de intensidad y su aspecto físico acusaba el paso del tiempo". Así, "la fotógrafa del surrealismo Dora Maar, despreciada por el malagueño, tuvo un final marcado por una gran crisis existencial que desembocó en un largo retiro místico y artístico".

"Dora Maar fue maltratada, tanto psicológica como físicamente por Picasso, ante la indiferencia del grupo surrealista", escribe Concha Mayordomo en el catálogo de la exposición, donde subraya que su amigo Paul Éluard acusó al pintor malagueño de hacerla sufrir demasiado. "En sus últimos años decidió encerrarse en su estudio para investigar lo más profundo de su propio ser y tratando de alejarse de la imagen de mujer acabada, enloquecida y digna de lástima que se quiso difundir".
Françoise Gilot, en cambio, lo abandonó. "Fue una acción que el pintor nunca perdonó y que marcó el inicio de una sistemática campaña de desprestigio contra ella", explica la comisaria de la exposición Las mujeres en la vida de Picasso, organizada por el colectivo Blanco, Negro y Magenta en el 50º aniversario del fallecimiento del pintor, donde varias artistas contemporáneas le conceden el "merecido" protagonismo y reconocimiento a las mujeres que fueron relevantes en su vida.
Concha Mayordomo afirma que Gilot fue "una de las pocas mujeres que pudieron escapar de una relación tóxica" con Picasso y ser reconocida como artista. Cuando se conocieron, él tenía 61 años y ella, 21. De esa relación nacieron Claude y Paloma. "Tras su separación, el andaluz trató de cerrarle todas las puertas de las galerías, por lo que tuvo que trasladarse a Estados Unidos para salvarse de su órbita. Gracias a ello pudo seguir exponiendo y vendiendo su obra". Pese a sus impedimentos, logró publicar el libro Vida con Picasso.
En él figura la cita: "Todas esas mujeres no están posando como una simple modelo aburrida. Están atrapadas en la trampa de esos sillones como pájaros encerrados en una jaula. Yo mismo las he aprisionado en esta ausencia de gesto. Como todo artista, pinto sobre todo mujeres y, para mí, la mujer es esencialmente una máquina de sufrir". A quienes pasaron por su vida "les hizo un daño terrible", asegura a Público Concha Mayordomo, que inaugura este jueves la instalación Mi madre y yo en el Studio RGF de Madrid.
Todavía estaba con Françoise Gilot cuando comenzó a verse con Geneviève Laporte, cincuenta años menor que él. Documentalista, poeta y autora de cuatro libros sobre el pintor, dijo de él: "Fueron casi dos años maravillosos, pero tuve que cortar para salvarme. Picasso te absorbe y acaba comiéndote no sólo el cuerpo, sino también el alma". Concha Mayordomo recuerda que hubo una tercera mujer que se alejó y salió indemne, Sylvette David (Lydia Corbett de casada), pese a que posó para él en decenas de dibujos y cuadros.
Sin embargo, la relación de Dora Maar fue "auténticamente salvaje", insiste la artista madrileña. "Picasso era maltratador en todos los sentidos, dentro de su ámbito, pero con las mujeres se explayó. Es lo que tiene ser un genio, que se cree por encima del bien y el mal", añade Concha Mayordomo, quien señala que "anuló por completo a Marie-Thérèse Walter, "una chica joven y deportista a la que hizo trizas". La conoció cuando tenía diecisiete años y estaba casado con Olga Khokhlova, quien había renunciado a su carrera de bailarina por él. Marie-Thérèse, "modelo de sus obsesiones eróticas", se suicidó cuatro años después de la muerte de Picasso.
La artista plástica y visual Yolanda Lalonso eligió a Jacqueline Roque, segunda esposa del pintor, para su particular lectura crítica en la citada exposición, organizada cuando ella presidía el colectivo Blanco, Negro y Magenta. Su obra Yo, Jacqueline ironiza con el narcisismo de Yo, Picasso y juega con la figura desdibujada —o anulada por él— de Jacqueline Roque, "cuya única motivación de vida era seguir al servicio de Picasso una vez muerto". Días antes de la exhibición del Guernica en Madrid, se suicidó.
"El debate sobre Picasso siempre se reabre sin una reflexión profunda, porque su obra tiene una entidad tan grande que en el constructo social está aceptado que era un hombre de su tiempo, cuando imperaba el machismo. Sin embargo, pese a que surgen dudas cuando te gusta su obra, aunque te interese su arte al tiempo que lo detestas, hay que ver el daño que causó con su actitud y cómo lo utilizó para desarrollar su mundo creativo. Él se alimentaba de ellas no solo como mujeres, sino también como artistas", analiza Yolanda Lalonso.
La artista plástica entiende que el debate debería centrarse en las consecuencias que tuvo su comportamiento y sostiene que la crítica y las instituciones tampoco reconocieron a las mujeres artistas a lo largo de la historia. "Necesitan al personaje o al producto al precio que sea, por lo que les da igual el dolor que haya detrás y no se cuestionan nada", concluye Yolanda Lalonso, quien critica que todavía hoy sea "imposible verlas al margen de Picasso, porque si no van acompañadas de su nombre no son tomadas en cuenta, no interesan, no son nadie".

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