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Esta bala es para ti

Llega ‘Tropa de élite’, el crudo retrato de una sociedad brasileña violenta, desigual y corrupta, que apunta a los prejuicios del público.

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Avenida Río Branco. Centro de Río de Janeiro. Septiembre de 2007. Un grito sobrevuela las decenas de puestos de los camelós (vendedores ilegales, en Brasil): ¡Tropa de élite! ¡Cómprala antes de que la policía la prohiba!". Unos días antes, había confiscado miles de copias piratas de una película semi desconocida pendiente de estreno.

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En realidad, Tropa de élite II no es otra cosa que Notícias de uma Guerra Particular, de João Moreira Salles. Tropa de élite III es, en realidad, un vídeo sobre operaciones policiales en las favelas brasileñas. Y Tropa de élite IV se llama más bien Quase Dois Irmãos, de Lúcia Murat. Nada de sagas. Márketing topmantero que se adapta a la sed de consumo.

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A fallback.

Quizás por eso, la anestesiada sociedad brasileña, que asimila sin inmutarse la brutalidad de la guerra civil entre traficantes, policía y paramilitares, se lanzó con fervor a la caza y captura de la película que ganaría unos meses después el Oso de Oro en Berlín. La cinta fue vista como un espejo no-deformante que reflejaba la realidad que los medios de comunicación prefieren evitar.

Las escenas de surrealismo mágico comenzaron durante el mismo rodaje. Bandidos de las favelas, disfrazados con trajes de la Policía Civil de Río de Janeiro, robaron 31 armas y 60 réplicas que estaban siendo utilizadas por los actores. Malos disfrazados de buenos. Policías y ladrones. El dilema expuesto en la película de Tropa de Élite manifestándose en pleno rodaje de la película.

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Hasta Sergio Cabral, gobernador de Río de Janeiro, reconoció haberla visto en un DVD pirateado. Nada más verla ordenó comprar coches nuevos a la policía. En la película (y en el mundo real) los coches de la policía son pura chatarra. Y la fiebre creció y creció. A ritmo de ametralladoras.

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