Batman salva la Navidad y otras seis películas para afrontar las fiestas desde el anticapitalismo
Los clichés en el cine navideño han servido para reproducir un mensaje que perpetúa el consumismo acelerado y la desigualdad social. Por suerte, todavía quedan películas dispuestas a salvar la Navidad.

Madrid--Actualizado a
En 1898, el inventor británico George Albert Smith rodaba la que está considerada como la primera película navideña de la historia, Santa Claus, un corte de poco más de un minuto en el que el risueño San Nicolás reparte regalos a unos niños dormidos. Tan solo habían pasado tres años desde que los hermanos Lumière diesen a conocer su aparato al mundo, pero ya entonces empezaba a fraguarse uno de los vínculos empresariales más fructíferos de la historia del cine. La Navidad se convirtió en un género cinematográfico en sí mismo; una época idónea para el lanzamiento de nuevos estrenos y para que televisiones y plataformas exploten viejos títulos durante las tardes de sobremesa.
Del Santa Claus de G. A. Smith a la ultimísima adaptación de Cuento de Navidad, o ese melodrama con origen incierto en algún país del norte de Europa, se utilizó el cine para reproducir y alimentar el espíritu de este capitalismo navideño, el consumismo acelerado y la desigualdad entre el rico y el necesitado. Quien sufre las Navidades como una molesta piedra en el zapato, no puede evitar tener la sensación de estar reviviendo un día de la marmota que, cada 24 de diciembre, lo alcanza sentado en el sofá haciendo zapping entre las mismas películas sobre regalos inesperados, besos con la última campanada y batallas de bolas de nieve. Sin embargo, el séptimo arte ha sido capaz, en ocasiones, de impugnar ese mismo capitalismo, enfrentando a la Navidad a sus contradicciones y desarrollando relatos que se salen del molde.
Solo Batman puede salvar la Navidad… de sí misma
En 1992, el cineasta Tim Burton estrenó la fantástica Batman Returns, una película navideña pero oscura, tanto que, según recordaba en una entrevista el propio director, enfadó a McDonald’s. "¡No podemos vender Happy Meals con eso!", le espetaron los ejecutivos de la franquicia después de ver la caracterización de Dani DeVito como Oswald Cobbelpot El Pingüino, villano de la cinta. Burton aprovechó el potencial del personaje para construir un carismático antagonista que, a pesar de su desagradable aspecto, aspiraba a la alcaldía de Gotham mediante un discurso populista, basado en la retórica del miedo y el odio para "recuperar" la Navidad que Batman (Michael Keaton) había robado. Una candidatura amparada bajo la alargada sombra del dinero, encarnada en este caso por el empresario Max Shreck (Christopher Walken), y cuyos planes cuentan también con el apoyo de una estelar Michelle Pfeiffer en el papel de Catwoman.
Pero Burton no ha sido el único en rodar películas que desafían los clichés del capitalismo navideño. Durante un vídeo para el American Film Institute, el director John McTiernan admite que no buscaban hacer de La jungla de cristal (1988) una película navideña, pero que "la alegría que trajo" la convirtió en una. Para el cineasta, John McClane -el protagonista interpretado por Bruce Willis- debía ser "un tipo normal y corriente capaz de enfrentar a las autoridades", un "héroe de la clase obrera".
En la película, McClane, como un Santa Claus armado con metralleta, se abre paso a través de un rascacielos de Los Ángeles para enfrentarse a una célula terrorista de extrema derecha que ha capturado a los trabajadores de una empresa -entre ellos, su mujer- el día de Nochebuena. "Mi esperanza en esta Navidad es que todos recuerden que los autoritarios son hombres de bajo estatus e iracundos que recurrieron a los ricos y les dijeron: 'Si nos dan poder, nos aseguraremos de que nadie les quite sus bienes'", sentenciaba McTiernan en su vídeo, con evidentes alusiones al presidente Donald Trump.
Regalos, fantasmas y demonios
Si algo nos ha enseñado el cine es que cualquiera puede poner en peligro la Navidad. Basta con que los regalos no lleguen a tiempo para que los niños pierdan toda esperanza. La particularidad de Batman Returns o La jungla de cristal, sin embargo, no está en que sus protagonistas pretendan "salvar" la Navidad, sino en darle la vuelta a los clichés cinematográficos y combatirlos desde dentro.
Uno de esos ejemplos es la divertidísima Gremlins (1984), un inesperado clásico navideño en el que un regalo envenenado origina el caos que vive la empobrecida ciudad de Kingston Falls. Cuando la imprudencia del adolescente Billy Peltzer (Zach Galligan) provoca que una plaga de estas, a priori, adorables criaturas amenace con destruir su hogar, exterminar al regalo es la única vía para salvar el pellejo. Acostumbrados a considerar estos presentes como una recompensa por "portarse bien" a final de año, el dúo Joe Dante y Chris Columbus concibió Gremlins para la gente que odiaba la Navidad. Una prueba de ello es el discurso del personaje de Kate (Phoebe Cates), donde revela la impactante verdad sobre cómo perdió a su padre por culpa de estas fiestas.
El mismo año que Gremlins, vio la luz otra mítica saga cuya secuela, un lustro más tarde, reinterpretaría de una forma algo retorcida el ya mencionado de Cuento de Navidad de Charles Dickens. En Cazafantasmas II (1989), los fantasmas de las navidades pasadas ya no pretenden que el señor Scrooge sea más amable, sino tan solo destruir el mundo. Para ello, bucean en la liturgia cristiana y en la figura del recién nacido mediante un bebé que servirá como receptáculo para un antiguo tirano. Algo que comparte con Álex de la Iglesia y el largometraje que lo consagró como uno de los grandes de nuestro cine: El día de la bestia (1995). Una película cargada de humor negro en el que un cura, un heavy y un telepredicador recorren Madrid en busca del Anticristo -la reencarnación del diablo-, que tiene previsto nacer un 25 de diciembre, y así detener el Apocalipsis.
La desigualdad también es culpa de la Navidad
El día de la bestia, sin embargo, no solo busca retorcer el culto cristiano, sino también retratar la enorme desigualdad que vehicula parte de las fiestas. En la película se muestra como familias pudientes celebran las Navidades en la seguridad de sus casas, mientras las personas sin hogar son quemadas vivas en las calles por escuadristas de ultraderecha bajo el lema "Limpiar Madrid".

La violencia estructural contra las personas sin hogar es un tema que trasciende fronteras en el cine. Una violencia que, en época navideña, se vuelve todavía más brutal. No todas las películas de la contracultura navideña se dedican a salvar el mundo del capitalismo, pues hay directores que han preferido denunciar las penurias de las personas que viven en la calle. Es el caso del último ganador del Oscar, el realizador estadounidense Sean Baker, que en 2015 dirigió Tangerine, donde una trabajadora sexual transgénero sale de la cárcel y descubre que su novio -y proxeneta- la ha estado engañando con otra mujer. Sin-Dee Rella -alusión a Cinderella, el nombre en inglés de Cenicienta-, interpretada por la actriz Kitana Kiki Rodriguez, se pasa el día de Nochebuena buscando a la amante de su pareja, dispuesta a vengarse de ella. Una película humana, cruda y divertida a partes iguales, que reivindica la identidad de sus personajes LGTBIQ+ mientras expone la precariedad a la que se ven empujadas.
Al otro lado del Pacífico, el difunto Satoshi Kon estrenó en 2003 Tokyo Godfathers, una película de animación donde tres personas sin hogar descubren hurgando entre la basura a un bebé abandonado el día de Navidad. Un largometraje que explora la familia no tradicional en la época "familiar" por excelencia, y que resulta pionera en la representación de personajes queer, especialmente en un país conservador como Japón y único Estado del G7 que no reconoce el matrimonio igualitario. En Tokyo Godfathers, Kon denuncia la violencia sistemática contra las personas sin hogar, al tiempo que retrata la incoherencia de quienes exigen caridad y luego miran para otro lado, especialmente en unas fechas tan señaladas.



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