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Canciones del pasado para días adversos (o cómo el confinamiento ha resucitado hits de otro tiempo)

Según una investigación del Center for Economic Policy Research, los usuarios de Spotify incrementaron durante el confinamiento el consumo de canciones antiguas para "escapar de la realidad".

Taron Egerton encarna a Elton John en el biopic 'Rocketman'.- PARAMOUNT
Taron Egerton encarna a Elton John en el biopic 'Rocketman'.- PARAMOUNT

juan losa

No hay duda; el confinamiento produce monstruos. Esta información en cierto modo lo corrobora. Verán, un tal Timothy Yu-Cheong Yeung, profesor asociado de la Universiad de Lovaina con al parecer mucho tiempo libre, ha tenido a bien analizar 17 mil millones de canciones reproducidas a través de Spotify en seis países europeos –Suecia, Reino Unido, España y Francia, Bélgica e Italia– durante sus particulares confinamientos. 

El bueno de Yeung, en declaraciones a The Guardian, detallaba así el germen de su ambiciosa empresa: "He estado en Bélgica durante todo el período de confinamiento. La vida es aburrida y el único consuelo es volver a revisitar mis favoritos de los 90, desde Radiohead y Pulp hasta Blur". Hasta aquí todo correcto; la reclusión y el bostezo infinito de quien poco o nada puede hacer salvo vivir en su cabeza, hace que concentre sus esfuerzos en labores aparentemente descabelladas.

El académico, que por sus filias musicales anda ya en los estertores de una juventud que a buen seguro dilapidó entre volúmenes de economía política, decidió echar mano de ese clásico del casticismo patrio consistente en esgrimir un contundente no-hay-huevos: "También vi muchos comentarios similares en YouTube diciendo que se sentían nostálgicos. Charlé con amigos y bromeé diciendo que podría escribir un artículo académico a partir de él". Y vaya si lo hizo.

La investigación, publicada en Covid Economics al abrigo del Center for Economic Policy Research y cocinada en base a teras y teras de macrodatos, detectó un cambio significativo en el consumo de música por parte de los usuarios de esta plataforma. Un cambio que, grosso modo, se podría calificar de nostálgico y que, curiosamente, alcanzaba su cénit a los 60 días una vez iniciados los diferentes confinamientos. 

Claro, llegado este punto habría que definir qué entiende esta investigación por nostalgia. Para Yeung, el hecho de que tras dos meses de encierro se incremente el número de escuchas de canciones pergeñadas en la inefable década de los 80, e incluso antes, es un síntoma inequívoco de que el personal anda por casa con cierta morriña. Un razonamiento un tanto etéreo, si se quiere, pero que encierra una verdad a la que no podemos renunciar, a saber; el poder de la música para conjurar emociones a través de la belleza.

Pero al grano; qué bandas o solistas –según los datos– se convirtieron en bálsamo para esa mole de usuarios melancólicos almacenados en sus hogares. Pues por ejemplo un clásico de la Electric Light Orchestra, Mr Blue Sky, cuyo número de escuchas despuntó entre abril y mayo. Algo similar a lo ocurrido con el Go Your Own Way, de Fleetwood Mac, un clásico del 77 que ha visto incrementar de forma notable el número de reproducciones en los últimos meses.

Se suman al fenómeno el Here Comes the Sun de los Beatles, Tiny Dancer, de Elton John o el Don't Stop Me Now de Queen. Canciones, todas ellas, con más de cuarenta años a sus espaldas que parecen haber resucitado coincidiendo con los rigores preventivos. "El confinamiento ha implicado una situación de excepcionalidad que limita nuestra libertad y que afecta al empleo y a las interacciones sociales habituales. Estos cambios podrían haber causado sentimientos adversos que llevarían a la gente a sumergirse en una música nostálgica para escapar de la realidad", explica Yeung en su investigación.

Y algo de eso hay, sin duda. Pero con matices. La idea de nostalgia como una suerte de ensimismamiento en el que el sujeto sufriente se entrega al pasado a la caza de tiempos mejores, está en disputa. Tal y como apunta la musicóloga Isabel Ferrer Senabre, "los procesos de nostalgia son proyecciones de futuro, escuchamos canciones antiguas porque nos remiten a momentos del pasado que no nos generan angustia, al contrario, nos proporcionan seguridad con la que mirar al futuro". 

Se podría decir que cuando nos encomendamos a viejos himnos del pasado no lo hacemos con intenciones lastimeras, sino que inconscientemente queremos empoderarnos ante a un futuro que se antoja incierto y un presente sin asideros. "Y para eso la música –apostilla Ferrer Senabre– es muy precisa, porque te devuelve a ese pasado que conoces a través de la emoción y la belleza".

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