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Carmen Thyssen cede la pintura menor a Málaga

La visión más costumbrista del siglo XIX español residirá 15 años en la ciudad

PEIO H. RIAÑO

El Palacio de Villalón de Málaga ya tiene nuevos inquilinos: 230 cuadros de la pintura más costumbrista y arcaizante del siglo XIX español. Tras una intensa rehabilitación de uno de los edificios de la ciudad más ultrajados por las reformas en los últimos siglos, hoy se inaugura el tan deseado museo con una selección de la colección privada de Carmen Thyssen-Bornemisza. De esta manera, la baronesa formaliza la segunda operación de préstamo que pone en marcha en este país en los últimos 11 años.

En este caso, ha dilatado la cesión gratuita, a diferencia de la polémica al Museo Thyseen de Madrid, y firma con el Ayuntamiento de Málaga por 15 años. De nuevo, el futuro incierto: "Pronto sabremos qué pasará, en unos años", zanjó Carmen Cervera ante la prensa. El regidor restó importancia a los términos del acuerdo, porque cuenta con la palabra de la coleccionista: "El mejor contrato es que las pinturas están aquí. Lo demás son flecos a los que no les doy importancia. Ella se ha comprometido".

«Son los cuadros que llevo en el corazón», aclaró la baronesa'

Dividido en cinco apartados, el museo ha nacido para convertirse en el nuevo atractivo turístico de la ciudad: "La oferta de la cultura nos permitirá ser muy competitivos tanto en conferencias como en centro de cruceros", concluyó el alcalde, que aseguraba que el presupuesto que el consistorio invertirá en el museo es de 1,8 millones de euros al año, dos millones menos de los que confirmó Javier Ferrer, gerente del mismo, minutos antes de la rueda de prensa. El Ayuntamiento destinó otros 28 millones a la compra y rehabilitación del edificio.

Sin embargo, la pretensión de Francisco de la Torre es ir reduciendo la subvención para alcanzar "lo mejor con el menor costo": "Así pasa en el Thyssen de Madrid, en el que el Ministerio de Cultura ya no invierte nada porque el Museo tiene superávit", aventuró el alcalde. Ignora que en el ejercicio de 2010, el Thyssen pasó de recibir de las arcas públicas 1.861.400 euros en 2009, a 4.369.000 de euros, por el déficit acumulado tal y como aseguraron fuentes de Cultura a este periódico. El 30% del presupuesto que recibe se dedica a la conservación y exhibición de la colección cedida gratuitamente.

Carmen Cervera definió su colección personal como "los cuadros que llevo en el corazón", "la esencia del pueblo andaluz", e insistió en que es "muy bonita y no podía ser mejor". En la primera sala, dedicada al paisaje romántico y costumbrista destacan las estampas andaluzas de cuevas y bandoleros, de carruajes y romerías, entre los que sobresalen los de Manuel Barrón y Carrillo. "El problema es que los grandes pintores del XIX no se dedicaron a este género. Ese terreno lo asumían por encargo pintores menores", como contó a Público uno de los especialistas del XIX de El Prado

«Nos hará más competitivos en cruceros», dijo el alcalde

En la sala del preciosismo y paisaje naturalista, las piezas reunidas mantienen el tono turístico y tópico que desarrollaron los pintores menores del siglo XIX español a petición de los coleccionistas extranjeros. Querían una Andalucía de geranio y faralaes y pintores como Salvador Sánchez Barbudo ofreció sus mejores postales. De su maestro, Marià Fortuny, compró la baronesa' una Corrida de toros. Guillermo Gómez Gil resume con un histriónico atardecer sobre la costa el paisaje prototípico. Llama la atención el único nocturno de todo el recorrido, Salida del baile de máscaras, de Raimundo de Madrazo.

La última sala está dedicada al fin de siglo y el nivel de la colección mejora gracias al retrato de Julia de Ramón Casas o La Buenaventura de Romero de Torres, pintado en 1922. Sin embargo, los grandes nombres de la colección apenas están recogidos con bocetos, ensayos a gran tamaño (Anglada Camarasa), apuntes rápidos al aire libre (como los de Sorolla) o poco ambiciosos (Carlos de Haes). Esa es la principal diferencia con la coherencia de los criterios de la colección del barón, núcleo del Museo Thyssen y propiedad del Estado desde 1993 por 350 millones de dólares (después de cederla por nueve años).

La visita a esta personal visión del XIX, en la que no aparece Goya, se remata en una sala con maestros antiguos presidida por un Cristo románico, que, con los nervios, Carmen Cervera confundió con romano.