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Castigadas sin teatro

La escena oficial está anclada en un machismo extremo, con la ausencia absoluta de mujeres al frente de los grandes centros

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Tienen tras de sí una larga carrera teatral. Han dirigido montajes de todo tipo de géneros y autores, desde los grandes clásicos a los clásicos más contemporáneos. Han sudado la camiseta. Se llaman Helena Pimenta, María Ruiz, Carme Portaceli, Elena Cánovas, Teresa Devant y Ana Vallés. Pero hay muchas otras. Toda una generación de mujeres que han marcado el ritmo del teatro en los últimos años y que, al contrario que sus compañeros de profesión, aún no han saboreado el caramelo. La dirección artística de la casi totalidadde teatros públicos sigue en manos de ellos.


Aquí algunos nombres: Gerardo Vera dirige el Centro Dramático Nacional; Eduardo Vasco está al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico; Alex Rigola dirige el timón del Lliure de Barcelona; mientras que Sergi Belbel hace lo propio en el Teatre Nacional de Catalunya. En madrid, Mario Gas marca el paso en el Español. ¿Pura casualidad?


Ya les toca
Sólo tres mujeres han ocupado la dirección del Centro Dramático Nacional en estos 30 años de democracia: Nuria Espert, Amaya de Miguel e Isabel Navarro. La primera entre 1979 y 1981, la segunda en 1994 y Navarro entre 1994 y 1996. También Teresa Vico, como gran referencia femenina, dirigió el Albéniz de Madrid entre 1986 y 2003, sustituida por Cristina Santolaria. Incluso, ahora, Mora Apreda manda en el Teatro Fernán-Gómez de Madrid. Pero estas últimas tienen el perfil de gestoras. Pocos ejemplos para cambiar hechos flagrantes como que la dirección del Español, del Lliure, la Compañía Nacional de Teatro Clásico y el Teatre Nacional de Catalunya jamás haya estado dirigido por una mujer. Entonces, ¿por qué no están decidiendo la programación artística de los grandes centros teatrales?

Las directoras de escena consultadas por Público ofrecen tres posibles hechos. El primero se refiere a la invisibilidad que ha acompañado el trabajo de la mujer durante toda su historia. Carme Portaceli lo expone de forma muy gráfica: “En 20 siglos no hemos existido. Ni en el teatro ni en casi ningún otro ámbito”, dice muy rotunda. 


¿Dónde están las referencias institucionales femeninas en el teatro, como la Ángeles Gozález-Sinde del cine? “Ya nos costó mucho llegar a dirigir obras y, claro, ahora cuesta llegar a la dirección de los centros. Pero supongo que es por la inercia de una mentalidad donde han primado conceptos como la autoridad, la frialdad, etc. Pero también a las técnicas les ha costado mucho encargarse de la iluminación, de la maquinaria…”, sostiene Helena Pimenta.


Curiosamente, ninguna de las mujeres del reportaje ha mencionado o señalado ambiciones que le hagan llegar arriba a toda costa y a cualquier precio. Al contrario, una palabra ha destacado entre todas: contradicción. “Yo ya tengo asumido la contradicción de ser mujer, dentro y fuera de mí misma, y creo que tenemos más dificultades para aceptar el éxito”, apostilla Pimenta. La directora de programación de danza del teatro Pradillo de Madrid, Laura Kumin, matiza el término ambición: “Yo creo que sí que somos ambiciosas, pero somos más prácticas.Vamos a los resultados y no nos queremos ver envueltas en juegos políticos”.

Acabáramos: la política
No se puede olvidar que los teatros públicos son instituciones regidas por cargos políticos, elegidos a dedo. Tú me gustas y te pongo. No ha existido nunca un proceso de selección por méritos propios. Y esos cargos siempre han sido para hombres. “Hasta el momento, la ministra de Cultura solía ser una mujer, porque quedaba muy bien para la foto, pero de ahí para abajo…”, manifiesta la actriz, dramaturga y directora Ana Vallés, quien además hurga más en la herida política al comentar cómo durante la era de Manuel Fraga como presidente de la Xunta Gallega, un hombre –Manuel Guede– ocupó el cargo de director del Centro Dramático Galego durante 14 años. “Con el nuevo Gobierno llegó una mujer, Ánxeles Cuña”, explica Vallés. El 23 de marzo de 2007 entró en vigor la tan traídaLey de Igualdad. Según el artículo 53 (capítulo II), referente a los titulares de órganos directivos, “el Gobierno atenderá al principio de presencia equilibrada de mujeres y hombres en el nombramiento de las personas titulares(…)”. Para las directoras consultadas, esta norma cambiará mucho las cosas. “Ahora estarán obligadosa poner a mujeres”, asegura Carme Portaceli. Laura Kumin advierte sobre la necesidad de un “cambio en la mentalidad, ya que por mucha ley que haya, si esto no cambia, todo continuará de la misma manera”.La anormalidad persiste, pero las mujeres se muestran muy optimistas y se abrazan sin dudas a un “esto ya no hay quien lo pare”.