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Cine para llenar de sonrisas el desierto

El festival de cine del Sáhara recuerda desde hace nueve años el olvido político en el que viven los refugiados saharauis

PATRICIA CAMPELO

Una sala de proyecciones al aire libre con alfombras sobre la arena y camiones que sirven de pantalla se convierte cada año desde hace nueve en el escenario del Festival Internacional de Cine del Sáhara (Fisáhara). La presente edición, que se clausuró el sábado por la noche con la entrega de premios, ha reunido varias películas de temática saharaui. Muchas de ellas obtuvieron los primeros galardones y menciones especiales. La Camella Blanca, nombre del primer premio dotado con un dromerario, fue para la película documental 'Hijos de las nubes', de Javier Bardem y Álvaro Longoria.

La cinta evidencia la falta de voluntad política de los principales actores políticos internacionales para solucionar el conflicto y los intereses económicos que éstos tienen sobre el Sáhara. El premio fue entregado por la actriz Aitana Sánchez Gijón al técnico de sonido de la película, Charly Schmukler. El dromedario suele entregarse a la familia que acoge al premiado pero, en esta ocasión, el animal fue cedido a la policía saharaui, 'en agradecimiento a los eficientes servicios de seguridad realizados durante el festival'.

Las medidas de seguridad de esta novena edición se vieron incrementadas como consecuencia del secuestro de los cooperantes Ainhoa Fernández, Enric Gonyalos y Rosella Urru el pasado octubre en Rabuni, el centro neurálgico de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Un total de tres perímetros de seguridad han protegido a las cerca de 300 personas llegadas desde España para participar en el festival. El rapto de los cooperantes también marcó el transcurso de algunos actos en los que se tuvieron palabras de apoyo para sus familias.

Otras cintas de temática saharaui distinguidas en el certamen fueron los documentales sobre los hechos de Gdem Izik, el campamento pacífico levantado a las afueras de El Aaiún y desmantelado con brutalidad por las fuerzas de seguridad de Marruecos en noviembre de 2010.

La experiencia cultural que supone el Fisahara lleva implícito un componente político: visibilizar la situación en la que vive el pueblo saharaui tras 37 años en el exilio. Para ello, durante los cinco días que ha durado el festival, se han realizado visitas a las instalaciones de la wilaya (provincia) de Dajla y actividades que han acercado a los visitantes a los modos de vida de los refugiados del desierto. 'Se trata de una iniciativa solidaria que arroja luz sobre la situación que vive el pueblo saharaui', explicó el primer ministro de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Abdelkader Taleb Omar, durante el acto de apertura del certamen.

En la edición que finaliza el domingo con la visita a la Escuela de Cine ubicada en el campamento 27 de Febrero, han participado actores y actrices de algunas de las películas proyectadas. Juan Diego Botto, Aitana Sánchez Gijón, Malena Alterio, Eduard Fernández, el bailaor Tomasito y el cantante Marcos del Ojo 'El Canijo de Jerez' han sido algunos de los artistas invitados que han convivido con las familias saharauis. Como cada año, los representantes del mundo del arte han suscrito un manifiesto de apoyo al pueblo saharaui en el que, a diferencia de otras ediciones, han hecho un llamamiento a la ciudadanía. 'No nos vamos a dirigir a los gobernantes españoles que, sean del color que sean, han apoyado a los saharauis estando en la oposición, y los han abandonado al llegar al gobierno'.

Este espacio cinematográfico que se abre en plena hamada -la zona desértica que Argelia cedió a los saharauis que huyeron de la guerra con Marruecos tras la Marcha Verde- ofrece alternativas de ocio a los jóvenes y, además, sirve de prácticas para los alumnos de la Escuela de Cine que llevan desde el pasado septiembre, cuando comenzó el primer curso, estudiando los detalles del séptimo arte.

El Festival es una iniciativa española que cuenta con el apoyo del Frente Polisario -el representante político del pueblo saharaui- y en la que participan los habitantes de Dajla, el campamento más alejado y que más se adentra el en desierto. Este año, de la dirección artísticas de algunas actividades se han ocupado Payasos en rebeldía, la organización solidaria que encabeza Iván Prado y que ya ha actuado en lugares como Palestina y Chiapas. La organización del festival quiso distinguir la labor solidaria de Payasos en rebeldía en el acto de clausura, un espectáculo al aire libre que contó también con la actuación de Tomasito, El Canijo de Jerez y Juan Macandé.