Apuestas de cine, de las grandes timbas de póker a las partidas de mus del cine español
Con el estreno de 'Indomables', un drama romántico de Daniel Minahan, las apuestas y el juego vuelven al cine. Sus intérpretes se suman a algunos de los grandes en timbas de póker, salas de billar, casinos o mesas camillas para jugar una buena partida de Tute.

Madrid--Actualizado a
Dostoyevski se jugó con un editor los derechos de todo lo que escribiera en los siguientes años, si no terminaba una novela en el tiempo acordado en un contrato. Escribió El jugador en 26 días. "Hay dos clases de juego - decía el personaje principal, Alekséi Ivánovich-, uno para uso de caballeros; otro, plebeyo, rastrero, propio para la plebe". Es este segundo el que más ha fascinado al cine, que ha paseado ambiciones, euforia, frustraciones, ira, violencia… por casinos, habitaciones oscuras, casas de apuestas y locales de mala muerte.
Ellos llegaron antes. Edward G. Robinson, Paul Newman, Robert Redford, Steve McQueen, Robert de Niro, Burt Lancaster… los grandes han tenido entre sus manos cartas, dados, tacos de billar y recibos de apuestas mucho antes que ellas, aunque siempre quedará para la historia una más que gloriosa excepción, la de la partida de cartas de Viridiana, Don Jaime y Ramona (Viridiana, Buñuel 1961). "Siempre pensé que mi prima Viridiana terminaría jugando al tute conmigo".
Antes, incluso, y ésta sí que fue una auténtica rareza, Carole Lombard hacía trampas a las cartas ya en los comienzos del cine sonoro, en El chantajista (Howard Higgin, 1929). Luego, en los 90, Jodie Foster jugó al póker al lado de Mel Gibson en Maverick (Richard Donner, 1994) y en este siglo se sumaron a algunas partidas Natalie Portman, en My Blueberry Nights (Wong Kar-Wai, 2007), y sobre todo Jessica Chastain, en Molly’s Game (Aaron Sorkin, 2017). Otras mujeres han servido whiskies y han mirado desde las sombras las jugadas de ellos en la ficción, especialmente en el cine negro y en los salones del Oeste.
Tradición centenaria
Es una tradición centenaria en el cine desde aquellas manos que jugaba Lombard y desde que a Nicke Venizelos le timara Sleepy Sam en una partida amañada de póker, en Dinero fácil (Alfred E. Green, 1931), con dos gigantes en los papeles principales, Edward G. Robinson y James Cagney. Hoy, la pasión por el juego sigue y esta misma semana llega al cine una nueva apuesta por ello.
Casinos, hipódromos, la emoción del juego y las apuestas, además de bares gais y encuentros íntimos furtivos en la América de los años 50, son las claves de Indomables, película de Daniel Minahan, con Jacob Elordi, Daisy Edgar-Jones y Will Poulter, que explora el territorio de la libertad y de lo prohibido.

Eddie Felson
Y más que prohibido, completamente ilegal era prácticamente todo lo que hacían los timadores Johnny Hooker y Henry Gondorff (Redford y Newman) en El golpe (George Roy Hill, 1973), en la que se reunía a un buen grupo de tramposos en una mesa de póker, compinches en un plan para estafar a Doyle Lonnegan (Robert Shaw).
Newman ya había desplegado antes su alma de jugador, además de su extraordinario talento, en El buscavidas (Robert Rossen, 1961). Una película genial, amargo relato sobre la perdición, sobre el lado más oscuro de la ambición y sobre el orgullo, que Martin Scorsese quiso seguir explorando con El color del dinero (1986), de nuevo con Paul Newman, que por fin se llevó el Oscar que había merecido decenas de veces antes y le debía la Academia de Hollywood. Ahora Eddie Felson ya no era campeó de billar, era un hombre mayor que vivía de un negocio de licores, pero al ver jugar a Vincent (Tom Cruise), rebrota la nostalgia por las mesas de billar. "Debes tener dos cosas para ganar. Tienes que tener cerebro y tienes que tener bolas. Ahora, tienes demasiado de uno y no suficiente del otro", decía el veterano al joven jugador.
"Como si fuera sangre"
Joven era The Cincinnati Kid, Steve McQueen en El rey del juego (Norman Jewison, 1965), compitiendo con otro veterano, el mejor en las mesas de póker, Lancey Howard, en manos de Edward G. Robinson, que siempre dijo que este había sido su mejor trabajo. En su autobiografía, el actor escribió que la última partida de la historia "fue real... Jugué esa partida como si fuera sangre. Fue una de las mejores actuaciones que he dado en el escenario, el cine, la radio o la televisión, y la razón es que no fue una actuación en absoluto; fue simbólicamente la culminación de toda mi apuesta por la vida". Por cierto, que esta película empezó a rodarla Sam Peckinpah, al que despidieron después de algunas diferencias con los productores.
Y de Nueva Orleans en aquellos años 30 a la costa de Nueva Jersey, en la que Burt Lancaster era un gángster ya viejo que ganaba algo de dinero con las apuestas y estaba obsesionado por su vecina, Susan Sarandon, que aspiraba a ser croupier en Atlantic City (1980), magnífica película americana de Louise Malle que se alzó con el León de Oro en el Festival de Venecia.
Scorsese volvió al juego a lo grande en Casino (1995), con Robert de Niro dando vida a 'Ace' Rothsein, un profesional de las apuestas, director de un casino en Las Vegas propiedad de la mafia. Brutal y feroz, la película se suma a la lista de obras maestras del cineasta.
Mucho más de andar por casa han sido las partidas de cartas o de billar, por no mencionar algunas de dominó, en nuestra cinematografía nacional. En nuestro cine se han llevado más el mus (El crack, de José Luis Garci, 1981) o el tute que las grandes timbas de póker. Eso sin despreciar el bingo (Los bingueros, de Mariano Ozores, 1979) en el que se dejaban la pasta Fernando Esteso y Andrés Pajares. O las noches de billar, en las que se dejaban ver Resines y Rafael Alonso (La colmena, de Mario Camus, 1982), pero no precisamente para jugar. "¿Nos metemos aquí un rato a ver posturas?".




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