'Aquel verano en París', una mirada refrescante a la soledad
Valentine Cadic se revela como heredera de Rohmer con su primer largo de ficción, película protagonizada por una luminosa Blandine Madec, que desmonta la idea de peligro que ha acompañado en el cine a las mujeres que viajan solas. Mejor largometraje del BACIFI y de Cinema Jove.

Madrid--Actualizado a
La soledad tiene muy mala fama en la vida y en el cine, pero la realidad es que la soledad muchas veces es buscada y puede ser un gran espacio de descubrimiento. Esa dimensión amable, incluso ilusionante, de estar solo es lo que explora Valentine Cadic en su primer largometraje de ficción, Aquel verano en París, una estupenda película, heredera sin complejos del cine de Rohmer y que, de paso, desmonta esa absurda idea que ha extendido a menudo el cine de que una mujer que viaja sola está rodeada de peligros.
Protagonizada por Blandine Madec, una luminosa actriz que prácticamente acaba de llegar al cine (antes solo había trabajado en tres cortometrajes y un largo), la película propone una interesante, divertida, delicada y a ratos incisiva mirada a la sociedad occidental, a través del viaje de una mujer, treintañera, que ha decidido ir a París durante los Juegos Olímpicos de 2024 para seguir a su atleta favorita, la nadadora Béryl Gastaldello, y de paso reencontrarse con su medio hermana y su sobrina, a la que aún no conoce.

Entre la ficción y el documental
"En el cine, las jóvenes solitarias suelen ir asociadas al drama o al peligro. Me interesa explorar esa soledad como exploración. Con Blandine quería retratar a esas mujeres que superan la treintena sin ajustarse a las expectativas sociales, sin reivindicarlo necesariamente. Ella no teme su soledad. Su fuerza y comicidad nacen de sus torpezas, su lucidez, su manera de observar el mundo desde un lugar distinto", explica la directora, que se sitúa deliberadamente entre la ficción y el documental en esta película, coescrita junto a Mariette Désert.
Blandine se pasea por París, se pierde por sus calles de día y de noche, disfruta de su tiempo de vacaciones, conoce gente y, sobre todo, observa. Y lo que ve en esa ciudad volcada en la celebración de los Juegos Olímpicos es diversión y disfrute, el Paris más turístico, del que la policía expulsa a las personas sin hogar y donde arremete contra los activistas que protestan por el gasto de los juegos y sus consecuencias.
"Me interesaba mucho la soledad de Blandine: su mirada un poco perdida en medio de la multitud, lo que genera hallazgos, encuentros, incluso situaciones cómicas. Esa mirada actúa como espejo de la sociedad -explica la cineasta-. Quería jugar con la presión de 'vivir el momento presente'. Por eso usamos colores vivos, una luz solar casi violenta, para mostrar la presión que ella sufre sin creer realmente en ella. También me gustaba que el espectador no lo supiera todo desde el principio, sino que la fuera descubriendo".
Bérly Gastaldello
Aquel verano en París propone un paseo por la ciudad en el verano de 2024, al lado de su protagonista, descubriendo la gran historia que está viviendo París y que se contrapone con las aparentemente pequeñas historias de sus personajes, con momentos más personales y cotidianos. Todo parece fácil en este relato, en el que, sin embargo, las realidades y las emociones que experimentan Blandine, su hermana (interpretada por India Hair), las personas a las que va conociendo, el grupo de activistas ciudadanos… pueden ser tan grandes como la gloriosa aventura de los Juegos Olímpicos.
No es casualidad, además, que Blandine sea una entusiasta seguidora de la nadadora Béryl Gastaldello, una de las pocas atletas de élite que ha hablado abiertamente de salud mental en el deporte. En declaraciones a los medios de comunicación se refirió a la depresión que sufrió, a su miedo al agua, a las manías que había desarrollado, a la medicación y la presión que sufrió. Es un personaje real que sirve de inspiración al personaje principal, una mujer independiente y decidida a vivir sin esconder ni sus triunfos ni sus debilidades.
Las multitudes
Con esta película, Valentine Cadic sigue sus propios pasos y mete su ficción en un acontecimiento real. Lo hizo en el cortometraje Omaha Beach, que sucedía durante las recreaciones del desembarco de Normandía, o en Les grandes vacances, rodada en un camping en plena temporada. Ahora ha lanzado a Blandine al París real de los Juegos Olímpicos de 2024.
"Quería entender cómo un acontecimiento deportivo de tal magnitud podía alterar la vida de quienes no están directamente involucrados", dice la cineasta que arrancó el proyecto con una meticulosa investigación, realizada junto a la coguionista Mariette Désert. "Entrevistamos a deportistas que habían participado en los Juegos de Tokio o Londres, para que nos contaran su experiencia. Después, empecé a escribir anticipando lo que podría suceder. Sabía que durante el rodaje habría que adaptarse a muchos imprevistos", añade Cadic, que confiesa que una de las referencias que empleó para la película fue el fotógrafo Martin Parr, "por su mirada excéntrica sobre las multitudes".


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