Más cine, por favorCuando el remake se convierte en un clásico
Jay Roach estrena 'Los Roses', una versión de la ácida 'La guerra de los Roses', y reabre la eterna discusión sobre los remakes. Aquí, unos clásicos del cine que nacieron de películas anteriores y que desmontan la mala fama histórica de las revisiones cinematográficas.

Madrid--Actualizado a
La crítica de los años 80 destrozó sin compasión y sin rubor La cosa, de John Carpenter. "Bolsa de vómito" fue la descripción de un crítico para sus efectos especiales, mientras que la revista americana Cinefantastique preguntaba si no era "la película más odiada de todos los tiempos". Hoy no hay discusión sobre esta obra maestra del terror, que, sin duda, pagó los recelos que casi siempre han acompañado a los remakes en el cine.
El enigma de otro mundo, de 1951 de Christian Nyby, producida por Howard Hawks, era la original. Era una buena película, aunque sin la arrolladora personalidad del cine de Carpenter. Ahora, Los Roses, de Jay Roach, se enfrenta a los mismos prejuicios que entonces. Nueva versión de La guerra de los Roses, la muy ácida comedia que dirigió Danny DeVito en 1989, esta vez con Benedict Cumberbatch y Olivia Colman en los papeles que entonces interpretaron Michael Douglas y Kathleen Turner, tendrá que lidiar con la falsa idea de que todos los remakes son innecesarios, fruto de la falta de ideas, copias malas del original o que solo se hacen por dinero.
Billy Wilder
Que hay algunos que son justamente esto, engendros como el Ben-Hur, de Timur Bekmambetov; Desafío total, de Len Wiseman, o Psycho (Psicosis), de Gus Van Sant, no avala la mala fama histórica de los remakes. De hecho, algunos de los títulos indiscutibles e 'irrepetibles' de la historia del cine son versiones de producciones anteriores. Y muchas de ellas las firman los más grandes maestros de este arte.
Y en ello, Billy Wilder se lleva el premio gordo. Convirtió la desconocida comedia francesa Fanfare d’amour (Richard Pottier, 1935) en la inmensa Con faldas y a lo loco, y, siguiendo los pasos de Howard Hawkes, dirigió la maravillosa Primera plana (1974), remake de la divertidísima y descomunal comedia Luna nueva (Hawkes, 1940), a su vez, remake de Un gran reportaje (Lewis Milestone, 1931), todas adaptaciones de la obra teatral de Ben Hecht y Charles MacArthur. En 1988, Ted Kotcheff firmaba otra nueva versión, Interferencias.
Por cierto, que Wilder no conquistó tampoco a la crítica con esta gran historia de periodistas en el Chicago de final de los años 20, de la que llegaron a decir que su producción tenía "el aspecto impecable y mecanizado de ciertos automóviles de cadena de montaje que nunca parecen funcionar a la perfección" (Variety). El cineasta se despidió del cine en 1981 con Aquí, un amigo, otro remake, de la francesa El embrollón (Edouard Molinaro, 1973), de nuevo con ese par de gigantes que fueron Jack Lemmon y Walter Matthau.
Hitchcock, Ozu, Forf
Algunos de los intocables del cine dirigieron remakes de sus propias películas. Alfred Hitchcock lo hizo con El hombre que sabía demasiado. Rodó la primera en 1934 y volvió a ella en 1956. "La primera versión es el trabajo de un talentoso aficionado y la segunda fue hecha por un profesional", dijo a François Truffaut. La verdad es que ambas son auténticas joyas de la intriga.
Yasujiro Ozu, uno de los grandes nombres del cine humanista, junto con John Ford, revisó dos de sus películas mudas. Convirtió Nací, pero… de 1932 en la celebradísima comedia Buenos días en 1959, y rodó La hierba errante (1959), nueva versión de Historia de una hierba errante (1934). Las originales eran magníficas, los remakes, dos de los mejores de la historia.
El mencionado John Ford, clásico entre los clásicos, también se reinterpretó a sí mismo en Tres padrinos (1948), remake de la muda Marked Men (1919), y El sol siempre brilla en Kentucky (1953), versión de El juez Priest (1934). Además, firmó unos cuantos remakes más, como Mogambo, El delator o La patrulla perdida.
Cecil B. DeMille también recuperó uno de sus clásicos del cine mudo, Los diez mandamientos (1923), para rodarla con los adelantos técnicos de 1956. Y William Wyler venció a la censura recuperando la historia de Esos tres, que rodó en 1936, en la película posterior La calumnia (1956), donde pudo mostrar, aunque tímidamente, la relación lésbica de sus dos protagonistas, tal y como se narraba en la obra original de Lillian Hellman.
Martin Scorsese
El entusiasmo y la pasión, emociones que animan toda la obra y la persona de Martin Scorsese, extraordinario cineasta y un ilustrado enamorado del cine, son las responsables de algunos de los remakes que ha firmado. Con El cabo del miedo (1991) se llevó a su terreno las obsesiones del relato de John D. MacDonald, experimentó y radicalizó la realización de la fantástica El cabo del terror que había hecho antes, en 1962, J.Lee Thompson. La fascinación por la historia de la hongkonesa Juego sucio (2002) le animó a rodar el remake, Infiltrados (2006). Y un poco más allá de una nueva versión, con El color del dinero (1986) quiso hacer un poco suyo al atormentado personaje de Eddie 'Fast' Felson y, de paso, disfrutar de la genialidad de Paul Newman, que lo había interpretado en El buscavidas (Robert Rossen, 1961).
La lista de remakes, más o menos valiosos, es larguísima. Fritz Lang, John Sturges, John Huston, George Cukor, Frank Capra, Brian de Palma, Steven Spielberg, Michael Haneke (hizo su propio remake de Funny Games), David Cronenberg, Agnieszka Holland, Jonathan Demme, Steven Soderbergh, Michael Mann, los hermanos Coen, Philip Kaufman, Werner Herzog, Greta Gerwig… y, por supuesto, John Carpenter, han hecho algunos de los más dignos o de los más populares… para gran cabreo de Tarantino, que ha maldecido muy recientemente 'la moda' de los remakes. "Es un remake tras otro y tras otro. La gente me pregunta: ¿has visto Dune? ¿has visto Ripley? ¿has visto Shōgun? Y yo les digo: 'No, no, no, no'. Hay seis o siete libros de Ripley. Si vuelves a hacer uno, ¿por qué haces el mismo que ya han hecho dos veces? He visto esa historia dos veces y no me gustó ninguna de las dos versiones, así que no me interesa verla una tercera vez".





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